Domingo, 29 Noviembre -0001 17:23

Infecciones: tendencia preocupante

Entre las enfermedades de notificación inmediata y de seguimiento convencional, hay varias cuyos casos confirmados rebasan significativamente los del 2016: la malaria, la tuberculosis, la tos ferina, el dengue, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, las enfermedades infecciosas intestinales y las respiratorias, son algunas de ellas; esto debería llevar a un incremento urgente en el presupuesto para la salud


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La protección de la salud depende, en buena medida, como lo ha evidenciado la Organización Mundial de la Salud, de los llamados “determinantes sociales de la salud”; por ello, considerando la magnitud del desastre generado por los sismos de septiembre, así como los posibles efectos que tendrá el cierre de la temporada de lluvias, es importante redoblar los esfuerzos y destinar mayores recursos para potenciar las capacidades de prevención y atención del sector salud.

A continuación se presentan los datos de la Dirección General de Epidemiología, con fecha de corte a la semana 38 de este año (17 al 23 de septiembre), los cuales permiten dimensionar lo que está ocurriendo con varios padecimientos prevenibles.

 

Enfermedades de notificación

Hay un conjunto de enfermedades que (de acuerdo con la NOM-017-SSA2-1994 para la vigilancia epidemiológica) son consideradas de notificación inmediata, lo cual implica que: “la notificación o comunicación debe realizarse por la vía más rápida disponible... La notificación o comunicación se recibirá en la representación nacional del Órgano Normativo antes que transcurran 24 horas de que se tenga conocimiento por el notificante”.

Entre éstas destacan particularmente las que son transmitidas por vectores, pues su capacidad de propagación es muy alta, sobre todo en climas calurosos y húmedos, y que pueden llevar a brotes o rebrotes, tal y como está ocurriendo en el estado de Guanajuato, el cual tiene un récord histórico de casos confirmados de dengue.

Debe destacarse que a la semana 38 de este 2017 había un total de 5 mil 473 casos de dengue no grave confirmados, y de éstos, 565 se confirmaron sólo en la semana 38. Es decir, 10.36% del total de casos del año se confirmaron en la última semana reportada. A ello debe agregarse que es justamente en los meses de septiembre a noviembre cuando mayor número de casos se reporta, por lo que es altamente probable que la cifra de 7 mil 735 casos reportada en 2016 se rebase significativamente.

En el caso del dengue con signos de alarma se han reportado mil 228 casos en lo que va del año, de los cuales, 98 se confirmaron en la semana de referencia; es decir, 8% del total anualizado en sólo una semana. Finalmente está el dengue grave, con 227 casos, 17 de ellos (7.5% del total del año) confirmados en la semana 38.

La buena noticia es que la enfermedad por virus de chikungunya y la infección por virus del zika han tenido notables reducciones entre 2016 y 2017, al haber pasado de 493 a 25 casos de chikungunya, y de 3 mil 769 a mil 524 de zika. Los esfuerzos no deben disminuir para así mantener la tendencia.

 

El peligro de las ITS

Entre las enfermedades de notificación inmediata se encuentra también el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, del cual hubo 3 mil 412 casos confirmados en 2006, mientras que al cierre de la semana 38 de este año se habían confirmado 3 mil 631, de los cuales, 122 casos lo fueron en la semana de referencia. Considerando el promedio de confirmaciones semanales de este año, la cifra al cierre de diciembre podría llegar a 4 mil 969 casos, es decir, 36% por arriba de lo registrado el año pasado.

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Otro de los casos que llama la atención es el síndrome coqueluchoide, el cual está asociado a la tos ferina, del cual se confirmaron mil 527 infecciones hasta la tercera semana de septiembre de este año, frente a las mil 542 de todo 2016, lo que significa que, dada la tendencia, este 2017 podría registrar una cifra 35% mayor. Respecto a la tos ferina se han confirmado 426 casos, por lo que al cierre del año podría llegarse a una cifra de 582 casos, una cifra 5% superior a la del año anterior.

