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Hacia una educación superior intercultural en México

por Gunther Dietz

Educacion

Desde hace ya varias décadas, y sobre todo a partir del “despertar étnico” de 1992, los pueblos originarios y las comunidades afrodescendientes del continente americano reivindican no solamente el derecho a la tierra y al territorio, a sus lenguas y sus culturas, sino asimismo el derecho a una educación cultural y lingüísticamente pertinente


El multiculturalismo como trasfondo

En el ámbito político y pedagógico, y por influencia del antecedente anglosajón, esta demanda por el reconocimiento de la diferencia y su inclusión activa en las políticas educativas se ha denominado multiculturalismo –un programa de reconocimiento de los derechos diferenciales de los grupos considerados “minoritarios” (o más bien convertidos a la fuerza en supuestas o reales minorías) por la sociedad hegemónica–.

En el contexto latinoamericano y mexicano son sobre todo los movimientos indígenas y las organizaciones de los profesionistas procedentes de pueblos originarios quienes plantean – ya desde los años setenta la necesidad de ofrecer una educación diversificada y apropiada para los contextos indígenas y afrodescendientes. Mientras que se han obtenido importantes logros en la educación básica, gracias al establecimiento de un subsistema específico, denominado –según la época y el sexenio– “educación indígena bilingüe”, “educación bilingüe bicultural” o “educación intercultural bilingüe”, la educación media superior y la educación superior, por su parte, padecen un doble rezago, reflejo de una deuda histórica que los Estados-naciones latinoamericanos siguen teniendo con los pueblos originarios.

Por una parte, las estadísticas muestran un evidente rezago en cuanto al acceso a estos niveles educativos; se calcula que solamente el 1% de los jóvenes indígenas acceden a la educación superior (a menudo viéndose forzados a emigrar del campo a la ciudad para poder seguir estudiando), lo cual nos indica que hay un gravísimo problema de cobertura: la juventud indígena sigue excluida de la educación universitaria.

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Por otra parte, la deuda histórica no solamente se traduce en la falta de instituciones de educación superior públicas y de calidad en las regiones indígenas del país. También hay una deuda histórica con los pueblos originarios en cuanto a una educación propia o apropiada para las necesidades, los valores, los saberes y las cosmovisiones indígenas; mientras que a inicios de la Colonia sí se contaba con instituciones específicas para formar a la entonces “nobleza india”, como en los colegios creados por Fray Bernardino de Sahagún o Vasco de Quiroga, a lo largo de la expansión española y de la época colonial esta especificidad se pierde: las lenguas autóctonas ya no son enseñadas en la educación superior, que se vuelve un ámbito exclusivo de criollos y mestizos.

Las universidades interculturales

Por ello, por lo menos nominalmente, la creación en la década pasada de las “universidades interculturales” constituye un esfuerzo histórico de descolonizar el sistema universitario, de diversificarlo en términos lingüísticos, culturales y étnicos, de descentralizarlo y de regionalizarlo. Se trata de instituciones de educación superior (IES) creadas a partir de convenios entre el gobierno federal y determinados gobiernos estatales para extender la cobertura y facilitar el acceso a la universidad a población que históricamente ha sido excluida de este nivel educativo-particular, pero no únicamente jóvenes pertenecientes a los pueblos originarios de México.

Según los lineamientos de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe (CGEIB) de la SEP, no se trata únicamente de ampliar la cobertura, sino de redefinir el modelo de universidad, adaptando las carreras a los contextos rurales e indígenas, ofreciendo una formación que combine excelencia académica con pertinencia cultural y lingüística. Ello también implica repensar y reformular la combinación de las tareas sustantivas de cualquier universidad –la docencia, la investigación y la vinculación– para que las comunidades y regiones anfitrionas se puedan beneficiar directamente de la presencia de una IES.

A diferencia de la tradición occidental, urbano-céntrica y de fuertes sesgos clasistas que arrastra la universidad pública en México hasta la fecha, las doce universidades interculturales existentes en el país se crean en el seno de las regiones indígenas, en contextos rurales caracterizados por altísimos índices de marginación económica e infraestructural.

Reflejando el compromiso con las mencionadas reivindicaciones de los pueblos originarios y sus organizaciones, estas universidades públicas de nuevo cuño ofrecen carreras –de licenciatura y de posgrado, aparte de cursos y diplomados de formación continua– pensadas desde y para las regiones indígenas y rurales.

El objetivo consiste en contribuir a generar alternativas locales y regionales para la juventud, tan presionada a emigrar como “mano de obra no cualificada”. Se trata de profesionalizar a estos y estas jóvenes de tal forma que puedan contribuir a impulsar iniciativas socioculturales, asociativas, microempresariales y ambientales desde sus propias comunidades y regiones, sin imponer “desde afuera” o “desde arriba” soluciones desarrollistas o asistencialistas, sino acudiendo a un continuo ir y venir entre los saberes comunitarios y los conocimientos académicos.

