Martes, 16 Agosto 2016 00:00

Los desafíos de las enfermedades

Escrito por Mario Luis Fuentes / México Social
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De acuerdo con datos del INEGI, en 2014 fallecieron 94 mil personas por diabetes mellitus; y de continuar las tendencias, la proyección indica que en 2017 podrían rebasarse, por primera vez, las 100 mil defunciones por esta causa. Asimismo, sólo en 2014 se contabilizaron 133 mil defunciones por enfermedades hipertensivas y del corazón; así como 11,411 defunciones, atribuidas directamente al consumo de alcohol

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El Sector Salud es una de las estructuras más robustas del Estado mexicano en cuanto a presencia, disponibilidad presupuestal y capacidades de intervención. De manera histórica, se han obtenido importantes logros en materia de vacunación, erradicación y control de enfermedades, así como ampliar de manera relevante la cobertura de servicios.

A pesar de ello, tenemos en el país importantes retos, algunos de larga data, y otros en proceso de expansión, que obligan a revisar cuáles son los principales retos, en un país en el que es urgente mejorar la calidad de los servicios, y desde luego, consolidar un sistema universal que contribuya a la formación de una idea compartida de proyecto nacional, y que también logre fortalecer el sentido de pertenencia a la gran idea que es México.

Los determinantes sociales de la salud

De acuerdo con la Secretaría de Salud, hay un grupo de causas de mortalidad que pueden ser calificadas como “evitables” y “en exceso evitables”; se trata de enfermedades que causan la muerte, pero que, dado el grado de desarrollo y recursos disponibles, son padecimientos que se podrían prevenir y evitar.

Estos padecimientos responden a lo que se denomina como “determinantes sociales de la salud”, es decir, el conjunto de factores sociales, económicos, culturales y ambientales que influyen negativamente en la salud de las personas, provocando padecimientos, o incluso la pérdida de la vida.

En el caso mexicano, estos determinantes sociales, asociados a la pobreza, la desigualdad y la marginación, han llevado a una peligrosa configuración de factores de riesgos, que han provocado la “aparición” de una nueva epidemiología, marcada por tendencias de morbilidad y mortalidad que se concentran en dos grandes grupos: las enfermedades hipertensivas y del corazón, y la diabetes mellitus.

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Corazones enfermos

Tanto las enfermedades del sistema circulatorio como la diabetes mellitus, representan una poderosa síntesis de las precarias condiciones sociales en que vive nuestra población, y que van mucho más allá de la atención directa a la salud. Las consecuencias son severas: De acuerdo con las estadísticas sobre mortalidad del INEGI, entre los años 2005 y 2014 han fallecido en el país 184,694 personas, a causa de enfermedades hipertensivas; a ellas se suman, en el mismo periodo, las causadas por isquemias del corazón, en cuyo caso suman 715,011 defunciones en el periodo señalado.

Se encuentran además 333,216 defunciones causadas por enfermedades cerebro-vasculares; por lo que, en su conjunto, estos tres padecimientos, suman un total de 1.23 millones de defunciones en los 10 años considerados.

Un severo veneno

De acuerdo con los datos sobre mortalidad del INEGI, entre los años 2005 y 2014 han fallecido en el país 101,676 personas por cirrosis hepática alcohólica; cifra a la que deben agregarse 25,662 casos más de diversas enfermedades del hígado, ocasionadas directamente por el alcohol, situación que muestra no sólo la urgencia de fortalecer las políticas de prevención, sino también las relativas a la modificación de patrones culturales y hábitos de consumo que, como se ve, pueden llevar fácilmente a las personas, a una muerte dolorosa.

Una amarga trayectoria

Las características sociodemográficas de nuestro país nos han llevado a la configuración de una nueva epidemiología, que está determinando las tendencias de mortalidad. Ello, asociado a los determinantes sociales de la salud, están generando una enorme mortandad generada por la diabetes mellitus (fundamentalmente la Tipo 2), causa por la cual el INEGI estima que entre los años de 2005 al 2014, han fallecido en el país 791,738 personas (más del 10% de las defunciones totales ocurridas en el periodo).

En efecto, el número de decesos por esta causa va en acelerado aumento; pues mientras que en el año 200 se contabilizaron 46,614 casos, los cuales representaron el 10.6% de las defunciones totales del país; para el año 2010 la cifra creció a 82,964 casos, los cuales representaron el 14% de las defunciones totales; y para 2014 la cifra reportada por el INEGI fue de 94,029 decesos, que representaron el 14.8% del total.

De continuar esta tendencia, es posible estimar para el 2015 un aproximado de 95,548 defunciones; para el 2016 98,467; y para el 2017 un total de 101,385 defunciones por diabetes, año en que, como puede verse, se rebasaría la suma de cien mil decesos anuales por la causa señalada.

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Otros retos

Aunque debe insistirse en que la mortalidad evitable y en exceso evitable exige de un nuevo curso de desarrollo para el país, el Sector Salud, en tanto cabeza de sector, enfrenta de manera visible varios retos: a) reducir la mortalidad infantil; b) reducir la mortalidad materna; c) reducir las tasas de mortalidad por enfermedades diarreicas, respiratorias y por deficiencias nutricionales en menores de 5 años; d) sostener e incrementar las tasas de vacunación en menores de 5 años; e) potenciar la oferta de servicios de salud para las y los jóvenes, y en particular los servicios de salud sexual y reproductiva; todo ello en el marco del mandato establecido en los Artículos 1º y 4º de nuestra Carta Magna.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 16-Agosto- 2016, p.

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El viernes pasado de dio a conocer el Informe Anual sobre Pobreza y Rezago Social, 2015, con el propósito de orientar la inversión para la infraestructura social en los Estados. La información oficial muestra, sin embargo, que a pesar de los recursos aplicados en los últimos años las desigualdades y la pobreza persisten, sobre todo ahí, en donde más se invierte. La evidencia sugiere que el problema no son los programas, sino el modelo de desarrollo; y ese es el debate pendiente.

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