Viernes, 04 Septiembre 2015 00:00

Licantropía

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La luna flotaba en el cielo nocturno de Roma cuando Amanda salió, hace muchos años, luciendo su juventud como joya preciosa, a vagar por los bares de la ciudad, como lo hacía algunas veces en noche de luna llena, ganándose el sobrenombre de “la loba”, del cual, además, estaba orgullosa. Hasta ahora nunca se había enamorado, parecía no tener suerte con los hombres porque todos huían a las primeras señales de su licantropía. Era una amante demasiado exigente. Pero esa noche conoció a su primer amor verdadero en el “Balas de plata”.

Jueves, 06 Agosto 2015 00:00

Satonel. Plumas vivas de ángel

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para Huberto Batis

La noche que encontré al ángel herido en el ala derecha podría decir, para embellecer el momento, que había cielo desbordado de estrellas, o que él venía a buscarme. Sin embargo, era una noche fría, de cielo espeso y sin nada particular; quizá sólo destacaba una ligera bruma como infausto augurio. 

Jueves, 09 Julio 2015 00:00

De profundis

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“Ámame dos veces por si no te vuelvo a ver”. Esas fueron las últimas palabras de Analuz antes del orgasmo. Sabía que su encuentro con aquella aparición duraría apenas unas horas, y habría dado con gusto los años que le quedaran de vida por un sólo minuto más entre sus brazos.

La espalda desnuda, húmeda de sudor y surcada por un hilo de sangre, impresa en una fotografía blanco y negro, sería la única prueba de su noche con un vampiro.

Ajos, estaca y crucifijo salieron sobrando para Eterna y su amante nocturno. Como el irreconciliable amor entre la muerte y la vida fue su encuentro, no tan casual, en el “Café de la Luna”, aquel martes de la noche más cruda de todo el invierno. La sutil cortada provocada en el índice derecho por una hoja de papel alertó los sentidos del oscuro.

Viernes, 01 Mayo 2015 00:00

María de los Desamparados

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“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”, dijo el sacerdote a María de los Desamparados aquella tarde de un Miércoles de Ceniza del cielo cuajado de nubes, en la iglesia de san Sebastián, en Venecia. Después del rito se arrodilló frente a la inquietante figura del santo, aquél que hasta ahora, más que todos, la había envuelto en la más conturbada de las pasiones y el único del cual no había logrado aún saborear las turbias mieles. Y mientras se perdía en la mirada lánguida de la estatua, recuerdos de sus pasadas follie d’amore comenzaron a atravesarle la mente, como las flechas clavadas en el costado del santo.