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Feminicidios: el extremo de la violencia misógina

por Jonathan Rubio

El asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer es la máxima expresión de la violencia misógina. Esta representa el extremo una cultura violenta y discriminatoria basada en una serie de estereotipos que, aún en el siglo XXI, respaldan la superioridad masculina.


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De esta manera, la desigualdad y la violencia contra las mujeres es producto de una discriminación que viene de los roles de género tradicionalmente asignados[1], y que constituyen una violación a sus derechos humanos.

Si bien desde 1974 se estableció en el artículo cuarto de la Constitución mexicana que “el varón y la mujer son iguales ante la ley”, el reconocimiento de los delitos contra la mujer se dio hasta 2007, con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, donde se reconoce el concepto de violencia feminicida como una “forma extrema de violencia de género”.

En 2010 inició la tipificación del feminicidio en los estados (Guerrero y la Ciudad de México fueron los primeros) y hasta 2012, en el Código Penal Federal. Para este 2018, las 32 entidades federativas tienen tipificado este delito, sin embargo, no se encuentran armonizados con el Código Penal Federal.

No obstante, los avances en el marco normativo, bajo un contexto en el que México atraviesa por una de las épocas más violentas de su historia reciente, las estadísticas mediante las que se pueden identificar las agresiones en contra de las mujeres por razones de género, año tras años acumulan cada vez más víctimas.

Feminicidios en México

De acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante 2017, en todo el país se abrieron 715 carpetas de investigación por el delito de feminicidio (para en el fuero común), la cuales involucraron a 726 víctimas.

Durante este 2018, hasta el mes de septiembre se registraron 554 víctimas, con lo cual, entre 2015 y septiembre de este año, el SESNSP registró un acumulado de 2 mil 326 feminicidios.

Sin embargo, estas cifras sólo son eso: carpetas de investigación que se abrieron por lo que no bastan para cuantificar esta problemática social.

Los datos sobre las defunciones por homicidios que recaba el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) permiten conocer la evolución de las muertes accidentales y violentas.

Cuando ocurre una defunción, el médico tratante o alguna persona autorizada por la Secretaría de Salud se encarga de elaborar el certificado de defunción, mismos que contienen información relativa de que, ante una defunción violenta exista la presunción de un homicidio.

Posteriormente, el Inegi cataloga esta información dentro de las causas externas de morbilidad y mortalidad, en el apartado de agresiones, de acuerdo con la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 10). Estas cifras son las defunciones femeninas con presunción de homicidios (término utilizado por ONU Mujeres), y dan un panorama más amplio sobre la violencia contra las mujeres.

La información que estas cifras revelan se encuentran muy por arriba de los que registró el SESNSP.

Lo más crudo de la realidad feminicida

De acuerdo con las cifras de mortalidad de Inegi, en 2017, en todo el país se registró el homicidio 3,324 mujeres a causa de agresiones, 941 muertes más que en 2016 cuando se registraron 2,813 asesinatos bajo estas características.

Si bien a partir de 2012 se observó una disminución en los casos de homicidios a mujeres bajo estas características, en 2016 y 2017 se observó un fuerte repunte.

Durante en un lapso de 10 años (2007-2017), 25 mil 884 mujeres perdieron la vida por agresiones. La histórica y atroz cifra que se registró el año pasado, triplicó los registros de 2007 y fue la más alta que se registró durante este mismo periodo de tiempo.

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Si bien, los incrementos de 18% de los homicidios contra las mujeres que se registraron entre 2015 y 2017, no son los más altos de los que tiene registro (los incrementos más altos se observaron en 2008 y 2009 con 32 y 35 % respectivamente), son los que acumularon más eventos de este tipo, por lo que resultan altamente relevantes.

De los 8 mil 520 homicidios que se registraron durante entre 2015 y 2017, el 48% del total fueron perpetrados con armas de fuego (4,071 homicidios), destaca que 890 casos ocurrieron en la vivienda y 2,132 en las calles o en las carreteras.

