Martes, 18 Abril 2017 06:00

Obesidad y hambre: una paradoja

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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    De acuerdo con el INEGI, entre 2006 y 2015 han ocurrido 12,569 defunciones causadas directamente por obesidad o híper alimentación; y en contraste, han ocurrido 80,283 defunciones por desnutrición. Asimismo, el 33% de las niñas y niños de 5 a 11 años viven con sobrepeso u obesidad; 36.3% de quienes están entre 12 y 19 años están en la misma condición; mientras que entre quienes tienen 20 años o más presentan la misma problemática. 

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México enfrenta severos problemas de salud pública, asociados a la desigualdad y a la pobreza; en efecto, tanto la obesidad como la desnutrición están asociadas y, en gran medida, dependen de los determinantes sociales de la salud; es decir, se trata de padecimientos que no tienen un origen bacteriano o viral, y sí literalmente social.

 

Desde esta perspectiva, es importante señalar que la obesidad y el sobrepeso, además de ser determinante de las dos principales causas de muerte en el país: la diabetes y la hipertensión, está generando defunciones de manera directa, las cuales contrastan severamente con las defunciones que se registran por desnutrición.

 

Cabe destacar, respecto de las defunciones por desnutrición, que la mayoría de ellas (alrededor de 80%) ocurren en el grupo de edad de mayores de 65 años, es decir, se trata de defunciones debido a la imposibilidad de ingesta de alimentos; sin embargo, también es relevante destacar que entre los años de 2006 y 2015 el promedio de defunciones anuales de menores de 18 años por esa causa es de alrededor de 800 casos, cifra a todas luces inaceptable.

La magnitud de la obesidad y la hiperalimentación

De acuerdo con las estadísticas de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre los años 2006 y 2015 se ha registrado un promedio anual de 1,257 defunciones anuales por obesidad, hiperalimentación o degeneración grasa del hígado. Esto implica una suma total para el periodo de 12,569 casos acumulados, con una tendencia creciente, y que podría agudizarse de no cambiar las condiciones de salud pública existentes hasta ahora.

Destaca que las entidades con mayor número de casos en este capítulo de la mortalidad general del país son: Estado de México, con 1,496 de los casos totales registrados en el país entre los señalados años de 2006 a 2015. En segundo lugar, está la Ciudad de México, con 1,241 casos; le sigue Jalisco con 1,039 casos; en cuarto sitio aparece Veracruz, con 829; Guanajuato, con 788 y Puebla, con 686.

Peso mortal

Como puede verse, se trata de las entidades más pobladas; por ello es importante señalar que, a nivel nacional, las defunciones por la causa señalada representaron 0.21% del total. Hay 16 entidades que se ubican en ese promedio, o por arriba de él, destacando Quintana Roo, con .41% de defunciones por obesidad, respecto del total de las registradas en la entidad para el periodo de 2006-2015; le sigue Aguascalientes, con 0.36%; Guanajuato con 0.30%, Michoacán con 0.27%, Jalisco con 0.26%; Zacatecas con 0.26%; y el Estado de México, Chihuahua y Sonora con 0.25% cada uno de ellos.

El contrastante mundo de la desnutrición

De acuerdo con las estadísticas de mortalidad del INEGI, en el periodo considerado han fallecido 80,283 personas por desnutrición, lo cual implica un promedio anualizado de 8,028 defunciones, o bien, 22 casos diarios; cifra que supera con mucho las defunciones anuales que se registran por cáncer de mama entre las mujeres, o por cáncer de próstata entre los hombres.

Debe señalarse que hay 13 entidades del país en las que se concentra prácticamente el 75% de los casos registrados a nivel nacional. Las que registran los mayores números son: Veracruz, con 8,441 casos en el periodo de 2006 al 2015; le sigue el Estado de México con 7,236 casos; en tercer sitio se ubica Oaxaca con 6,687 defunciones, Puebla con 5,976 decesos, Jalisco con 5,620 casos, Guanajuato con 4,692, Chiapas con 3,635 decesos y Michoacán con 3,635.

En términos relativos, a nivel nacional, las defunciones por desnutrición representaron 1.38% de las defunciones totales del país para el periodo señalado; destacando que hay 17 entidades que superan este promedio: el peor indicador se registra en Oaxaca con 3.23% del total de las defunciones, para el periodo señalado; Morelos con 1.99%, Hidalgo con 1.98%, Puebla con 1.92%, Guerrero con 1.91%, Veracruz con 1.90%, Zacatecas con 1.84%, Chiapas con 1.82%, Guanajuato con 1.77% y Tlaxcala con 1.76%

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Una tendencia explosiva

Los datos sobre mortalidad que tenemos ahora podrían agravarse severamente, pues las tendencias de prevalencia de obesidad en el país no se están reduciendo, lo cual podría incrementar no sólo la mortalidad por diabetes e hipertensión arterial, sino que además las defunciones por obesidad e hiperalimentación podrían mostrar un repunte significativo por los años que las personas viven con este problema.

Así, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT-Medio Camino, 2015), en el país se mantiene una elevada prevalencia de obesidad y sobrepeso para todos los grupos de edad. En efecto, para el grupo de niñas y niños en edad escolar, es decir de 5 a 11 años, se registró un promedio de 17.9% de prevalencia de sobrepeso y 15.3% de obesidad; es decir, un total de 33.2% de las niñas y niños que viven con sobrepeso u obesidad.

Por otro lado, para el grupo de 12 a 19 años, 22.4% presenta sobrepeso; y el 13.9% obesidad; combinado, 36.3% en el grupo de edad presentan sobrepeso u obesidad.

Finalmente, entre los adultos de 20 años y más el porcentaje de sobrepeso es de 39.2% y la obesidad el 33.3%; por lo que, de manera combinada, la problemática afecta a 72.5% de quienes tienen 20 años o más.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 18-abril-2017, p.12.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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