Martes, 02 Agosto 2016 00:00

Permanente fragilidad de la niñez

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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De acuerdo con los datos del INEGI, entre los años 2005 y 2014 han fallecido en el país un total de 1,568,129 niñas niños y adolescentes menores de 19 años; entre ellos, 102,223 perdieron la vida por causas accidentales o violentas; es decir, en todos los casos, se trata de muertes que no debieron ocurrir

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A pesar de todo, México permanece como un país que, en lo general, puede ser caracterizado como inapropiado para la niñez. Frente a las crecientes inversiones públicas dirigidas a la construcción de más infraestructura, y de garantizar mayor acceso a los servicios sociales, la niñez mexicana enfrenta duras condiciones que le sitúan, en millones de casos, en circunstancias límite de existencia.

Así lo revelan las estadísticas disponibles en torno a la mortalidad de niñas, niños y adolescentes en el país, las cuales no han tenido reducciones significativas o destacables en los últimos años.

Alta mortalidad infantil

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en el país han fallecido, en el lapso que transcurrió entre los años de 2005 y 2014, un total de 965,356 niñas y niños antes de cumplir el primer año de vida. El dato es aterrador, pues a pesar de que la mayoría de esas defunciones, se explica, se deben a malformaciones o enfermedades congénitas, la cifra implica un promedio de 29,354 casos anuales, es decir, 80 defunciones diarias de niñas y niños antes de llegar a su primer año de vida.

Estos indicadores, estimados en la tasa de mortalidad infantil, implican un dato, que ha ido descendiendo progresivamente, aunque de manera muy lenta, respecto de las capacidades y recursos de que dispone nuestro país. Así, los datos del INEGI muestran que en el año 2005 la tasa de mortalidad infantil se ubicó en 16.9 defunciones por cada mil nacidos vivos.

En el año 2010 se ubicó en 14.1, mientras que en el 2015 las estimaciones preliminares estiman un descenso a 12.4 defunciones, por cada mil nacidos vivos; datos por demás preocupantes porque lo que se había planteado en la década de los años 90, a través del Programa Nacional de Acción a Favor de la Infancia, 1995-2000, era llegar, a más tardar en el año 2010, a una tasa de un dígito.

Hay otros indicadores que muestran el nivel de riesgo y desprotección en que vive la niñez mexicana. Uno de ellos es la tasa de mortalidad en menores de cinco años, por enfermedades respiratorias. Este indicador ha tenido una reducción aún más lenta que la de la tasa de mortalidad infantil, pues en el año 2010 se encontraba en 22.9 casos por cada cien mil en el grupo de edad, mientras que en el 2015 se estima que podría ubicarse en 19.6 casos por cada 100 mil.

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Otro caso en que no se han logrado reducciones importantes es la tasa de mortalidad en menores de cinco años, por enfermedades diarreicas. En el año 2010 la tasa se ubicó en 9 casos por cada cien mil niñas y niños en el grupo de edad; en 2013 y 2014 mostró repuntes, ubicándose en 9.3 y 9.1 casos, por cada cien mil, respectivamente; mientras que su estimación para el 2015 se ubicó en 8.8 defunciones por cada cien mil en el grupo de edad.

Se encuentra además el indicador relativo a la tasa de mortalidad en menores de cinco años, por deficiencias nutricionales, el cual se ubicó en el año 2010 en 6.8 defunciones por cada cien mil niñas y niños en el grupo de edad, había descendido a 5 casos por cada cien mil, en el año 2012, pero repuntó a 5.9 y 5.7 en los años 2013 y 2014; estimándose en 5.5 para el año 2015.

Enormes magnitudes

Las tasas señaladas arriba están referidas a causas de mortalidad en exceso evitable; pero en general, los datos sobre la mortalidad de niñas, niños y adolescentes en México son todavía muy altos, a pesar del esfuerzo que se lleva a cabo en el Sector Salud.

Así, entre los años de 2005 al 2014, fallecieron un total de 204,773 niñas y niños que tenían entre uno y cuatro años de edad al momento de fallecer; en el grupo de niñas y niños de 5 a 9 años, perdieron la vida, en el periodo señalado, un total de 89,332.

Para quienes tenían entre 10 y 14 años al momento del fallecimiento, la cifra es mayor, ubicándose en 96,659 casos en el periodo señalado; mientras que para el grupo de adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años la cifra asciende a 212,009 defunciones entre los años 2005 y 2014.

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Víctimas de la violencia

Un indicador que muestra la gravedad del contexto en que viven niñas, niños y adolescentes, es el relativo a las defunciones que el INEGI clasifica como accidentales y violentas.

Para el primer grupo de edad, es decir, menores de 1 año, los datos son escandalosos: INEGI cuenta con un registro que revela un promedio de 1,124 casos anuales, que en el lapso del 2005 al 2014 hacen un total de 12,241 decesos accidentales y violentos para el grupo de edad; para el grupo de 1 a 4 años el promedio es de 1,517 casos anuales; en el grupo de 5 a 9 años el promedio anual es de 902 casos; en el de 10 a 14 años se ubica en 1,411 casos anuales; mientras que en el grupo de 15 a 19 años el promedio anual para el periodo señalado es de 5,268 defunciones accidentales o violentas por año.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 02-Agosto- 2016, p.12

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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