A esta clasificación le siguen 1,440 (el 17%) mujeres en los cuales, fueron estranguladas hasta la muerte.

Asimismo, se reporta que en todo el país, 1,369 mujeres fueron asesinadas con algún objeto cortante, el 37% de estas agresiones ocurrieron en 2017, mientras que, entre 2015 y 2017, para un total de 1,118 asesinatos a mujeres no se especificó el medio de la agresión.

De igual forma, 149 mujeres fueron agredidas con algún objeto sin filo, es decir, fueron golpeadas, mientras que, a otras 87 fueron agredidas con humo, fuego y llamas hasta quitarles la vida y 57 fueron ahogadas.

El 30% de estos asesinatos ocurrieron en la vivienda de las víctimas.

Respecto a la edad de las víctimas, en su mayoría se concentró entre las mujeres que tenían entre 20 y 29 años, ya que el 27% (2,329 casos) de quienes fueron asesinadas bajo esta situación entre 2015 y 2017, se encontraban en ese rango de edad.

Le siguen las adolescentes que tenían entre 30 y 34 años que con 967 asesinatos, en este grupo etario se concentró el 22% del total. Asimismo, el 10% corresponde a quienes tenían entre 15 y 19 años.

En suma, el 48% de las defunciones con características feminicidas se concentró en mujeres de entre 15 y 34 años.

De igual forma, fueron víctimas de un asesinato con características misóginas 916 mujeres que tenían entre 35 y 39 años, el 11% del total.

La misoginia en el México violento

Como ya se mencionó, los feminicidios se encuentran en el extremo de las conductas misógina, sin embargo, hay miles de mujeres que día a día, viven una realidad violenta y son víctimas de una serie de agresiones que violan sus derechos humanos, especialmente su derecho a una vida libre de violencia.

Para dar una idea de ello, la información que genera la Secretaría de Salud permite conocer la atención que se le otorgó a los pacientes que fueron víctimas de las agresiones.

De acuerdo con ello, tan solo en 2017 en todo el país, acudieron a pedir atención médica 105 mil 129 mujeres que fueron víctimas de la violencia o de la trata de personas.

De ese total, 101 mil 062 mujeres, el 90%, fueron víctimas de violencia familiar. El 88% de ellas manifestó que, fueron agredidas en su domicilio y un 5% en la vía pública.

Destaca que, en 2017 la Secretaría de Salud reportó que otorgó atención médica a 36 mujeres que fueron víctimas de la trata de personas.

Por otro lado, en 62 mil 327 casos de atención médica, se registró que la víctima ya había sido violentada anteriormente, cifra que representa el 59% de las víctimas.

Los informes médicos revelaron que, la principal consecuencia derivada de un acto de violencia contra las mujeres es el malestar emocional ya que así fue diagnosticado el 50% de las pacientes.

También se registró que las consecuencias principales para otro 27% fueron los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, psiquiátricos y depresión.

Las contusiones, un indicador de que fueron golpeadas, ocupa el segundo lugar en cuanto a la principal consecuencia de la violencia, por este motivo fueron atendidas 7 mil 704 mujeres, el 7% del total.

Adicionalmente, en el 5% de las pacientes atendidas, presentaron heridas, fracturas, laceraciones y luxaciones. Incluso, 482 mujeres que fueron violadas, a causa de lo cual, resultaron embarazadas o con una enfermad de transmisión sexual.

En un análisis por tipo de violencia, la más recurrente es la violencia psicológica, ya que, así se registró en 75 mil 832 casos de atención médica (el 72% del total), seguido de la violencia física con el 36% de las pacientes, cifra que involucró a 37 mil 589 mujeres; la violencia sexual, con 9 mil 797; la violencia económica con 5 854 casos y el abandono o negligencia a alguien que no se puede valer por sí mismo con 2 mil 408 casos.

Entre más jóvenes, más vulnerables

Similar a la edad de quienes fueron asesinadas bajo condiciones de violencia misógina, el 14% de las mujeres, víctimas de la violencia, que acudieron a recibir atención médica en 2017 tenían entre 20 y 24 años, mientras que quienes tienen entre 15 y 19, así como los grupos etarios de mujeres de entre 25 y 29 años y de 30 a 34, concentraron, por igual un 13% de las atenciones médicas otorgadas por lesiones.

