Miércoles, 07 Marzo 2018 11:00

El tenebroso universo de Poe. Los tormentos de un escritor de alas negras

Escrito por Rosa María Fajardo
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Los momentos de locura se alternaban con prolongados momentos de lucidez que me resultaban insoportables. Durante estos ataques de inconsciencia total bebía, y sólo Dios sabe en qué cantidad y con qué frecuencia. Obviamente, mis amigos achacaban la locura a la bebida y no la bebida a la locura. Edgar Allan Poe.

Escritor, poeta y ensayista estadounidense, Edgar Allan Poe, perteneciente a la corriente del Romanticismo, representa una figura fundamental en el panorama de la literatura mundial. Con sus libros fue capaz de hurgar en las profundidades del ánimo humano, dando nuevo vigor al romance gótico, y desarrollando el género policiaco y el drama psicológico. En 1836 se casa con Virginia Clemm, su prima de 14 años. Su vida privada le reserva amarguras. Virginia se enferma de tuberculosos durante el invierno de 1846 y muere un año después. Poe sigue publicando cuentos y poesías, pero luego de la muerte de su esposa, cae en una oscura depresión, alimentando un proceso de autodestrucción causado por el abuso de alcohol.

La figura de Poe toma nueva formas de vida en cada uno de los que se han tratado de comprenderla, interpretarla, recrear y evocar su reflejo.  Uno de los elementos de mayor fascinación es su narrativa que estimula la sensibilidad y la atractivo que en nosotros resulta lo desconocido, además la “cosquilla” de lo inquietante, lo incómodo, las obsesiones, más aún, algo que vaya contra natura. Es en este sentido de priorizar los sentimientos que su estilo refleja algunas de las principales características del Romanticismo como oposición al racionalismo. Con su vida desordenada e inquieta y su comportamiento rebelde, Poe encarna la típica figura del artista romántico y anticipa la del “poeta maldito”, por lo que fue admirado por Charles Baudelaire, quien le aseguró fama en Europa traduciendo  sus cuentos.


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Resulta interesante que sea su llamada “irresponsabilidad” en la selección de las palabras la que al final done el toque cautivador que nos deje ahí, orbitando en la inigualable musicalidad de su poesía. Los sentimientos generados a través de la descarnada descripción de quien los experimenta resultan más relevantes en tu toque horrido que incluso dejan en segundo plano los fríos muros de misteriosos castillos, terroríficas celdas o bosques misteriosos. Describió como pocos el sentido del horror y del misterio escondido en la realidad. El monstruo humano de Poe es más horrido que cualquier creación de laboratorio, es por ello que el universo de Poe no se ubica ni en lo real ni en el sobrenatural, sino que se trata de un mundo mental edificado con la realidad objetiva.

Uno de los elementos esenciales de sus cuentos es el particular manejo de los protagonistas: ellos no son concebidos por el autor como simples personajes, sino como figuras, casi abstractas e incorpóreas, tan poco reales que parecen no tener una consistencia física. Pero al mismo tiempo, la técnica narrativa de Poe, basada en el la primera persona, asegura un fuerte involucramiento emocional: el protagonista, recurriendo a un soliloquio, habla en primera persona y el lector asiste de tal forma al desarrollo de los hechos a través de los propios ojos del personaje. De tal forma, quien lee sabe de viva voz del protagonista lo que le ha sucedido, y conoce con detalle las razones de lo han impulsado a reaccionar, los pensamientos y sentimientos que han acompañados su emociones.