 

Enfermedades de vigilancia convencional

En esta categoría se encuentran padecimientos como la tuberculosis respiratoria, de la cual se han registrado 12 mil 262 casos este año, cantidad ya similar a la del total de 2016, cuando se confirmaron 12 mil 749 casos. Por la tendencia anualizada, podría llegarse a 16 mil 800 casos este año, cifra 31% superior a la de 2016.

Respecto a las hepatitis virales, se espera que se llegue a una cifra aproximada de 10 mil 059 casos este año, es decir, un dato 21% superior al de 2016, cuando se registraron 8 mil 259.

Asimismo, los casos de paludismo (malaria) ya rebasaron en la semana 38 de 2017 a los registrados en todo 2016: 467 casos frente a 396 del año previo. Esto significa que podría llegarse a 639 casos al finalizar 2017, cifra 61% superior a la del año pasado.

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Finalmente se encuentran las infecciones respiratorias agudas y las enfermedades infecciosas intestinales. De las primeras se tiene una confirmación de 17.93 millones de casos hasta la semana 38 de este año, frente a un total de 16.61 millones en 2016. Por la tendencia anual podría llegarse a 24 millones 546 mil 646 de casos confirmados, es decir, 47.7% más que en 2016.

Sobre las enfermedades infecciosas intestinales, en este año se han confirmado 4 millones 673 mil 113 casos, frente a los 3 millones 714 mil 273 contabilizados en 2016. Igualmente, por la tendencia anual, podría llegarse a 6 millones 394 mil 786 casos, es decir, 72% más de lo registrado el año pasado.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 10-octubre-2017, p.17.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

Martes, 17 Octubre 2017 06:31

Garantizar el derecho a la alimentación

De acuerdo con el INEGI, el número de defunciones por desnutrición es de 80,283 entre los años 2006 y 2015; por obesidad e hiperalimentación es de 11,965 casos; por enfermedades intestinales es de 35,297; por enfermedades del sistema digestivo, de 552,574; mientras que por diabetes es de 823,100


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De acuerdo con la FAO, existe seguridad alimentaria en un país cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana. Los cuatro pilares de la seguridad alimentaria son: la disponibilidad, la estabilidad del suministro, el acceso y la utilización”.

80 mil 283 personas fallecieron por desnutrición en 2006-2015

Desde esta perspectiva, en México urge la aprobación de la Ley General en la materia; en ese sentido, el tema es de la mayor relevancia, debido a la alta prevalencia de enfermedades asociadas a la malnutrición, así como al elevado número de defunciones debido a los determinantes sociales de la salud.

 

LA OBESIDAD ES MALNUTRICIÓN

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), todos los años se registran defunciones debido a la “obesidad y otros tipos de hiperalimentación”: entre los años 2006 y 2015 han perdido la vida 11 mil 965 personas. Al respecto es importante destacar que 60% de esos casos tenía entre 40 y 69 años al momento de fallecer.

 

EL CASO DE LA DESNUTRICIÓN

En el lado opuesto se encuentran las personas que pierden la vida debido a la desnutrición. En este caso, los expertos advierten que muchas de las defunciones se presentan entre personas adultas mayores, que por distintas circunstancias pierden la capacidad de ingerir alimentos.

Con esa salvedad, es importante mencionar que entre los años 2006 y 2015 han fallecido 80 mil 283 personas por desnutrición; de éstas, 7.3%, es decir, 5 mil 887 casos correspondieron a niños menores de cinco años. En 4 mil 553 casos las personas fallecidas tenían entre cinco y 39 años; 22 mil 611 más tenían entre 40 y 79 años de edad, mientras que en 46 mil 862 casos la persona fallecida tenía 80 o más años.

 

INFECCIONES INTESTINALES

De acuerdo con el Inegi, hay un alto número de defunciones causadas por infecciones parasitarias e intestinales. En este caso, se trata de padecimientos fácilmente prevenibles y curables, lo cual implica que hay una falla generalizada en el sistema institucional para el desarrollo social.

