Lunes, 27 Noviembre 2017 07:28

Mujeres, equidad y desarrollo

Escrito por Mario Luis Fuentes
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¿Cuánto le cuesta a México, desde las aristas civilizatorias, hasta las cuestiones económicas, la desigualdad que persiste entre mujeres y hombres? ¿Cuánto nos cuesta mantener esta violencia estructural, y cuánto más vamos a tardar en romper con los ciclos reproductores del machismo, el sexismo y la discriminación en razón del género?  No conozco ningún estudio reciente respecto del costo económico, que sería el más fácil de cuantificar, derivado de la violencia y desigualdad entre mujeres y hombres. Aún así, es posible afirmar que nuestro país pierde anualmente varios puntos porcentuales del PIB debido a esta situación de inequidad 

Dimensionar lo demás es aún más complejo; ¿cómo comprender y explicar la persistencia del machismo? Don Samuel Ramos, el gran filósofo mexicano, hablaba de una cuestión profunda: al “pelado”, sostenía, tan vacuo espiritualmente hablando, no le queda más opción que asumir los dos peores valores del mexicano: la violencia y el machismo.

Desde esta perspectiva, es importante sostener que se trata de una cuestión culturalmente arraigada, pero ello no implica que no pueda modificarse. La teoría de las normas y el cambio social de Cristina Bicchieri muestra cómo, incluso, las “expectativas empíricas” y las “normas sociales” más arraigadas como la mutilación genital en varias regiones de África, pueden ser transformadas con base en intervenciones de política pública capaces de incidir en prácticas socialmente nocivas.

No es tolerable, desde ninguna perspectiva, que sigan ocurriendo todos los días feminicidios, que además son simultáneamente infanticidios, como lo que ha ocurrido recientemente en diferentes entidades. Tampoco, es tolerable que todos los días haya miles de casos de acoso callejero; amén de los 85 mil casos anuales de violencia intrafamiliar reportados por el sector salud, cifra que implicó, para el año de 2016, una tasa de incidencia de 69 casos por cada 100 mil habitantes.

Los datos del Inegi muestran que estamos estancados en la superación de la violencia de género: entre 2005 y 2016, la incidencia fue superior al 60%. En esa lógica, lo que debe reconocerse es que el sistema de alertas de género no está generando la movilización suficiente ni de recursos ni de capacidades para articular verdaderos sistemas de política pública en los cuales la perspectiva de género sea un eje transversal de todos los niveles y órdenes del gobierno.

Asimismo, a pesar de haber avanzado en materia de paridad de género en la representación política del Congreso federal, en los congresos estatales hace falta mucho camino por recorrer, mientras que en los municipios el acceso a los cargos de presidente municipal sigue siendo por arriba del 90% a favor de los hombres.

Necesitamos avanzar decididamente hacia la construcción de presupuestos con perspectiva de género y perspectiva de derechos de las niñas, niños y adolescentes. Y en esa misma lógica, en la construcción de planes estatales y municipales de desarrollo construidos con perspectiva de derechos humanos, pero con la capacidad de realmente ordenar la acción pública en lo estatal y lo municipal.

Reconciliar al país exige construir relaciones de igualdad, tanto entre hombres y mujeres, como entre las distintas generaciones. Urge en esa lógica, diseñar una estrategia renovada de largo plazo, sustentada en una ética del rostro, es decir, una ética de la otredad que nos permita ver en cada persona un fin en sí mismo y jamás, como lo escribió alguna vez Kant, como un medio para alcanzar algo más allá de la persona misma.

Eliminar la violencia, dicen algunos, es imposible, pero aun en ese escenario, sí es posible construir una sociedad para la paz y la igualdad sustantiva; Islandia, Finlandia, Suecia y Noruega están avanzando en esa ruta, así que no es válido, simplemente, decir que nosotros no podemos, porque tenemos que poder, de otro modo estaremos condenados a ser un país siempre injusto y siempre mutilado en sus capacidades para la paz y la convivencia solidaria y respetuosa de la otredad.

@MarioLFuentes1

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