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El difícil reto de quebrar la corrupción

El difícil reto de quebrar la corrupción

La corrupción tiene altos costos sociales y económicos para el país. Se trata de una de las prácticas que en mayor medida erosionan a la democracia por sus múltiples efectos: fractura la vigencia del Estado de derecho.


Escucha el podcast de Mario Luis Fuentes en Imagen Radio 90.5 FM

Sigue al autor en Twitter: @MarioLFuentes1

La corrupción merma el presupuesto público o determina la mala calidad de la obra y los servicios públicos. Además, genera un contexto de permisividad respecto del respeto y confianza en las instituciones públicas.

Lo anterior se ve reflejado en los más recientes datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública (ENVIPE, 2019), presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La desconfianza

Según la ENVIPE, el 53.4% de las y los ciudadanos mayores de 18 años desconfían algo o mucho en las policías de tránsito. Asimismo, 46.3% desconfía algo o mucho en las policías preventivas municipales. Otro 42.8% desconfía de los ministerios públicos, 44.1% desconfía de las policías ministeriales y 42% desconfía de las policías estatales.

En este recuento, solo el Ejército y la Marina gozan de una buena reputación y confianza de la ciudadanía. Menos del 10% de las personas mayores de 18 años desconfía poco o mucho de esas instituciones.

Por ello es de fundamental relevancia continuar fortaleciéndolas ante la corrosiva capacidad de destrucción institucional de la corrupción.

Hace falta mucho más

Es loable, sin duda, que el presidente de la República haya hecho de la lucha contra la corrupción, desde su campaña electoral, una de sus principales banderas y compromisos. Lo es igualmente que en los primeros meses de su gobierno mantenga como uno de sus principales frentes de acción el freno al saqueo de la nación.

Sin embargo, en ese proceso, hace falta hacer mucho más en toda la administración pública federal. En todos los gobiernos estatales y municipales es necesario que el mismo compromiso anticorrupción de parte de las y los mandatarios locales. Urge también que ocurra lo mismo en los municipios, sobre todo en aquellos de mayor densidad poblacional y acceso a recursos públicos.

Por otra parte, debe considerarse que el sector público debe ser referente y guía de actuación para los privados. Cuando no es así, pueden ocurrir catástrofes financieras como la del 2008. La voracidad de unos cuantos, con la complicidad de autoridades que no actuaron deliberadamente en su contra, puede llevar al planeta al borde de un colapso económico.

No debe obviarse, por otro lado, que seguimos viviendo bajo un régimen presidencialista. En el caso de la presente administración, el jefe del Estado goza de una enorme legitimidad vía las urnas, pero también de una enorme popularidad.

Lo anterior le enviste de una expectativa mayor, que al mismo tiempo es la enorme fuerza de que dispone para avanzar hacia un quiebre decisivo en este rubro.

Corrupción: un problema arraigado

Hay que considerar además las poderosas resistencias que para desarraigar las prácticas corruptas se enfrentan en todos los niveles. Quienes se han beneficiado históricamente no sólo resistirán, sino que pueden actuar en rebeldía y no necesariamente en buena lid. La conciencia de los corruptos no necesariamente es sensible a la transformación y a las convocatorias para su transformación.

Las teorías del desarrollo institucional advierten que voluntarismo no es suficiente para garantizar gobiernos honestos. Es bajo el imperio de la ley y del fortalecimiento institucional como puede lograrse el control de la corrupción y el uso faccioso de los recursos ciudadanos.

Urge cumplir la ley

Pero ello requiere de un Estado fuerte, capaz de hacer cumplir la ley. Se necesita un Poder Judicial sólido, capaz de impartir justicia en el más amplio sentido de la palabra.

Finalmente, dadas las profundas condiciones de desigualdad y pobreza que hay en el país, es urgente también modificarlas. Éstas, como precondición existente en la realidad nacional, son también fuente de prácticas de corrupción. Y son detonadoras de un círculo de reproducción en el que, a más pobreza y desigualdad, más corrupción. Y con mayor corrupción, se profundizan y agudizan esas condiciones.

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