Así, entre los años 2006 y 2015 han fallecido 35 mil 297 personas por infecciones intestinales. De ellas, 6 mil 668 casos corresponden a menores de un año de vida, es decir, 18.9% del total. Asimismo, 3 mil 340 casos correspondieron a niñas y niños menores de 5 años, es decir, 9.5% del total. Como puede verse, 28.4% de estas defunciones se concentra entre niñas y niños menores de cinco años.

 

FALLAS DEL SISTEMA DIGESTIVO

De acuerdo con el compendio de indicadores de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las enfermedades del sistema digestivo más comunes, y que representan mayor proporción tanto en la carga de enfermedad como de mortalidad, son las siguientes: úlcera gástrica, úlcera duodenal, úlcera péptica de sitio no especificado, úlcera gastroyeyunal, gastritis y duodenitis.

823 mil 100 defunciones por diabetes se han registrado entre los años 206 y 2015

Respecto de lo anterior, es pertinente destacar que, de acuerdo con los datos del Inegi, entre los años 2006 y 2015 ha habido 552 mil 574 defunciones por enfermedades del sistema digestivo; sobre este tema debe subrayarse además que la tendencia es aceleradamente creciente, pues mientras que en el primer año de referencia hubo 47 mil 340 defunciones, en el año 2015 se registraron 62 mil 968, es decir, un crecimiento de 33% en una sola década.

 

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DIABETES: LETALIDAD IMPLACABLE

Aunque se ha destacado en diversos espacios que la diabetes presenta una tasa de mortalidad creciente, es importante puntualizar que la edad en la que se presenta la enfermedad y la consecuente defunción está disminuyendo de manera preocupante. En efecto, de las 823 mil 100 defunciones que se han registrado entre los años 2006 y 2015 hay un total de 187 casos que corresponden a niños menores de 9 años.

35 mil 297 personas murieron por infecciones intes-tinales en 2006-2015

También hay un registro de 944 casos de niñas, niños y adolescentes de 10 a 19 años de edad, es decir, un promedio de un caso cada cuatro días. A partir de los 20 años el crecimiento de la mortalidad es dramático. En el periodo señalado, el Inegi contabiliza mil 518 defunciones por diabetes entre los 20 y los 24 años de edad (un caso cada dos días). A partir de ese segmento de edad, el crecimiento es exponencial: 2 mil 902 casos en personas de 25 a 29 años (un caso cada 1.2 días); 5 mil 109 casos en el grupo de 30 a 34 años de edad (1.4 defunciones al día).

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En el grupo de 35 a 39 años de edad hay 9 mil 567 defunciones (2.62 defunciones diarias). En el de 40 a 44 años de edad, la suma es de 18 mil 676 (5.11 defunciones diarias); en el grupo de 45 a 49 años es de 35 mil 080 defunciones (9.6 diarias); en el segmento de 50 a 54 años suma 58 mil 462 (16 casos al día); 82 mil 686 en el segmento de 55 a 60 años (22.7 diarios); 101 mil 828 en el grupo de 60 a 64 años (28 casos al día); y 505 mil 623 en las personas mayores de 65 años (138.5 casos diarios).

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 17-octubre-2017, p.18.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

Martes, 03 Octubre 2017 06:39

El contexto del desastre

En las entidades mayormente afectadas por los sismos de septiembre se tienen porcentajes de pobreza que rebasan la media nacional, que es de 43.6%. Frente a ese indicador destaca que en Morelos el porcentaje es de 49.5%; en Puebla, de 59.4%; en Guerrero, de 64.4%; en Oaxaca, de 70.4%; y en Chiapas, de 77.1%. Ése es el contexto del desastre y el principal argumento para exigir una reconstrucción, sí de las viviendas, pero también de un proyecto nacional incluyente de todos


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Si algo dejaron en claro los sismos del 7 y 19 de septiembre es la necesidad de otro curso de desarrollo para México. Las entidades con mayores afectaciones, además de la Ciudad de México y algunos municipios del Estado de México, presentan rezagos históricos que se acentúan cada ocasión que ocurre algún fenómeno natural, ya sea de carácter hidrometeorológico o de origen geológico. A continuación se presentan los principales datos.