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Este doble pendiente histórico de ampliar la cobertura en educación superior y de profundizar, a la vez, la pertinencia regional de la oferta educativa debería ser una tarea prioritaria de todas las universidades públicas del país. Sin embargo, ante la persistencia de visiones sesgadas y discriminatorias acerca de la universidad como supuesta contenedora única y legítima del “Saber” (entiéndase occidental), la gran mayoría de las instituciones de educación superior se siguen negando a abrir sus aulas, sus currículas y sus cánones a los saberes locales y a sus jóvenes portadores: las y los estudiantes indígenas. Por eso, casi todas las universidades interculturales han tenido que ser creadas al margen de las universidades públicas convencionales, como nuevas instituciones estatales dependientes directamente de sus respectivos gobiernos de estado.

Un primer balance profesional

¿Qué balance cabe hacer a final de sexenio de este nuevo tipo de IES? ¿Cuál es la situación actual de estas universidades interculturales, ahora que ya están egresando las primeras generaciones de estudiantes? En primer lugar, es importante resaltar el difícil y tenso momento político en el que la CGEIB decide crear las universidades interculturales. Recordemos que los Acuerdos de San Andrés, que planteaban, entre otras cosas, la necesidad de y el derecho a una educación propia, autónoma y pertinente en todos los niveles educativos, fueron marginados con la Ley Indígena aprobada en 2001.

Y precisamente en ese momento se crean “desde arriba” nuevas instituciones educativas que no parten de la autonomía de los pueblos originarios, sino de la interculturalidad como relación dialógica y armónica entre indígenas y no indígenas. A pesar de sospechas y críticas iniciales, las universidades interculturales están consolidándose paulatinamente. Desde 2004 se han creado universidades interculturales en Sinaloa; el Estado de México; Tabasco; Puebla; Chiapas; Veracruz; Quintana Roo; Michoacán; Guerrero; San Luis Potosí; Hidalgo; y Nayarit. Aparte de estas ies estatales y reconocidas por la CGEIB, existen iniciativas independientes, promovidas por actores no gubernamentales, como en el caso del Instituto Superior Intercultural Ayuuk en Oaxaca (perteneciente al sistema universitario jesuita), la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur de Guerrero y la Universidad Campesina Indígena en Red en Puebla.

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En la práctica cotidiana de este mosaico sumamente polifacético de instituciones educativas se evidencian logros y retos comunes tanto a las universidades interculturales estatales, creadas “desde arriba”, como a las iniciativas no gubernamentales, creadas “desde abajo”. Independientemente de su origen, de su ubicación y composición cultural y lingüística, todas estas iniciativas coinciden en el desafío de desarrollar licenciaturas novedosas, heterodoxas y regionalmente pertinentes. En ningún caso se trata de proyectos excluyentes en términos étnicos, sino que se ofrecen carreras al conjunto de la juventud rural, identifíquese ésta como indígena, mestiza o afrodescendiente.

La así naciente educación superior intercultural recurre a los conceptos de interculturalidad y de diversidad para hacer hincapié en su carácter incluyente: no se manejan cuotas por etnia, género o clase social, sino que se selecciona a los jóvenes a partir de sus motivaciones, su apoyo comunitario y su compromiso con la región. Las nuevas carreras que ofrecen las universidades interculturales, fuertemente inclinadas ya sea a cuestiones lingüístico- culturales, sea a cuestiones de desarrollo agropecuario y ambiental, están siendo cuestionadas, revisadas y readaptadas, sobre todo porque los jóvenes egresados compiten en un mercado laboral rural muy reducido y cada vez más marcado por la retirada del estado de las políticas sociales de desarrollo, por su sustitución a gran escala por medidas asistencialistas, y por la consecuente precarización de los empleos, ofrecidos cada vez más como subcontrataciones y autoempleos.

Con muchas carencias y dificultades iniciales, y con tratos discriminatorios sufridos por parte de universidades convencionales, las universidades interculturales constituyen una aún incipiente, pero relevante iniciativa en el largo camino de la descolonización que emprenden las comunidades y los pueblos originarios. Poco a poco se están formando nuevas generaciones de jóvenes comprometidos con sus comunidades de origen y, a la vez, formados en la creativa combinación y traducción entre saberes académicos y saberes comunitarios. Reconocer la deuda histórica que el sistema educativo, científico y tecnológico mexicano tiene con los pueblos originarios, cuyos saberes han sido expropiados, folklorizados o silenciados por la sociedad, primero criolla y luego mestiza, constituye un primer paso hacia una sociedad plural e incluyente.

Sin embargo, la tarea de incluir estos saberes en los cánones académicos no se puede circunscribir a las universidades interculturales. Toda IES deberá tomar medidas contra la histórica exclusión de las lenguas, culturas y saberes indígenas de la educación superior y contra el desconocimiento y desaprovechamiento de la riqueza de la diversidad cultural y biológica, del “patrimonio biocultural” por parte por la sociedad mexicana.

