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La desigualdad tiene género

por Jonathan Rubio

La desigualdad de género impone desventajas en perjuicio de niñas y mujeres por el simple hecho de serlo, restringiendo el cumplimiento de sus derechos, por lo que enfrentan cada día un sinnúmero de retos que evidencian las inicuas brechas entre hombres y mujeres


Brechas irreductibles

La lucha por la igualdad de género data de hace siglos. Frente a ello, la ONU declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer a fin de promover el empoderamiento de niñas y mujeres, pues la inequidad de género está presente en casi todos los ámbitos de las sociedades.

Los roles de género, respaldados por ancestrales estereotipos entre lo masculino y lo femenino, impiden la plena autonomía de las mujeres y entrañan una lógica misógina y discriminatoria que en su punto más extremo llega a los feminicidios.

Sobrevivir en un mundo de hombres

Las diferencias entre hombres y mujeres van más allá del núcleo familiar: en el ámbito laboral, los hombres suelen tener mejores puestos, y las mujeres participan menos y perciben ingresos más bajos.

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De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, la tasa de participación económica femenina para marzo del año pasado se ubicó en apenas en el 43 por ciento.

Esa cifra significa que únicamente el 44% de las mujeres mexicana que están en edad de trabajar se encuentran trabajando o buscando empleo, es decir, solo ese porcentaje de mujeres forma parte de la Población Económicamente Activa de nuestro país.

Comparado con la participación económica de los hombres, de 77%, la participación de las mujeres en el mundo laboral se encuentra a 34 puntos porcentuales de desventaja.

Lo anterior quiere decir que el 57% de las mexicana no se incorporan al mercado laboral, lo cual refleja una fuerte problemática que puede deberse a factores como que dependan económicamente de alguien más o que no encuentren condiciones óptimas para poder incorporarse al mundo laboral, por los bajos salarios, las pocas prestaciones para la maternidad y las dificultades que enfrentan en relación con el cuidado de los hijos, entre otras.

Trabajar igual, ganar menos

Las mujeres trabajadoras suelen tener una desventaja salarial frente a los hombres.

Mientras que un 39% de la población masculina que trabaja recibía hasta dos salarios mínimos, la proporción de trabajadoras con este mismo nivel de ingresos fue de 51 por ciento.

De igual forma, un 35% de los hombres trabajadores percibían entre dos y cinco salarios mínimos, comparado con un 24% de mujeres en ese mismo nivel de ingresos.

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En contraparte, en el nivel de cinco o más salarios mínimos, la proporción de trabajadores masculinos que se encuentran en ese nivel de ingresos es del 5%, superior al 4% de mujeres.

Los mismo sucede con el trabajo no remunerado, ya que el 7% de las mujeres trabajadoras no recibe ingresos, contra solo un 6% de hombres.

En suma, el 73% de las mujeres que trabajan reciben tres o menos salarios mínimos, mientras que en los trabajadores del sexo masculino, esta misma proporción es del 66 por ciento.

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El ineludible trabajo en casa

Las labores del hogar continúan siendo una actividad predominantemente llevada a cabo por mujeres: la Encuesta Intercensal reveló que las mujeres dedican un total de 48.5 horas por semana a trabajos dentro del hogar no remunerados, comparado con las 19.5 horas que dedican los hombres: esta diferencia representa una brecha de género de 28.9 horas.

En algunos estado como Aguascalientes, Zacatecas, Sonora y Coahuila, esta brecha de género de trabajo no remunerado es superior a las 35 horas.

Lo mismo sucede con los puestos de toma decisiones y la participación femenina en la política. La brecha más grande en este ámbito se encuentra en las presidencias municipales, ya que en 2017, según el altas de género de Inegi, el 86% de los presidentes municipales de todo el país eran hombres.

De acuerdo con el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED), tomando en cuenta los resultados de las elecciones de 2018, un total de 513 mujeres ocuparon este cargo, apenas un 19% del total.

Las más vulnerables

Existe un consenso entre la comunidad científica sobre la fuerte relación entre la brecha de género y la situación de pobreza, por lo que la condición de desventaja de las mujeres frente a los hombres, constituye también una barrera para la disminución de la pobreza.

Cabe señalar que la pobreza y la desigualdad de género no son causantes ni consecuencia una de la otra: es un fenómeno que está presente en toda la sociedad más allá de las condiciones socioeconómicas de las personas.

Sin embargo, el rezago educativo, la asignación exclusiva del trabajo doméstico, la falta de autonomía y sufrir violencia, entre otras, son manifestaciones de la desigualdad de género que complican la superación de la pobreza.

Derivado de la desventaja a la que se enfrentan las mujeres en el ámbito laboral, se explica, en parte, que una mayor proporción de población femenina sea vulnerable por ingresos; es decir, no tienen carencias sociales, pero sus ingresos son inferiores a la línea de bienestar.

Estos ingresos son insuficientes para adquirir la canasta alimentaria más una serie de servicios como el mantenimiento de la vivienda, el transporte público, entre otros.

De acuerdo con el Atlas de Género del Inegi, en todo el país un 7.5% de la población femenina es vulnerable por ingresos, comparado con un 6.5% de la población masculina.

La brecha de género se agudiza cuando el jefe del hogar es mujer y se encuentra en situación de pobreza. De acuerdo con la Encuesta Intercensal de 2015 de Inegi, en México las mujeres son jefas de familia de 9.3 millones de hogares de los 31.9 millones que se registraron en todo el país, es decir, el equivalente al 29 por ciento.

Adicionalmente, el Atlas de Género reveló que por cada 100 jefes del hogar que se encuentran en pobreza, existen 33 hogares con jefatura femenina en pobreza.

Sin casa propia

Además de la situación de pobreza y de las condiciones laborales, también destaca la asignación de los bienes materiales, en especial, la tenencia de las viviendas, donde también hay una brecha de gran relevancia.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal de 2015 de Inegi, de 21.6 millones viviendas particulares habitadas que hay en nuestro país, solo en el 35% de los casos era dueña una mujer, contra un 56% de hombres que son propietarios de la vivienda que habitan.

Las brechas de género y la consecuente trasgresión de sus derechos son una realidad para miles de mujeres mexicanas. Erradicar estas injusticias es requisito indispensable para lograr el desarrollo y la igualdad que nuestra entidad y nuestras mujeres necesitan con urgencia.

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