 

La pobreza

De acuerdo con los resultados de la medición de la pobreza 2016, presentada recientemente por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), se estima que 43.6% de la población nacional vive en condiciones de pobreza. Frente a ese indicador destaca que, en Morelos, el porcentaje es de 49.5%; en Puebla es de 59.4%, Guerrero, 64.4%, y Oaxaca 70.4%; mientras que en Chiapas es de 77.1 por ciento.

 

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Asimismo, destaca que en el componente de “vulnerabilidad por calidad y espacios en la vivienda”, el promedio nacional es de 12% de la población en esa circunstancia: Morelos es, en este rubro, el único de los estados analizados que tiene un mejor indicador que el promedio nacional, con 10.9%. Para el resto los datos son Puebla, con 14.5%; Chiapas, 24.5%; Oaxaca, 26.3%, y Guerrero, con 31.7%, el cual es el peor indicador en el país.

El Coneval estima el porcentaje de personas en vulnerabilidad por carencia de servicios en la vivienda a nivel nacional en 19.3%; empero, en los estados analizados la situación es peor, con excepción de Morelos, el cual se sitúa apenas por arriba del promedio señalado, con 17% en el año 2016. En efecto, en Puebla el indicador es de 25%; en Guerrero se ubica en 50%; en Chiapas es de 52.3%; y en Oaxaca, de 62 por ciento.

 

El mundo de las carencias

Todo lo anterior implica vivir en estado de precariedad. Por ejemplo, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares (ENIGH, 2016), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el país 10.5% de las viviendas tiene paredes endebles, pues están hechas de materiales distintos al ladrillo, block, piedra, cantera o cemento. En Morelos y Puebla los indicadores son ligeramente inferiores al promedio: 6.5% y 7.5%; respectivamente. Sin embargo, en Chiapas, el indicador es de 21.5%; en Oaxaca de 23.9%, y en Guerrero, de 31.1 por ciento.

Hay una situación similar respecto del techo de las viviendas. En el país, 24.9% está construido de materiales precarios. En Morelos y Puebla una vez más los indicadores apenas superan el promedio nacional: 21.1% y 23.9%, respectivamente, en Guerrero el porcentaje es de 50.2%, en Oaxaca de 52.7% y en Chiapas es de 64.9 por ciento.

Otro de los grandes problemas que se enfrenta en estas entidades es el acceso al agua potable y su disponibilidad al interior de las viviendas: Inegi documenta que, a nivel nacional únicamente 73.1% de las viviendas tiene agua entubada de la red pública dentro de su construcción. En Morelos, el porcentaje es de sólo 65.3%; en Puebla, de 57.9%; en Guerrero, 41.4%, y en Chiapas llega sólo a 37.8% de las viviendas, mientras que en Oaxaca el porcentaje es de únicamente 26.4% del total de las viviendas habitadas.

Lo anterior va de la mano con la muy baja cobertura de servicios de drenaje de la red pública. A nivel nacional, el porcentaje de viviendas con disponibilidad de este servicio es de 77%. Puebla es la única de las entidades en análisis que supera este indicador, con 81% del total; empero, en Morelos el indicador es de 63.5%, en Chiapas es de 57.4%, en Guerrero de 52.9% y en Oaxaca es de 38 por cieto.

 

Humo y hambre

En las entidades que se analizan hay altos niveles de incumplimiento del derecho a la alimentación, con la peculiaridad de que son entidades en donde un muy alto porcentaje de hogares sigue utilizando la leña y el carbón como su principal combustible: a nivel nacional, el indicador es de 14.5% de las viviendas (4.77 millones de viviendas, en las que habitan alrededor de 23.8 millones de personas).

