Lunes, 03 Octubre 2016 19:41

SARA

Escrito por

Quita la sábana, siéntate en la orilla de la cama. Quita el Rolex, pósalo con la carátula hacia arriba entre el despertador y el abat-jour. Controla el despertador, cuatro veces el botón al centro, los números verdes que señalan 06.30. Otra vez el botón a la derecha. Haz crujir las vértebras del cuello primero a la derecha y luego a la izquierda, levanta las sábanas y métete abajo

''No me deje aquí doctor, le ruego, le suplico, lléveme a casa, me esperan los niños, no me puedo quedar en lo absoluto y, además, aquí está lleno de locos: ¿no los ve escondidos en las escaleras que nos miran, allá atrás? Tengo miedo, lléveme de aquí''

No tenía sueño y la televisión no transmitía nada interesante. Oprimía los botones del control remoto repetidamente, uno detrás de otro, casi sin mirar el programa transmitido en cada canal

Siento que el fémur está por romperse, pero resisto. Estoy endurecido a lo largo del costado, en improbabile equilibrio sobre una barda, como un cuchillo apoyado del lado del filo. El hueso me molesta mucho -creo que desde hace media hora- y estoy pensando en una strategia alternativa

Cuando esa mañana sonó el teléfono miré instintivamente el reloj porque me parecía aún temprano para recibir llamadas; de hecho, no eran ni siquiera las ocho.

Una vocecita interna me decía: "no respondas, a esta hora pueden ser sólo molestias, deja ese teléfono".

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