Martes, 16 Mayo 2017 06:00

Ante la violencia, la cultura

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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  De acuerdo con el INEGI, 3 de cada 10 personas con educación de nivel superior no leen libros; el 65% de la población que habita en localidades de más de 100 mil habitantes no asiste a eventos culturales; 35% de la población en general no acostumbra leer nada; y en el 73% de los casos, las personas no recuerdan que en sus viviendas se hable de eventos culturales. Urge, como puede verse, inundar de cultura al país.

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La violencia, la corrupción, la desigualdad y la pobreza se han convertido en problemas estructurales que se determinan e influyen a través de múltiples vasos comunicantes, y frente a los cuales, desde hace al menos dos décadas, el Estado no ha sido capaz de generar un quiebre y, en su lugar, impulsar un círculo virtuoso de crecimiento económico, distribución equitativa de la riqueza, solidaridad y cohesión social.

 

Desde esta perspectiva, si algo ha sido olvidado, desde el discurso estatal, y hasta el diseño y operación de las políticas públicas, es la promoción de la cultura y la garantía efectiva de acceso a los bienes y servicios culturales para toda la población.

 

Sin lectores no hay democracia 

Una democracia requiere, por definición, de una ciudadanía consciente de sus derechos y capaz de exigirlos para sí, pero también para su colectividad; entender a la democracia como forma de vida implica, en esa lógica, tener una sociedad volcada sobre la lectura, enterada de los asuntos públicos y con la información suficiente para tomar decisiones respecto del poder político.

 

La democracia mexicana es, en ese sentido, muy débil. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), únicamente el 65% de la población mayor de 15 años se percibe como acostumbrada a leer; esto es, sólo dos de cada tres personas en el rango de edad.

 

Asimismo, desagregando por grupos de edad, el propio INEGI estima, a través del Módulo de Lectura (MOLEC), que entre la población de 18 a 24 años de edad el hábito de la lectura se registra en el 76.5% de la población; entre quienes tienen de 25 a 34 años el porcentaje es de 66.2%; entre la población de 34 a 44 años el porcentaje es de 61.9%; entre quienes están entre 45 y 54 años y en el grupo de 55 a 64 años, el porcentaje es de 64.5%; mientras que, entre las personas adultas mayores de 65 años, se registra el porcentaje más bajo con únicamente 52.9%.

Es interesante observar además que entre quienes leen, únicamente 24.2% asiste a las secciones de libros y revistas en tiendas departamentales; 13.2% acude a puestos de revistas o libros usados; sólo 11.2% asiste a leer a bibliotecas; mientras que el porcentaje de quienes visitan librerías asciende a sólo 17.8%.

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La promoción de la lectura, según se desprende de la información del INEGI, sigue siendo también un asunto de olvido, tanto en las familias como en las escuelas, lo que debería llevar a una profunda revisión de las políticas y estrategias de promoción de la lectura; pero también de distribución y accesibilidad de libros para todos.

Visitas a bibliotecas o librerías 

En efecto, entre la población de 18 años y más que habita en ciudades de más de 100 mil habitantes, únicamente 27.6% reporta que en sus familias los llevaban a bibliotecas o librerías; 52.9% afirma que sí veía leer a sus padres o tutores; empero, frente a ese dato, sólo 33.9% sostiene que sus padres o tutores leían con regularidad.

Otro dato relevante se encuentra en el hecho de que sólo en 60% de los casos se reporta la existencia de libros, diferentes a los libros de texto gratuito, en sus hogares; es decir, en el país, en las zonas más urbanizadas, únicamente en 6 de cada 10 hogares hay libros para lectura. El dato, es posible afirmarlo, debe ser aún menor en las localidades rurales de bajos recursos.

Debe señalarse además que, entre quienes no tienen estudios de educación básica terminada, 63.7% no lee libros, pero sí algún otro tipo de material de lectura, como revistas o periódicos. Entre quienes sí terminaron la educación básica y tienen algún grado de educación media, el porcentaje de quienes no leen libros es de 49%; y entre quienes tienen algún grado de educación superior se registra la increíble cifra de 29% de quienes no leen libros. Es decir, 3 de cada 10 estudiantes universitarios no reportan leer libros.

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Bajo acceso a la cultura

Respecto del acceso a bienes y servicios culturales, igualmente, en las ciudades de más de 100 mil habitantes, y entre quienes tienen más de 18 años, únicamente 60% de ellos asistió a algún evento cultural en el último año previo al levantamiento de del Módulo Sobre Eventos Culturales Seleccionados (MODECULT).

Un dato relevante que da a conocer el INEGI es que entre la población mayor de 18 años y que vive en las zonas urbanizadas, sólo el 8.9% muestra “mucho interés” de asistir a obras de teatro; el 15.9% se muestra “muy interesado” en asistir a conciertos o presentación de música en vivo; el 3.6% y el 6.6%, respectivamente, muestran “mucho interés”  en espectáculos de danza o exposiciones; mientras que 22% se muestra “muy interesada” en asistir al cine.

Al igual que ocurre con la lectura, la herencia familiar es determinante: en 65% de los casos, la población reporta que sus padres no asistieron a eventos culturales en el último año previo a la encuesta; al 64% no le llevaban a eventos culturales en sus hogares; mientras que entre el 73% de la población en las localidades señaladas, no se hablaba o comentaba en casa sobre eventos culturales.

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 *Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 16-mayo-2017, p.14.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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