 

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De esas viviendas, 72.6% no dispone de chimeneas para extraer el humo de su interior. En Morelos el indicador es de 8.4% de los hogares que cocinan con leña, en Puebla el porcentaje es de 20.2%; en Guerrero se ubica en 40.8%; en Oaxaca, en 51%; y en Chiapas, en 54.1 por ciento.

Finalmente debe destacarse que, a nivel nacional, 32.1% de los hogares tienen al menos una niña o un niño con alguna dificultad para comer por falta de recursos económicos.

En Morelos el porcentaje es de 29.6%, en Puebla de 34.5%, en Guerrero de 40.7%, y en Oaxaca de 43.4%, mientras que en Chiapas es de 44.1 por ciento.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 03-octubre-2017, p.22.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

Martes, 26 Septiembre 2017 05:17

Sismos: conciencia y prevención

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional entre los años 2000 y lo que va de 2017 se han registrado 2,576 sismos de categoría 4.5 o superiores. En este 2017 se ha roto el “récord” de las dos últimas décadas de sismos de esta magnitud para un solo año, con 280 casos hasta el pasado 19 de septiembre, siendo los más devastadores, precisamente los ocurridos los días 7 y el 19 de este mes.


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Más allá de todo lo que se ha dicho en torno a la admirable organización, solidaridad y movilización social que orgullosamente hemos atestiguado en este mes de septiembre, frente a los efectos de los sismos de los días 7 y 19, es importante continuar fortaleciendo nuestras capacidades de protección civil y prevención.

Hacerlo posible implica, por principio de cuentas, lograr que la población asuma e introyecte en su visión de nuestro país, que estamos ubicados en una importante zona sísmica, y que pase lo que pase, en los próximos meses y años seguirá temblando, sin tener nadie todavía la capacidad de predecir científicamente dónde y cuándo habrá de ocurrir.

Frente a esta realidad, México Social presenta a continuación el recuento de los sismos que han ocurrido desde enero del año 2000 y el mes de septiembre de este año 2017, a fin de proporcionar datos en torno a las zonas de mayor actividad sísmica en nuestro país.

 

Una cantidad sorprendente

De acuerdo con el Catálogo de Sismos del Servicio Sismológico Nacional, entre las fechas señaladas se tiene registro de un total de 2 mil 576 sismos con una magnitud de 4.5 puntos o más. De éstos, 747 ocurrieron entre los años 2000 y 2004; 698 ocurrieron entre los años 2005 y 2009; 584 entre 2010 y 2014; mientras que 547 se han registrado entre el 2015 y lo que va del año 2017.

Temor y Temblor

Asimismo, el mayor número de sismos en el conjunto seleccionado (es evidente que debajo de esa magnitud ha habido muchos más), se ubica en una magnitud que va de los 4.5 a los 4.9 puntos. En efecto, en 705 casos la magnitud fue de 4.5; en 504 casos fue de 4.6; en 332 fue de 4.8, mientras que de magnitud 4.9 se han contabilizado 145 casos.

Como puede verse, a mayor magnitud, menor frecuencia. Así, en el periodo señalado se han registrado 159 sismos de categoría 5; un total de 100 casos de categoría 5.1; una suma de 81 casos de magnitud 5.2; 72 de magnitud 5.3; 44 de magnitud 5.4; 42 de magnitud 5.5; 41 de magnitud 5.6; 18 de magnitud 5.7; 23 de magnitud 5.8 y 11 sismos con magnitud de 5.9.

Hay mucho menos sismos de mayor magnitud, pues entre el 2000 y el 2017 se contabilizan 17 casos de magnitud 6; 13 casos de magnitud 6.1; siete casos de magnitud 6.2; en la magnitud 6.3 se contabilizan cuatro; en la de 6.4, un total de seis casos; en la de 6.5, ocho casos; en la de 6.6, ocho casos; en la de 6.7 tres casos; en la de 6.8 dos casos y; en la de 6.9 un caso.

 

Los más poderosos

Los sismos que tienen generalmente un mayor poder destructivo son aquellos que tienen una magnitud superior a 7. En ese sentido destaca que en el periodo señalado (2000-2017) se han registrado dos movimientos de esa magnitud; uno precisamente en el año 2000 y otro en este 2017.

