MÉXICO SOCIAL EN EXCÉLSIOR

Domingo, 01 Mayo 2016 00:00

Mayo 2016

Escrito por Mario Luis Fuentes (@ML_Fuentes)
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Entre los años 2005 y 2014 nacieron en el país, como promedio anual, 2.56 millones de niñas y niños, es decir, 25.6 millones de alumbramientos en sólo una década. De ellos, en 109,806 casos las madres eran niñas menores de 15 años y en 4.43 millones de los casos se trataba de adolescentes y jóvenes en edades que van de los 15 a los 19 años.

La evidencia muestra que una niña o adolescente que se convierte en madre enfrenta severas dificultades de movilidad social, sus hijas e hijos están más expuestos a la violencia y, en general, viven en contextos y condiciones de alta vulnerabilidad social, aunados a severas condiciones de pobreza. Continuamos atrapados en una cultura que sigue sin comprender que las niñas, los niños y las y los adolescentes son sujetos plenos de derechos, y que, en congruencia, deberían estar recibiendo servicios apropiados para su edad en términos de salud sexual y reproductiva, pero también de capacidades para la vida y para la toma inteligente de decisiones.

 Es de lamentar, en ese sentido, que en la aprobación de la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes se haya impuesto una vez más el pragmatismo de los acuerdos políticos, antes que la indeclinable exigencia de cumplimiento del principio del interés superior de la niñez; y que haya sido omitido deliberadamente reconocer el conjunto de sus derechos sexuales y reproductivos.

Una ley que omite deliberadamente este conjunto de derechos se constituye en un marco jurídico que condena a la desprotección de las niñas, los niños y las y los adolescentes en uno de los aspectos clave para el adecuado ejercicio de los otros derechos, tanto en el presente como en el futuro.

Por ello es de interés superior para el país reformar a la ley vigente para incluir explícitamente este conjunto de derechos y delinear desde ahí los criterios fundamentales desde los cuales debe anclarse una política pública en la materia, que contribuya a su vez a la garantía plena e integral de sus derechos humanos.

En este marco, alejado de los escenarios deseables, tanto la tasa global de fecundidad como la tasa específica de fecundidad adolescente se encuentran en rangos muy lejanos a las metas que se proyectaron hace 30 años. Respecto de la primera, se esperaba que México tuviera una tasa entre 1 y 1.4 hijos por cada mujer en el rango de 12 a 49 años de edad. Por el contrario, tenemos una tasa de 2.2.

En el caso de la tasa específica de fecundidad adolescente, el indicador se ubica en 69 hijos por cada mil mujeres de entre 15 y 19 años de edad, cifra preocupante no sólo por su magnitud, sino por su tendencia creciente, pues, en efecto, de acuerdo con los datos del INEGI, casi en 20% de los nacimientos que se registran en el país, la madre era una adolescente.

Lo que es claro es que urge recobrar a la política de población como una verdadera política de Estado, pues, aunque pareciera de inicio una “verdad de perogrullo”, lo cierto es que todos los indicadores económicos y sociales, es decir, la posibilidad y las rutas que hay que transitar para construir una sociedad de bienestar, tienen como primer gran referente la magnitud y distribución demográfica de la sociedad.

A ello debe agregarse además la profunda transformación que se está generando en la composición, estructura y dinámica de los hogares, pues, al haber cada vez más mujeres adolescentes que tienen al menos un hijo, la tendencia indica que a lo largo de la vida presentan una tasa de fecundidad más alta, pero también una estructura de hogares tendiente a lo que algunos expertos llaman su “feminización”; es decir, en general se trata de hogares con una presencia mayoritaria de mujeres, conviviendo solas en dos, tres y hasta cuatro generaciones distintas.

Estos temas, asociados a la doble o triple jornada laboral, a la carga asumida del trabajo doméstico no remunerado y en un contexto de severas desigualdades y escasas oportunidades, perfilan escenarios sociales de alta complejidad, pero que determinan al mismo tiempo la reproducción de pobreza y desigualdades crecientes.

 

 

MLF

Mario Luis Fuentes

Director general del CEIDAS, A.C.; en la UNAM es integrante de la Junta de Gobierno; Coordinador de la Especialización en Desarrollo Social del Posgrado de la Facultad de Economía; Investigador del Programa de Estudios sobre el Desarrollo; y titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas.

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