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Los temas tocados en los varios cuentos de Poe son numerosos y revelan su extraordinaria habilidad inventiva: hay muertos que regresan de la tumba, como en “Ligeia”, donde el protagonista, que es la misma voz narrativa, nos habla de la amadísima esposa, bella, inquietante, piel diáfana, inteligente y culta. Los temas presentes son el sentimiento de amor atormentado. Un amor que perdura más allá de la existencia y sin la total posesión del ser amado ni de su identidad. La recurrente adolorada pérdida que llevan a las cimas del dolor. Idealización y, a la vez, misma parte de su identidad y su guía: “Sin Ligeia era yo un niño a tientas en la oscuridad. Sólo su presencia, sus lecturas, podían arrojar vívida luz sobre los muchos misterios del trascendentalismo en los cuales vivimos inmersos”. La búsqueda de consuelo en los brazos de Rowena que no bastan para aplacar el lacerante dolor del recuerdo de Ligeia. Y las mieles de ese malogrado matrimonio se vuelven amargas. Encontramos también hombres prisioneros de la locura (“El gato negro”), la propia aparición de la muerte (“La máscara de la Muerte Roja”). Casi todos los cuentos de Poe tienen un elemento en común: son cuentos que se podrían definir de fantasías, pero que logran expresar más a detalle la fragilidad del hombre frente a la realidad, que aparece hostil e indescifrable. Es una dimensión pesimista, una visión del mundo indudablemente negativa, en la que Poe parece mostrar los límites de la razón humana para explicar el universo y el enigma de la existencia. En su perspectiva, el hombre se encuentra solo y perdido en un mundo incomprensible y, por lo tanto, terrible.

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En lo que respecta el arte poética de Poe, es necesario partir principalmente de la obra por la que es más conocido: “El cuervo”, publicada por primera vez en 1845. En esta poesía, de inspiración gótica, Poe exalta uno de los temas fundamentales de su literatura: el sentido de la muerte, el paso incesante del tiempo, la angustia de frente a la pérdida de las personas amada. La trama presenta una sola escena: el protagonista, luego de la muerte de su amada Leonor, oye tocar a la puerta durante una noche tormentosa. Un cuervo negro entra en la habitación y, posado sobre un busto de Minerva, inicia a responder a las preguntas del hombre, repitiendo una simple palabra: “nunca más”. Pero el hombre continúa obstinadamente a bombardear al cuervo de preguntas sobre las que nunca tendrá respuesta negativa. ¿Encontrará alguna vez a su amada Leonor?, ¿encontrará paz en su vida? Imperturbable, el cuervo responde siempre de la misma manera: “nunca más”. Y, sin embargo, el protagonista, aun sabiendo que la respuesta será siempre la misma, no puede dejar de preguntar, no pude dejar de esperar. Pero la esperanza parece ser vana, y lo que queda es sólo el dolor, mismo que el tiempo no sabe curar y que, por el contrario, parece ser una tortura sin fin y la única palabra que queda.

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Por su parte, en “Annabel Lee” Poe explora el tema de la muerte de una bella mujer. El narrador, enamorado de Annabel cuando ambos eran jóvenes, sigue amándola hasta después de su muerte y su amor, así de fuerte y sólido fue capaz de poner celosos a los ángeles:

“Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.

Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí...”

Esta poesía se concentra en un amor ideal de extraordinaria intensidad. De hecho, las acciones de la voz narrativa no sólo muestran el amor hacia la mujer, sino idolatría, algo que ciertamente ocurre luego de su muerte. El narrador evidencia que ambos eran niños cuando se enamoraron, pero la explicación de la muerte de la mujer, debida a los ángeles celosos resulta “infantil” y sugiere que quizá no haya “crecido” tanto desde entonces. A diferencia de “El cuervo”, donde el narrador cree que nunca jamás se reunirá con su amor, en “Annabel Lee” se sostiene que ambos enamorados estarán juntos de nuevo, desde el mismo instante que ni los demonios podrán separar sus almas.

 

Rosa María Fajardo @RosaMFajardoG

Escritora y periodista. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM, con equivalencia de grado por la Università degli Studi di Trieste en Italia. Máster en Escritura Creativa en la Università degli Studi Suor Orsola Benincasa de Nápoles y Maestría en Literatura y Creación Literaria en la Casa Lamm. Fue catedrática en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y correctora de estilo del suplemento sábado de unomásuno. Ha colaborado en medios mexicanos como los suplementos sábado y Acento X, de unomásuno y en la revista Generación, y en Italia en la revista literaria Lìnfera y el suplemento cultural INK del periódico universitario Inchiostro. Es coautora de la revista Los Sembradores de Historias y los libros de cuento Aún espero algo mejor e Impaciente Espera, publicados en Italia con el grupo literario Trattolibero. Actualmente es docente en el Tecnológico de Monterrey.

 

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