El Servicio Sismológico Nacional tiene registro de un caso de sismo de magnitud 7.1, que fue el del pasado 19 de septiembre; dos casos de 7.2, uno en el 2010 y otro en el 2014; un caso de 7.3 ocurrido en el año 2012; un caso más de 7.5 en el mismo 2012; uno de 7.6 ocurrido en el año 2003; y uno de 8.2 ocurrido el pasado 7 de septiembre de este año 2017.

 

Los estados con mayor número de casos

En el universo seleccionado de los sismos con magnitud igual o mayor a 4.5, hay 10 entidades que nunca han sido epicentro de alguno de los 2 mil 576 casos registrados. Éstas son: Aguascalientes, Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas, Tlaxcala y Yucatán.

En contraste, cinco entidades concentran los epicentros de 85% de los sismos que se han registrado en el periodo señalado, y con la magnitud indicada: en primer lugar está Chiapas, en donde se ha ubicado el epicentro de mil 72 sismos; en segundo lugar está Oaxaca, con 523 casos; en tercer sitio está Guerrero, con 288 casos; en cuarto, Baja California Sur, con 158 casos; y en quinto sitio Jalisco, con 123 casos.

En ese mismo sentido debe decirse que hay una muy precisa localización de los epicentros, pues hay cinco localidades en donde, del total de los casos analizados, se contabilizan más de 100 casos en cada una de ellas; éstas son: Ciudad Hidalgo, Chiapas, como epicentro de 577 casos; Salina Cruz, Oaxaca, con 177 casos; Pinotepa Nacional, Oaxaca, con 132 casos; Mapastepec, Chiapas, con 101 casos, y Pijijiapan, también en Chiapas, con 101 casos registrados.

Zonas de Cuidado

Otras localidades con alta actividad sísmica son: Cihuatlán, Jalisco, con 91 casos; Tonalá, Chiapas, con 90 casos; Coyuca de Benítez, Guerrero, con 49 casos; Huixtla, Chiapas, con 48 casos; Matías Romero, Oaxaca, con 44 casos; Petatlán, Gro., con 43 casos; Crucecita, Oaxaca, con 43 casos; Cabo San Lucas, en BCS, con 41 casos; y San Marcos, Guerrero, con 41 casos.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 26-septiembre-2017, p.22.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

Martes, 05 Septiembre 2017 13:47

Viviendas: la persistente precariedad

De acuerdo con el INEGI, hay 1.23 millones de hogares en los que algún menor de edad sintió hambre, pero no comió; en 4.77 millones de viviendas se cocina con leña o carbón; sólo en 3 de cada cuatro viviendas se tiene agua entubada en su interior; en el 10% de las viviendas se quema la basura; mientras que hay 1 millón de viviendas con piso de tierra.


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Uno de los tabulados contenidos en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares (ENIGH, 2016), presentada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), es el relativo a las viviendas habitadas que hay en el país, y sus principales características.

 

Esta información complementa el panorama que se puede construir a partir de los indicadores de ingresos y gastos, para dar cuenta de la precariedad en que viven millones de personas, de la marginación persistente en el país, y en síntesis, de lo mucho que falta por hacer para convertirnos en el país de derechos humanos al que mandata nuestra Constitución.

La magnitud

El nuestro es desde hace ya varios años, un país predominantemente urbano. Asumiendo el criterio del INEGI, mediante el cual clasifica como localidades urbanas a aquellas que tienen 2,500 habitantes o más, lo primero que debe señalarse es que el 76.3% del total de viviendas que hay en el país se ubican precisamente en ese tipo de localidades; es decir, dos de cada tres viviendas habitadas están asentadas en localidades urbanas.

 

La magnitud es enorme: en el territorio nacional se han estimado 32.87 millones de viviendas, de las cuales, 29.83 millones son consideradas como viviendas independientes. De éstas, 22.7 millones se encuentran en las ya mencionadas localidades urbanas; mientras que 7.057 millones se encuentran ubicadas en localidades rurales.

