Martes, 24 Enero 2017 06:00

Datos personales: una agenda de riesgo

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
Valora este artículo
(2 votos)

De acuerdo con el INEGI y el INAI, en México hay 46.3 millones de personas que viven en áreas urbanas de 100 mil habitantes o más; entre ellas, 44.43 millones han proporcionado información personal a instituciones públicas o privadas. Asimismo, hay 26.5 millones de personas con cuentas personales en redes sociales y profesionales, entre las cuales, al menos 90.3% ha proporcionado su nombre real y alguno de sus apellidos.

 Twitter logo blue@MexicoSocial_

Vivimos en una sociedad en la que nuestros datos personales están en manos de cada vez más empresas, negocios, e incluso de desconocidos, a los cuales no autorizamos su acceso o utilización, para fines comerciales, en el mejor de los casos, e incluso, en el peor, para actos delincuenciales como el fraude o el robo de identidad.

En esta materia hay una doble dimensión: la primera es relativa a nuestra responsabilidad individual como propietarios exclusivos de nuestra información personal, así como en nuestra calidad de consumidores. En esa lógica, se hace indispensable contar con información relativa a la conveniencia o no de autorizar, y en qué grado y medida, el acceso a nuestros datos.

La segunda dimensión es legal e institucional, en el sentido de disponer de instancias, tanto a nivel local, estatal y nacional, a través del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), como de los organismos homólogos en los estados y los municipios del país.

 

¿A quién le hemos dado nuestros datos?

El INAI, en coordinación con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), levantaron en 2016 la Encuesta Nacional de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (ENAID, 2016). En ella se recoge información sobre esta materia, destacando en primer término que, de los 46.3 millones de habitantes de localidades de 100 mil habitantes o más que hay en el país, 44.43 millones han proporcionado información personal a organismos o empresas.

En efecto, según la señalada encuesta, 43.19 millones de personas habitantes de localidades de 100 mil o más habitantes, han proporcionado información personal a instituciones públicas, mientras que 36.68 millones lo han hecho a empresas de diversos tipos.

De esa cifra, 42.99 millones han proporcionado a instituciones públicas su nombre y apellido, 42.11 millones han proporcionado sus domicilios, 39.88 millones han proporcionado sus teléfonos, 34.57 millones han proporcionado datos sobre su estado civil, 23.76 millones han informado sobre su estado de salud, 22.53 millones han proporcionado su correo electrónico personal, 17.79 millones han indicado su sueldo, 10.87 millones han proporcionado su número de cuenta o de tarjeta bancaria, 6.72 millones han proporcionado datos sobre sus creencias religiosas, mientras que 2.57millones lo han hecho respecto de sus opiniones políticas.

Por otra parte, hay 36.68 millones de personas que han proporcionado sus datos personales a empresas; de ellas, 36.42 millones han dado su nombre y algún apellido; 35.45 millones dieron su dirección o domicilio; 33 millones, su teléfono personal; 21.62 millones han informado su estado civil; 7.22 millones han dado datos sobre su estado de salud; 18.87 millones han proporcionado su correo electrónico personal; 12.98 millones, datos sobre su sueldo; 2.35 millones han dado datos sobre sus creencias religiosas; y 1.21 millones sobre sus opiniones políticas.

 

1606425.jpg

 

 

Alta preocupación 

Otro de los tópicos consultados en la encuesta es la existencia o no de preocupación, sobre el posible mal uso de los datos personales. Al respecto, de quienes han proporcionado su información, a 84% le preocupa el uso de la información de su número telefónico; a 83.7%, el mal uso de su dirección o domicilio, a 82.9% el manejo de sus datos bancarios; y, en el mismo nivel uso de su nombre o algún apellido; a 81.4% le preocupa el manejo de su correo electrónico; a 79.7% la información sobre su sueldo; a 68.4%, la información sobre su estado civil; a 66% lo relativo a su estado de salud; a 61.3%, los datos sobre sus creencias religiosas, y a 59.5, la información respecto de sus opiniones políticas.

 

El lado oscuro del Internet 

Hay un amplio número de estudios respecto del impacto positivo de las redes sociales electrónicas y, en general, del impacto del internet en nuestras vidas; sin embargo, también hay evidencias sobre los notorios y crecientes riesgos que se pueden presentar por un mal uso de nuestros datos en tales plataformas.

En ese sentido destaca que, de los 46.3 millones de personas mayores de 18 años que habitan en áreas urbanas de 100 mil habitantes o más, hay 26.51 millones que disponen de cuentas en redes sociales personales o profesionales; en ese universo, 26.28 millones las tienen en plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y otras. Mientras que 4.26 millones disponen de cuentas en redes profesionales como LinkedIn o en algún portal de empleo.

 

1606426.jpg

 

Destaca en ese sentido que, de los 26.51 millones que tienen cuentas en redes sociales, tanto personales como profesionales, 90.3% ha proporcionado su nombre y algún apellido, 66.8% su correo electrónico personal, 49.4% ha indicado su estado civil, 45% ha indicado su teléfono personal, 33.3% ha indicado su dirección o domicilio, 14.1% ha indicado sus creencias religiosas, 13.2% su estado de salud, 5.2% su sueldo, y 1.8% su número de cuenta o tarjeta bancaria. 

  

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 24-enero-2017, p.14.

FB-f-Logo  blue 50 /mexicosocial

Twitter logo blue@MexicoSocial_

El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

Visto 2428 veces