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La fracturada frontera sur

La fracturada frontera sur

México tiene una frontera sur no solo “porosa”, sino socialmente fracturada, y que es preciso conocer con mayor detalle y profundidad, sobre todo, en el actual contexto de modificación de la política migratoria mexicana, y de la complejidad social que habrá de crecer en las próximas semanas y meses, con la cada vez más fuerte presencia de la Guardia Nacional en aquella zona.


Foto: Joachim Pietsch

Por esto, es importante conocer cuáles son las características sociales del territorio por el que tradicionalmente habían entrado las personas migrantes provenientes de Centroamérica, y en el cual en numerosos casos permanecen de manera prolongada.

LA DIMENSIÓN

El primer dato a destacar respecto de la frontera sur mexicana es que hay 27 municipios fronterizos localizados en los estados de Chiapas y Tabasco. Esto es importante porque mediáticamente el más conocido es Tapachula, donde se da la mayor cantidad de cruces, pero cuya relevancia impide ver con claridad lo que ocurre en otros municipios de la región.

LA INFINITA POBREZA

En todos los municipios de la frontera sur mexicana es superior al 50%; de hecho, de los 20 municipios de los que se tienen datos en el 2015, en cuatro de ellos la proporción de personas en pobreza era de entre 55.4% y 68.6%. En tres municipios la pobreza superaba el 70%, pero era menor de 80%; mientras que en 12 municipios la pobreza era de 80 y hasta 97% de sus poblaciones.

Fuente: elaboración propia con base en los tabulados de la Medición Multidimensional por Municipios, 2015, www.Coneval.org.mx

En efecto, los municipios ubicados en la frontera son: Amatenango de la Frontera, Bejucal de Ocampo, Cacahoatán, Frontera Comalapa, Frontera Hidalgo, Las Margaritas, Mazapa de Madero, Metapa, Motozintla, Ocosingo, Palenque, Suchiate, Tapachula, La Trinitaria, Tuxtla Chico, Unión Juárez, Benemérito de las Américas, Maravilla Tenejapa y Marqués de Comillas, todos en Chiapas; y Tenosique como principal punto fronterizo de Tabasco.

A diferencia de lo que suele creerse, es una región sumamente poblada, pues en esa franja fronteriza viven 1.3 millones de personas, de las cuales, 1.19 millones son mayores de 15 años.

Entre estos últimos, la población residente que nació en otra entidad o país ha ido en aumento en las últimas décadas. En efecto, de acuerdo con el Inegi, en 2015 había 28,559 personas mayores de 15 años que vivían de manera permanente en esos municipios y que nacieron en otra entidad o país, siendo Tapachula, Tenosique, Palenque y Frontera los que concentran un mayor número.

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FRONTERA SUR: LAS CARENCIAS

Es evidente que la nueva política migratoria que se ha implementado en México, debido a la draconiana política que ha impulsado el presidente norteamericano, Donald Trump, debe ir acompañada de un proceso acelerado de mejoramiento de las condiciones de los municipios del sur-sureste mexicano, comenzando precisamente por los que colindan con Guatemala.

Por ejemplo, de los 1.3 millones de personas que habitan en los municipios señalados, habría en el 2015, según la Encuesta Intercensal, 391,172 personas sin afiliación a ningún servicio de salud.

Adicionalmente, también en 2015, de 1.19 millones de mayores de 15 años, habría 702,654 personas ocupadas en actividades productivas, de las cuales, 252,478 percibían ingresos por debajo de un salario mínimo mensual. Otros 200,925 ganaban entre uno y dos salarios mínimos al mes; mientras que 173,304 percibían ingresos por arriba de dos salarios mínimos diarios.

POCO TRABAJO Y MAL PAGADO

Tanto la región fronteriza de Chiapas como de Tabasco registran bajos niveles de ocupación y quienes consiguen un empleo lo hacen con salarios sumamente bajos; la mayoría de ellos con precario acceso a prestaciones. Sin un plan emergente para activar la economía de esos municipios, la frontera sur puede terminar de colapsar.

Fuente: elaboración propia con base en los tabulados de la Encuesta Intercensal, Inegi, 2015 www.inegi.org.mx

Otro dato a destacar es que de las 316,161 viviendas que hay en los municipios que se analizan, en 167,316 de ellas el principal combustible que se utiliza para cocinar es la leña o el carbón. Lo anterior es un indicador de la precariedad de las propias viviendas y de las condiciones de riesgo que enfrentan quienes las habitan, de contraer enfermedades como la EPOC.

Junto a este indicador se encuentra el relativo a 31,034 viviendas en las cuales el piso, en 2015, era de tierra, lo cual expone a enfermedades y en no pocos casos, a riesgo de muerte a niñas y niños de menor edad.

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