Un ejemplo: la Universidad Veracruzana Intercultural

Únicamente la Universidad Veracruzana se ha atrevido en 2005 a diseñar una universidad intercultural dentro de su propio seno, como parte integral de la universidad preexistente. El resultado: la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI), que es reconocida por ello dentro y fuera del país como un proyecto piloto puntero en el esfuerzo de ofrecer una educación superior culturalmente pertinente y regionalmente arraigada en cuatro regiones indígenas del estado de Veracruz: la Huasteca (con su Sede Regional en Ixhuatlán de Madero); el Totonacapan (con su Sede Regional en Espinal); las Grandes Montañas (con su Sede Regional en Tequila); y las Selvas (con su Sede Regional en Huazuntlán). Tras una primera fase experimental con dos licenciaturas, en 2007 se ha diseñado una Licenciatura en Gestión Intercultural para el Desarrollo, que forma a los jóvenes de cada una de las cuatro regiones en la gestión de proyectos e iniciativas locales a través de Orientaciones profesionalizantes, correspondientes a los ámbitos laborales de Comunicación, Sustentabilidad, Salud, Derechos y Lenguas.

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Tras haber logrado el egreso exitoso de ya cinco generaciones de estudiantes, los 515 gestores y gestoras interculturales generan en su mayoría iniciativas microempresariales, asociativas o de autoempleo en sus propias comunidades, aunque otras y otros también se emplean en las administraciones municipales, en instituciones gubernamentales o en organizaciones no gubernamentales. Desde la creación de la licenciatura de la UVI, InterSaberes, un proyecto de investigación etnográfica y colaborativa (financiado por Conacyt-Ciencia Básica), ha ido estudiando y acompañando a docentes, estudiantes y egresados de nuestra universidad intercultural para analizar los novedosos intercambios y diálogos de saberes que se dan tanto al interior del trabajo áulico en las sedes como en las prácticas de campo, el servicio social en la comunidad y las posteriores iniciativas laborales y comunitarias de las y los gestores egresados.

Ahora inicia una nueva fase de maduración y consolidación en la aún joven trayectoria de la UVI. Actualmente estamos retomando los resultados de este proyecto, así como los diagnósticos que las y los propios docentes y egresados han realizado a través de foros de reflexión y análisis, para revisar el currículum de la Licenciatura en Gestión Intercultural para el Desarrollo, a fin de seguir adecuándolo a las necesidades formativas que los propios gestores y gestoras interculturales detectan.

Un aprendizaje decisivo que hemos obtenido del trabajo colaborativo con docentes, estudiantes y egresados es que el programa educativo, caracterizado por la integración en novedosos “nódulos” (unidades de aprendizaje que integran actividades áulicas y extra-áulicas, aspectos docentes, investigadores y vinculadores), aún requiere de mayor flexibilidad y adaptabilidad local. Dado que la universidad intercultural no enseña de forma unidireccional un determinado tipo de saber, sino que, al contrario, enlaza saberes académicos y comunitarios a partir de proyectos e iniciativas que desarrollan los propios estudiantes, el resultante programa educativo no ha de concebirse desde una oferta a menudo estática, sino a partir de una demanda de soluciones a las múltiples problemáticas de los pueblos originarios y sus comunidades.

Como consecuencia, en esta nueva etapa la UVI inicia un profundo proceso de revisión y rediseño curricular, pero, asimismo, de descentralización y de regionalización organizacional. Los programas educativos de una universidad intercultural no pueden ni deben planearse ni concebirse de forma homogénea desde un centro urbano, sino que han de ser desarrollados y diversificados a partir de las problemáticas locales y con los propios actores regionales. Es por ello que la UVI se propone combinar en esta etapa la regionalización y diversificación de su licenciatura –modificándola desde los contextos específicos de las cuatro sedes– con la transversalización de su enfoque intercultural hacia el interior de los campus regionales de la propia Universidad Veracruzana. Reflejando la política del actual equipo rectoral, esta transversalización no puede hacerse de forma aislada, sino que tiene que incluir de forma explícita cuatro ejes rectores en torno a los cuales deberá girar todo currículo universitario que reconozca y respete la diversidad: la interculturalidad (dialogar entre saberes y visibilizar a quiénes han sido invisibilizados o excluidos de la educación superior); la sustentabilidad (reorganizar la universidad a partir de un manejo ambientalmente sustentable y duradero de los recursos); la equidad de género (luchar contra la discriminación de género y promover activamente la inclusión de mujeres y hombres en términos equitativos en todos los niveles académicos); y la normalización lingüística (diversificar las prácticas monolingües de la universidad e incluir las lenguas indígenas como medios legítimos de enseñanza-aprendizaje, haciendo valer así los derechos lingüísticos de los pueblos originarios en el ámbito universitario).

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Tanto la licenciatura actual como la nueva oferta educativa –un posgrado profesionalizante y descentralizado (que estamos diseñando junto con el Instituto de Investigaciones en Educación), diplomados, cursos y talleres de formación continua (para nuestros estudiantes, para los gestores interculturales ya egresados así como para el conjunto de los profesionistas de las regiones– reposicionarán en breve a la Universidad Veracruzana Intercultural como lo que fue desde sus inicios: un programa pionero de educación superior intercultural que forma parte integral, pero específica y diversificada, de la Universidad Veracruzana y que está comprometida con el “bien vivir” de las comunidades y regiones del estado de Veracruz.•

GDietz

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