El 27% de las mujeres que son víctimas de la violencia misógina son jóvenes: tienen entre 15 y 24 años, mientras que, entre los 25 y los 34 años se concentró el 26% de las mujeres agredidas.

En la edad de las mujeres que fueron víctimas de la violencia sexual, el 20% son adolescente de entre 15 y 19 años. El segundo lugar lo ocupan niñas: 14% de quienes fueron violentadas sexualmente tenían menos de 10 años.

Asimismo, otro 14% se concentró en las mujeres de entre 20 y 24 año. De esta manera 49% de las víctimas de la violencia sexual son menores de 24 años.

Relaciones afectivas: relaciones de poder

¿Quiénes las agreden? En el 71% de los casos, el agresor fue la pareja sentimental (cónyuge, pareja o novio).

Un 16% de los agresores fue algún miembro de la familia de la víctima, mientras que, otro 7% de los agresores, fue algún desconocido. Destaca que, en un 3% de los casos el agresor fue un conocido.

Para este efecto, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 (ENDIREH), presenta datos reveladores sobre la violencia en las relaciones de pareja.

Este ejercicio estadístico refiere que, a nivel nacional, el 52% de las mujeres que tiene más de 15 años, declararon que su pareja o expareja reacciona violentamente cuando se enoja. Esta cifra involucra a 22.5 millones de mujeres.

De ese total, el 41% aseguró que cuando su pareja o expareja se enoja, o enojaba, le grita, la ofende, la insulta, la golpea o avienta objetos, la jalonea y la agrede físicamente.

En general, las mujeres que declararon haber sido víctimas de algún tipo de violencia a lo largo de su vida fue de 66%, a penas un punto porcentual pro debajo de lo que la ENDIREH de 2006 registró.

El mismo comportamiento se presentó al analizar el tipo de violencia:

  • La violencia física fue lo que más incrementó. Mientras que, en 2006 el 24% de las mujeres declararon haber sido víctimas de este tipo de violencia, para 2016 incrementó 10 puntos porcentuales, ya que sí lo declaró el 34 por ciento.
  • De la violencia sexual fue víctima el 41% de mujeres mayores de 15 años, comparado con el 44% que se registró en 2006.
  • Asimismo, ocurrió con la violencia emocional, que pasó de victimizar al 30% de las mujeres en 2006 a 29 por ciento diez años después.
  • La violencia patrimonial, o económica, que incluye aquella donde el agresor es la pareja o expareja, cualquier familiar, así como la discriminación en el trabajo en los últimos 12 meses y la discriminación por razones de embarazo en algún trabajo en los últimos diez años sólo disminuyó un punto porcentual, pasó de 30 al 29% entre 2006 y 2016.

Además de ser una violencia que prevalece, es una violencia impune. De acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud, de las mujeres que acudieron a recibir atención médica, víctimas de la violencia, no se dio aviso al ministerio público en el 47% de los casos (49 mil 064), y en 3,684 se desconoce.

De esta manera, la violencia de género parece ser una conducta cada vez más generalizada y poco atendida.

El contraste de las cifras que se reportan en la incidencia delictiva y las que se observan en las estadísticas de homicidios por agresiones, es abismal: de acuerdo con ello entre 2015 y 2018, frente a los 8 mil 520 asesinatos de mujeres de manera violenta que reportó Inegi, de acuerdo con el SESNSP sólo se abrieron 2 mil 326 carpetas de investigación.

Es decir, aproximadamente sólo tres de cada 10 asesinatos violentos a mujeres que ocurrieron durante ese periodo, fueron tipificados como feminicidios.

Parecería que la magnitud de los feminicidios en el país no ha sido suficiente para reconocer la dimensión de la violencia de género que viven las mujeres mexicanas.

[1] Olamendi, P. Feminicidios en México, INMUJERERS, 2016.

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