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Martes, 07 Mayo 2013 01:00

Embarazo adolescente: fenómeno expansivo

Escrito por  Mario Luis Fuentes / CEIDAS
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En 2011, nacieron en México 472,987 niñas y niños cuyas madres eran menores de 19 años; de ellas, 11,521 tenían menos de 15 años. Esta cifra implica que prácticamente uno de cada cinco partos en México se registra en esos grupos de edad. Según el INEGI, los estados con mayor porcentaje de embarazos adolescentes son: Chihuahua, Coahuila, Durango, Nayarit, Sonora y Sinaloa. Es de destacarse que entre la población femenina adolescente, el 25% no tiene acceso a métodos anticonceptivos, mientras que para el resto de las mujeres el no acceso es de 12.4%.

El próximo viernes se celebra en México el día de las madres, una de las fechas que, sociológica y culturalmente hablando, resulta de las más emblemáticas en la idiosincrasia nacional. En ese día, literalmente, el país se moviliza en un esfuerzo colectivo por demostrar a la mayoría de las madres que se les quiere y se les reconoce.

La maternidad ha sido siempre, en prácticamente todas las culturas, y parafraseando al poeta Octavio Paz, motivo de ceremonia y celebración. Esto es así, por la fascinación que ha generado siempre el fenómeno de la vida y la continuación simbólica y material de la especie.

A pesar de lo anterior, cuando el embarazo no es producto de una decisión libre e informada puede generar consecuencias graves para los progenitores, y en particular para las mujeres, quienes enfrentan desde procesos de estigma y discriminación, hasta un alto riesgo de muerte a consecuencia del parto.

Dada la magnitud del fenómeno en México, en esta entrega de México Social y Excélsior mostramos las principales cifras que permiten dar cuenta de la urgencia de diseñar nuevas políticas y estrategias de prevención de uno de los fenómenos sociodemográficos de mayor complejidad en nuestra sociedad.

Una alta fecundidad

De acuerdo con las estadísticas de natalidad del INEGI, en el año 2011 nacieron en el país 2.58 millones de niñas y niños; de ellos, 473 mil tuvieron como madre a una mujer que al momento del parto tenía menos de 19 años de edad. Esta cifra es equivalente a 18.4%, es decir, prácticamente uno de cada 5 niñas y niños que nacieron en 2011 son hijos e hijas de madres adolescentes.

Los factores que dan origen a estas cifras son múltiples y revelan la necesidad de construir más y mejores estudios que permitan prevenir de manera adecuada los embarazos no deseados, particularmente a una edad temprana.

Lo anterior porque durante muchos años se asoció este fenómeno, casi de manera exclusiva, a la pobreza y la escolaridad. Sin embargo, los datos muestran que aun cuando Chiapas y Guerrero son las dos entidades que presentan mayor tasa de fecundidad para el grupo de mujeres entre los 14 y los 24 años de edad, en tercer y cuarto sitio se encuentran los estados de Aguascalientes y Durango, los cuales superan ampliamente en términos de desarrollo social y humano a los estados del sureste.

Por otro lado, los estados en los que se registra el mayor porcentaje de embarazos en mujeres menores de 19 años, respecto del total estatal son: Chihuahua, con 22%; Coahuila con 21.7%; Durango con 20.6%; Nayarit con 20.2%; y Sinaloa y Sonora con 19.3%, respectivamente.

Es necesario destacar adicionalmente, que a menor edad de la mujer en su primer embarazo, es mayor la probabilidad de que tenga más hijos a lo largo de su vida. En efecto, la información del INEGI muestra que de los 11,521 partos en mujeres de hasta 15 años de edad registrados en 2011, en 1,038 casos son mujeres que ya tienen 2 hijos; 470 tienen 3 hijos; 212 tienen 4 hijos, 121 tienen 5 hijos, mientras que 66 niñas en esa edad tienen 6 hijos.

Por otra parte, en el grupo de las mujeres de 15 a 19 años de edad, entre quienes se registraron 461,466 partos en 2011, en 354,326 casos fueron madres por primera vez; en 84,375 casos es ya su segundo hijo; en 16,165 casos son mujeres con ya tres hijos; en 3,674 casos se trata de mujeres con ya cuatro hijos; en 1,304 casos con cinco hijos; y en 630 casos con seis hijos.

