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La UNAM ya vive en democracia, punto.

La UNAM ya vive en democracia, punto.

El pasado martes, 18 de febrero, el diputado federal por Morena, Miguel Ángel Jáuregui Montes, presentó en la Cámara de Diputados, a manera de iniciativa de reforma a la Ley Orgánica de la UNAM, un bodrio plagado de propuestas de mala fe, sustentadas en un conjunto de tonterías (porque no se puede hablar de argumentos en ese texto), mediante la cual se busca, en la peregrina visión del diputado, “democratizar a la UNAM”.

La propuesta es, por donde se le vea, un despropósito. Dice literalmente este becario del Estado (es decir, el diputado): “Democratizar las formas de gobierno de la UNAM significa que al rector, a los directores de escuelas y facultades, así como a los directores de los institutos de investigación, los elijan sus propias comunidades por medio de elecciones abiertas, equitativas, competitivas y transparentes, a través de voto libre y secreto”.

Para un lego en cuestiones universitarias, esta propuesta puede sonar como coherente y sensata. Sin embargo, hay varias falacias argumentativas qué es importante mostrar, a fin de mostrar el tamaño de la mala fe de este diputado respecto de la UNAM.

En primer lugar , se le olvida que jurídicamente, la UNAM es un Organismo Público descentralizado del Estado mexicano, y que goza de autonomía plena desde 1929, condición que fue ratificada en la Ley Orgánica de 1945 que este señor pretende reformar. Desde esta perspectiva, pretender que la rectoría y las direcciones de escuelas y facultades sean elegidas por voto directo por parte de la comunidad universitaria, es el equivalente a exigir que el Director del INSABI sea elegido por las personas que están a filiadas a servicios públicos de salud; o que el director del IMSS sea elegido por voto directo por los derechohabientes, personal médico, y administrativo de la institución. Como puede verse, se trata de una lunática ocurrencia.

En segundo término, la idea que tiene el señor Jáuregui sobre lo que es la democracia es, por decir lo menos, aberrante, pues reduce el contenido del Artículo 3º de la Constitución, a un mero asunto -por demás perverso- electoral, que pretende convertir a la UNAM en un campo de batalla similar al que se vive en los partidos políticos.

En tercer lugar, el Licenciado Jáuregui se equivoca al pensar y afirmar que la Junta de Gobierno carece de legitimidad para elegir a las direcciones y a la Rectoría de la UNAM. Se le olvida que en cada una de las facultades se eligen a Consejeras y Consejeros Universitarios, por voto libre y directo; que es el Consejo Universitario el que elije a quienes integran la Junta de Gobierno y el Patronato Universitarios; y que a partir de un amplio proceso de diálogo y auscultación de la Junta de Gobierno, delibera y decide quién debe ocupar la Rectoría de la UNAM.

Si el diputado Jáuregui cree que un método de elección indirecta no es democracia, debería proponer en las reuniones interparlamentarias, por ejemplo con sus pares norteamericanos, la reforma de su sistema electoral, porque allá votan indirectamente, no por un rectorado, sino por el jefe del Estado.

La democracia universitaria, como la del país, es algo que debe construirse y fortalecerse todos los días; vía el diálogo, la deliberación política de altura, y en el caso específico de la UNAM, con base en un espíritu universitario animado por la nobleza y el compromiso institucional que implica ser parte de esta vibrante y vigorosa comunidad.

Lo que está detrás de esta iniciativa es un intento más por echarle pólvora al incendio que han provocado los grupos que durante ya décadas, han lucrado de la generosidad de la UNAM, privatizando aulas y auditorios en su beneficio, amedrentando a quienes no piensan como ellos.

Por cierto. En el partido Morena, donde milita el diputado Jáuregui, llevan meses sin poder elegir por medio de la demo a su dirigencia nacional. Si desde ahí pretenden dar lecciones éticas a la UNAM, sería bueno mirarse primero en el espejo, y no hacer el ridículo con este tipo de sinsentidos

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