Martes, 08 Marzo 2016 00:00

¿Rompiendo el “techo de cristal”?

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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Las condiciones estructurales de desigualdad entre hombres y mujeres persisten en todos los ámbitos; por ejemplo: la proporción de personas mayores de 15 años en condiciones de analfabetismo es de 6.6% para las mujeres, y de 5% para los hombres; y entre la población mayor de 65 años la brecha se incrementa, con promedios de 28.7% de mujeres y de 22.9% de hombres. Asimismo, los cargos de mayor relevancia y remuneración siguen siendo ocupados por los hombres en más del 75%.

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Cada 8 de marzo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer. Hay quienes han trivializado esta fecha, cuando de lo que se trata es de reflexionar y convocar a una acción transformadora de las condiciones estructurales de desigualdad e inequidad que persisten entre mujeres y hombres.

Hasta ahora se han conseguido avances sustantivos; empero, existen brechas que deben cerrase en aras de erradicar los estereotipos, las prácticas discriminatorias, las constantes agresiones, los actos de abuso y violencia de que son víctimas, así como la exclusión y explotación que persisten en el mundo laboral y productivo.

Entre los avances y retos que enfrentamos, se encuentran los siguientes:

a) Erradicar el analfabetismo

Una de las metas de los Objetivos del Desarrollo del Milenio cumplidas sólo parcialmente, y que han sido retomadas en los Objetivos del Desarrollo Sostenibles, se encuentra en garantizar una educación de calidad y en condiciones de igualdad para las mujeres y los hombres.

Al respecto es pertinente señalar que los datos presentados por el INEGI, a través de la Encuesta Intercensal, muestran que la proporción de personas mayores de 15 años en condiciones de analfabetismo se mantienen elevadas: el promedio nacional es de 5.8% de la población en el rango de edad señalado. Sin embargo, al desagregar el dato por sexo se encuentra que para los hombres es de 5%, mientras que para las mujeres es de 6.6%.

Es de destacarse también que entre la población más joven las condiciones se han equilibrado, pues para la población de 15 a 34 años de edad los porcentajes de población analfabeta no presentan diferencias estadísticamente significativas, ubicándose en 1.4% para ambos sexos, alcanzando el umbral de lo que se considera “estar en vías de erradicación del analfabetismo”, al ser un dato menor al 2%.

 

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Las diferencias inician a partir de los 35 años de edad. Para los hombres que tienen entre 35 y 49 años cumplidos, el porcentaje de población analfabeta es de 3.2% frente a un 4.1% de las mujeres. En el segmento de los 50 a los 65 años la diferencia es de 7.4% entre los hombres frente a 11.8% de las mujeres; mientras que entre la población mayor de 65 años los promedios son de 22.9% de los hombres frente a 28.7% de las mujeres.

b) Lograr la equidad en el mundo del trabajo

Además de la educación, el mundo laboral sigue presentando enormes retos para lograr la equidad entre mujeres y hombres, pues a ellas siguen asignándoseles de manera mayoritaria los cargos y oportunidades laborales de menor prestigio social, de menor remuneración y mayores niveles de subordinación.

De acuerdo con la propia Encuesta Intercensal, 2015, las mujeres constituyen el 35.1% de la población total ocupada en el país. Desde esta perspectiva, si la ocupación en general se distribuyera de manera equitativa, los porcentajes encontrados por ocupación deberían ubicarse en los intervalos de confianza; esto ocurre sólo en algunos rubros y de manera segmentada.

Por ejemplo, en lo que INEGI clasifica como el capítulo de “Funcionarios, directores y jefes”, el 37.8% de ellos son mujeres; sin embargo, a pesar de esta aparente equidad, lo que se encuentra es que los cargos de mayor relevancia y remuneración siguen siendo ocupados por los hombres en más del 75%.

Lo anterior se refuerza al observar que el 59.8% de las personas ocupadas en capítulo de “Trabajadores auxiliares en actividades administrativas” son mujeres; quienes representan también el 48.3% en el capítulo de “Comerciantes, empleados en ventas y agentes de ventas”; 44.8% en el capítulo de “Trabajadores en servicios personales y de vigilancia; y el 44.5% en el capítulo de “Trabajadores en actividades elementales y de apoyo”.

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 c) La economía del cuidado

INEGI ha documentado que, del total de horas dedicadas al trabajo doméstico no remunerado, al menos dos de cada tres son aportadas por las mujeres. En ese contexto es importante observar la relevancia que tiene el hecho de que, en términos generales, las mujeres dedican prácticamente el mismo tiempo que los hombres para trasladarse a sus centros o espacios de trabajo, con lo que ello implica en términos de la “doble jornada” que desarrollan cotidianamente.

Es importante destacar que el 30% de las mujeres asalariadas dedican hasta 15 minutos para trasladarse a sus trabajos; 32.9% dedica de 16 a 30 minutos; el 24.3% dedica de 31 minutos a una hora; mientras que el 11.4% dedica más de una hora para llegar a trabajar. 

Cabe señalar que, entre las empleadoras, las trabajadoras por cuenta propia y las trabajadoras sin pago, el 34.8%, el 38.1% y el 37.7%, respectivamente, no se trasladan, es decir, son mujeres que atienden negocios ubicados en su propio domicilio, los cuales constituyen las unidades económicas más pequeñas, con menores retribuciones y menores prestaciones sociales. Adicionalmente debe señalarse que el 43.9% de las mujeres que no reciben pago por su trabajo se trasladan hasta 15 minutos para laborar; 26.3% dedica hasta media hora; 14.6% dedica hasta una hora; y el 8.1% dedica una hora o más para llegar al lugar donde desarrolla sus actividades.

*Columnapublicada con el mismo nombre en el periódicoExcélsior, 08- Marzo- 2016, p. 27

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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