 

Materiales endebles

Debe destacarse que de los 29.83 millones de viviendas independientes que hay en el país, hay 3.46 millones que tienen paredes de materiales endebles (pues no son de block, cemento, ladrillo, piedra, cantera o concreto); y que de ese total, el 51.96%, es decir, 1.8 millones de viviendas, se encuentran ubicadas en localidades rurales.

 

Asimismo, únicamente el 75% de las viviendas independientes que hay en el país, tiene techo de loza de concreto o viguetas con bovedilla; mientras que todavía hay un millón de viviendas en las cuales se tiene piso de tierra; lo que más llama la atención de este dato es que prácticamente la mitad de ellas se concentran en las cuatro entidades más pobres del país: Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz.

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Como hace siglos  

Uno de los datos más reveladores de las carencias que se siguen teniendo en millones de viviendas es el relativo al combustible que se usa en ellas para cocinar. Sorprende en ese sentido que en el 14.5% de las viviendas se siga utilizando leña o carbón (4.77 millones)

 

Debe señalarse además que hay ocho entidades en las que el porcentaje de viviendas con esta característica rebasa al 25% del total; éstas son: Chiapas con un 54.1%; Oaxaca, con 51%; Guerrero, con 40.8%; Tabasco, con 35%; Yucatán, con 32%; Veracruz con 31.9%; Hidalgo, con 26.3% y Campeche con 26%.

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Adicionalmente, es pertinente subrayar que en 72.6% de esas viviendas no se cuenta con tubo o ducto para expulsar el humo de las viviendas, lo que provoca un gran número de infecciones respiratorias agudas, y en cientos y quizá miles de casos, padecer la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

 

Basura: un serio problema

De acuerdo con el INEGI, sólo en 83.2% de las viviendas habitadas se cuenta con servicio de recolección de basura, ya sea por un camión o por un “carrito”. En el 10.6%, que en números absolutos significa 3.47 millones de viviendas, la basura se quema, mientras que en el 6.2%, es decir, en 2.047 millones de viviendas, la basura se tira a ríos, barrancas, arroyos, al mar o simplemente se entierra, con los severos costos y consecuencias económicas que estas prácticas implican.

 

Las entidades con mayor problemática sumando los dos indicadores señalados, son: Guerrero con un 40.7%; Tabasco con 38.5%; Oaxaca con 38.1%; Chiapas con 36.2%; Veracruz con 31.7% y Campeche con 30.2%

 

El agua, un problema nacional

Continúa siendo paradójico que en nuestro país, las entidades con mayor disponibilidad de agua dulce per capita sigan siendo las que tienen menor cobertura de este servicio para sus poblaciones. En efecto, de acuerdo con la CONAGUA, alrededor del 60% de la disponibilidad de agua dulce en el país se ubica en los estados del Sur-Sureste.

 

Así, mientras que el promedio nacional es de únicamente 73.1% de las viviendas con agua entubada en su interior, hay 14 entidades que se ubican por debajo de ese indicador. Los casos más dramáticos son: Oaxaca, con 26.4%; Chiapas, con 37.8%; Guerrero con 41.1% y Veracruz, con 52.4%.

 

La persistencia del hambre

De acuerdo con el INEGI hay 10.75 millones de hogares en los que hay menores de edad que tuvieron dificultades para satisfacer sus necesidades alimentarias. De ellos, en 34.8%, es decir, en 3.74 millones de hogares, algún menor dejó de tener una alimentación sana y variada; en 4.56 millones algún menor tuvo una alimentación basada en muy poca variedad de alimentos; en 3.012 millones algún menor comió menos de lo que debería comer; en 2.98 millones a algún menor se le tuvo que disminuir la cantidad servida en las comidas; mientras que en 1.23 millones de hogares, algún menor sintió hambre pero no comió.

 

 

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 05-septiembre-2017, p.21.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.