Martes, 07 Marzo 2017 06:00

Salarios: desigualdad y precariedad

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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    De acuerdo con el CONEVAL, el ingreso laboral per cápita, deflactado a precios de la canasta alimentaria de 2010 asciende a $1,567.8 pesos mensuales. Al cierre del año pasado, las diferencias entre la entidad con mayor promedio (Baja California Sur) y la de menor (Chiapas) fue de 3.3 veces el ingreso promedio. Frente a ello, la confianza de los consumidores sigue deteriorándose, con una caída de 14.4% en el Índice de Confianza del Consumidor, entre los meses de febrero de 2016 y 2017.

 

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La nueva reducción en las expectativas de crecimiento de la economía nacional, presentadas recientemente por el Banco de México, representa un duro golpe a las posibilidades de recuperación del empleo y de los salarios, pues resulta evidente que con menor crecimiento hay menos inversión pública y privada, menos creación de puestos de trabajo, probables recortes en la inversión productiva y una mayor contracción del mercado interno.

El deterioro de las capacidades económicas del país en los últimos dos años ha provocado una nueva ralentización en la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, así como una caída en el Índice de Confianza del Consumidor, tanto en los indicadores de corto, como de largo plazo.


Salarios indignos

De acuerdo con la Constitución, el carácter del salario mínimo debiera ser remunerador; es decir, ser suficiente para cubrir las necesidades implícitas en el concepto del “mínimo vital” relativas a tener garantizados niveles mínimos de acceso y garantía en materia de alimentación, salud, educación, vivienda, cultura y medio ambiente. 

A pesar de ello, la realidad es completamente opuesta, pues, de acuerdo con los datos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el ingreso laboral per cápita presentó una tendencia a la baja a lo largo de 2016, frente a la exigua recuperación que había mostrado entre el cuarto cuatrimestre de 2014 y el tercer cuatrimestre de 2015.

En efecto, de acuerdo con el organismo, hoy el ingreso laboral per cápita es menor, en términos reales, al que existía en el año 2005, y de hecho su tendencia ha sido a la baja, pues en el cuarto trimestre de 2016 su valor era aproximadamente 22% menor que el registrado hace 12 años.

Así las cosas, mientras que en enero de 2005 un trabajador promedio tenía ingresos de $1,996.4 pesos mensuales (deflactados a la canasta alimentaria, con precios de 2010), al cierre del cuarto trimestre de 2016 el valor fue de únicamente $1,567.85 pesos.

Si la comparación toma como referencia el Índice de Precios al Consumidor, con precios deflactados a 2010, la tendencia es –aunque menor– similar, pues en enero de 2005 el valor de los ingresos laborales per cápita se ubicó en $1,782.5 pesos mensuales, frente a los $1,711.62 pesos mensuales registrados para el cierre del cuarto trimestre de 2016.

 

Una abismal desigualdad

Como se ha señalado reiteradamente, nuestra gran “falla geológica” en el terreno de lo social es la desigualdad, así como las profundas brechas que separan a nuestro país en distintas realidades. En efecto, de acuerdo con los datos del CONEVAL, el ingreso laboral per cápita obtenido en Baja California Sur, que es la entidad con mayores niveles de ingresos laborales per cápita en el país, supera en 3.3 veces el obtenido en Chiapas, la entidad con menor nivel de ingresos.

Los datos del CONEVAL muestran que, en efecto, en Baja California Sur los ingresos promedio de los trabajadores se ubicaron en $2,798.1 pesos, deflactados a la canasta alimentaria de 2010, mientras que en Chiapas el nivel fue de $837 pesos al mes, es decir, el promedio ni siquiera alcanza para superar el umbral de lo requerido para ubicarse fuera de la pobreza extrema.

Brechas Insalvables

La segunda entidad con mayores niveles de ingresos es la Ciudad de México, en donde CONEVAL registró un indicador de $2,361.1 pesos, igualmente deflactados a la canasta alimentaria de 2010, cifra superior en 2.78 veces frente al ingreso laboral per cápita registrado como promedio en Guerrero, en donde ascendió a $847.7 pesos mensuales.

En el tercer lugar con mayor nivel de ingresos se encuentra el estado de Chihuahua, con $2,273.6 pesos mensuales per cápita, suma superior en 2.52 veces a los $898.9 pesos de ingresos registrados como promedio en Oaxaca, al cierre del cuarto trimestre del año pasado.

 

La pérdida de la confianza

Frente a esta dura realidad, la confianza de los consumidores sobre sus expectativas en el corto plazo se ha seguido deteriorando. En efecto, los datos del Índice de Confianza del Consumidor, construidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), muestran que, en febrero de 2017, frente al mismo mes, pero de 2016, el indicador señalado presenta una caída de -14.4%.

Esta situación es generalizada en todas las categorías que integran al citado índice, pues la confianza de los integrantes de los hogares en la situación económica en el momento actual, comparada con la que se tenía hace 12 meses, registra una caída de 7%; en lo relativo a la situación económica esperada en los próximos meses respecto de la actual, la caída es de -10.4% entre los meses de febrero de 2017 y 2016.

Confianza de cabeza

Al comparar la situación actual del país, con la de hace 12 meses, el indicador muestra un retroceso de -20.1%; y en lo relativo a la situación económica esperada dentro de 12 meses, respecto de la actual, la caída es de -22.8%.

Finalmente, respecto de las posibilidades de compras de bienes como muebles, televisor, lavadora y otros electrodomésticos, considerando el momento actual respecto de hace 12 meses, la caída se ubicó en -15.2%.

 

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 07-marzo-2017, p.17.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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