Martes, 14 Junio 2016 00:00

Trabajo infantil: otro síntoma de la crisis

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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De acuerdo con el INEGI, en 2013 había 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes que trabajaban; de ellos, 1.51 millones lo hace en actividades sin establecimiento fijo (alta vulnerabilidad); asimismo, 49 de cada 100 que trabajan, además estudian y desarrollan actividades domésticas; y 15 de cada 100 tenía entre 5 y 11 años. En el primer trimestre de 2016, 3.04 millones de adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años trabajaron; de ellos, 1.35 millones no recibieron ingresos o los tuvieron por debajo de un salario mínimo

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Que las familias se vean en la necesidad de que sus hijas e hijos se incorporen a actividades laborales con el propósito de complementar el ingreso, y con ello satisfacer las necesidades más elementales, constituye un elemento que cuestiona en sus fundamentos al modelo de desarrollo y a la fase del capitalismo en que nos encontramos. De ahí que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considere al trabajo infantil literalmente como una “plaga” que debe ser erradicada.

En sentido estricto, la OIT ha definido al trabajo infantil, de acuerdo con el INEGI, como: “aquel trabajo que los niños no deberían realizar porque son demasiado jóvenes, y para el caso de que no lo sean, porque el trabajo es peligroso para ellos”.

La magnitud

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se estima que, en el mundo, en 2012, había alrededor de 168 millones de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años de edad que tenían que trabajar; esta cifra representa el 11% del total de las niñas y niños en el grupo de edad señalado.

En México la cifra considerada en ese año fue de 2.5 millones, la cual representa el 8.5% del total de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años de edad en el país; asimismo, el INEGI estima que 30.5% de ellos trabaja en el sector agropecuario, 25.9% en el comercio y 24.6% en el sector servicios.

Para resumir, basta decir que, en el año 2013, de acuerdo con el INEGI, nueve de cada 100 niños y adolescentes trabajaban; entre ellos, 15 de cada 100 tenían entre 5 y 11 años y 49 de cada 100 también estudian y simultáneamente realizan trabajos domésticos.

Alta vulnerabilidad

Otro de los temas a destacar respecto del trabajo infantil son las condiciones de vulnerabilidad en que se desarrolla. De acuerdo con el Módulo de Trabajo Infantil de la ENOE, 2013, de los 2.53 millones de niñas y niños que trabajaban, 403 mil lo hacían en jornadas de 15 a 24 horas a la semana; 173 mil lo hacían en jornadas de 25 a 34 horas; mientras que 172 mil trabajaban 35 horas semanales o más.

Sobresale que las unidades económicas en que más se presenta el trabajo infantil son generalmente negocios familiares, que tienen a una persona empleada (en la que trabajan 147 mil niñas y niños); así como en aquellos que tienen de 2 a 5 empleados, en los cuales labora la mayoría de niñas y niños trabajadores, sumando 1.89 millones.

Finalmente se encuentra el hecho de que 1.57 millones de niñas y niños que laboran lo hacen en actividades sin establecimiento, es decir, o bien en el sector agrícola, o bien en actividades de ambulantaje y plena informalidad.

Los datos más recientes

Era de esperarse que el INEGI publicara en este mes de junio los datos del Módulo de Trabajo Infantil, 2015; al no haber ocurrido, los datos más recientes de que se dispone en el marco de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) son los relativos al nivel de asistencia escolar de niñas, niños y adolescentes.

En efecto, según los datos de la ENOE, de los 32.43 millones de menores de 18 años que hay en el país, asisten a la escuela sólo 21.9 millones. En el ámbito de la educación básica, de los 11.18 millones que tienen entre 5 y 9 años no asisten 180,577; en el grupo de 10 a 11 años, en el cual hay 4.4 millones, no asisten 42,960; mientras que en el grupo de 12 a 14 años, en el cual se agrupan 6.8 millones, no asisten 311,984; es decir, hay 535,916 niñas y niños que deberían estar en alguno de los grados del preescolar a la secundaria, que no tienen la oportunidad de estudiar.

De esa cifra, poco más de 482 mil son niñas y niños que, en la estratificación socioeconómica del INEGI, pertenecen a los estratos bajos y medios-bajos; es decir, son en evidencia los que forman parte de los hogares más pobres, lo cual confirma que la movilidad social sigue siendo un lujo para quienes tienen el infortunio de nacer en los hogares más empobrecidos.

Lo anterior se traduce en que, en la adolescencia y la juventud temprana, se está condenado a tener empleos precarios: en efecto, según los datos de la ENOE, hay 3.04 millones de adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años que en el primer trimestre de 2016 trabajaron. De ellos, 645 mil (uno de cada cinco) no recibieron ingresos por las actividades desarrolladas, casi 732 mil recibieron de 1 peso a un salario mínimo (uno de cada cuatro), 1.1 millones recibieron entre 1 y 2 salarios mínimos (1 de cada tres), 345 mil recibieron entre 2 y 3 salarios mínimos (1 de cada 10), 64 mil percibieron entre 3 y 5 salarios mínimos (2 de cada 100), mientras que sólo el 0.06% logró un salario por arriba de los 5 salarios mínimos.

 *Columna  publicada con el mismo nombre en el periódico  Excélsior, 14-Junio- 2016, p.20

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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