Sin trabajo

Al ser mujeres con una edad muy corta, la gran mayoría de ellas se encuentra sin trabajo al momento de tener a sus hijos. En efecto, de los 11,527 casos de niñas menores de 15 años que se convirtieron en madres en el año 2011, únicamente 812 tenía una actividad laboral remunerada; es decir, apenas el 7% de ellas.

Es evidente que al tener una edad tan corta, también su grado de escolaridad es muy bajo; así, considerando que hasta el 80% de estas niñas trunca su trayectoria escolar, es previsible que en el futuro cercano y en el largo plazo, la mayoría vaya a enfrentar condiciones sumamente adversas tanto en el ámbito laboral como en el académico.

En un caso similar se encuentran las adolescentes que al momento del parto tenían entre 15 y 19 años de edad, pues de los 461 mil casos de partos contabilizados en 2011 en este grupo de edad, únicamente 39,415 de esas jóvenes trabajaba, es decir, apenas el 8.35% del total.

El dato es de destacarse, pues, al tener una corta trayectoria escolar y una prácticamente nula experiencia laboral, la búsqueda de incorporación de estas niñas y adolescentes al mercado laboral se da en altas condiciones de riesgo que las orilla, en miles de casos, a aceptar condiciones de informalidad, pero en otros de explotación laboral, y en los casos extremos, hasta convertirse en víctimas de la explotación sexual comercial o la trata de personas.

El extremo, una mortalidad temprana

El factor de la edad es uno de los que mayor cantidad de riesgos representa para la salud y la vida, tanto de las mujeres que se embarazan teniendo menos de 19 años, como para sus hijas e hijos.

De acuerdo con los datos del INEGI, las muertes maternas de las niñas y adolescentes representan, en promedio, el 13% del total de las contabilizadas en las últimas dos décadas, es decir, entre 1990 y el año 2010.

El dato es digno de ser destacado porque la mortalidad materna en este grupo de edad se ha mantenido constante a lo largo de los últimos 20 años, lo cual implica que los riesgos asociados a los embarazos a corta edad no han logrado reducirse. Al respecto, quizá el dato a destacarse es que en 2011 se llegó precisamente al récord en el porcentaje de muertes maternas en la edad adolescente, pues en ese año estos fallecimientos representaron el 14% del total de las defunciones de mujeres durante o a consecuencia del parto.

En números absolutos, lo anterior significa que de los 28,580 casos de muertes maternas que ha habido en el país, en 3,659 de ellos quienes perdieron la vida eran niñas y adolescentes menores de 19 años.

Tal cifra es superior a la registrada en las defunciones maternas en mujeres de 40 a 44 años; pues entre ellas la cifra acumulada en las últimas dos décadas es de 1,944 casos; lo anterior significa que el riesgo de morir durante o a consecuencia del parto es prácticamente del doble, cuando se tiene menos de 19 años, que cuando se han rebasado los 40 años de edad.

Pocas opciones para evitarlo

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica Demográfica (ENADID), el grupo de mujeres con menos acceso a métodos de anticoncepción, ya sea para espaciar los embarazos, como para evitarlos, es precisamente el de los 15 a los 19 años de edad.

Por ejemplo, para las mujeres que tienen entre 20 y 24 años de edad la demanda no cubierta de métodos anticonceptivos es de 17.7%; para las mujeres entre los 25 a los 29 años de edad es de 14.4%; para quienes tiene entre 30 y 34 años de edad es de 11%. En contraste, para las niñas y adolescentes menores de 19 años el porcentaje es de 25%; es decir, una de cada cuatro que desea evitar o espaciar sus embarazos no tiene acceso a  métodos de anticoncepción.

*Columna publicada con el mismo nombre en el periódico Excélsior, 07- Mayo- 2013, p.23

METODOLOGÍA                                                                            

La selección de los indicadores para elaborar esta investigación se apegó a los siguientes criterios: 1) provienen de fuentes oficiales o de organismos internacionales; 2) son datos con representatividad nacional; 3) son datos con rastreabilidad, con la misma metodología durante los últimos diez años.

(*) Este texto se elaboró con material del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social

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