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Administración pública, ¿un «elefante mañoso»?

Administración pública, ¿un «elefante mañoso»?

El presidente de la República se ha referido a la administración pública federal utilizando frases altamente efectistas frente a sus auditorios en las plazas públicas. Ha utilizado imágenes que van desde “un toro viejo y reumático” hasta “un elefante mañoso o artrítico”.


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Estas imágenes permiten exponer rápidamente las dificultades del arranque del gobierno. También ocultan la enorme complejidad de una administración pública federal que es mucho más que lo señalado.

Contrario a lo anterior, debe reconocerse que la administración pública federal (APF) es un poliedro de alta complejidad que ha tomado décadas construir.

En su estado actual, el llamado «elefante mañoso» está integrado por dependencias y organismos de diversa índole.

Hay algunas en las que es la voluntad, capacidad y compromiso de quienes las integran lo que permite suplir la falta de recursos financieros y materiales.

Otras son de alta sofisticación operativa y técnica. En otras más es efectivamente parte de la burocracia la que tolera y practica la corrupción e impide o dificulta la transformación institucional.

Frente a ello, la pregunta obligada es a qué área del gobierno le ha sido encomendado construir los diagnósticos y la propuesta para llevar a cabo la urgente reforma de la APF.

Además es necesario saber a partir de cuándo habrá de iniciar el gradual pero acelerado proceso que se requiere para implementar las transformaciones que ha planteado el presidente.

Cambios como: erradicar la corrupción, modificar el curso de desarrollo (y con ello la lógica de crecimiento económico) y revertir el proceso de deterioro ambiental que vive el país.

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Lo que debe pensarse con seriedad es que la transformación del aparato público no podrá concretarse dando “trapazos o latigazos al toro o al elefante”.

El riesgo de un «elefante mañoso»

No es mediante la retórica, sino a través de una nueva arquitectura institucional, como podremos transitar hacia un nuevo Estado de Bienestar.

Asimismo, no debe olvidarse que, desde el año 2000, se ha planteado llevar a cabo “las grandes transformaciones que requiere el país”. En el caso de Fox, Calderón y Peña, el fracaso fue evidente.

Es demasiado pronto para saber si la actual administración logrará o no sus grandes objetivos, pero estos estarán en riesgo si no se cuenta con una APF eficaz y convencida de hacer lo que el Presidente y su equipo tienen en mente.

A pesar de lo anterior, hay un patrón que se repite y que alcanza al gobierno del presidente López Obrador. Ninguno de los presidentes de este siglo han llevado a cabo reformas estructurales en el ámbito de la administración pública federal.

Más allá de cambios de nombres, reubicación de organismos descentralizados y reasignaciones presupuestales, mantenemos prácticamente la misma estructura administrativa al menos desde 1991.

Hay en ese sentido dos grandes obstáculos que están pasando ya una factura muy importante al nuevo gobierno:

  1. El conjunto de la administración pública fue diseñado desde el siglo XX en la lógica de un partido único y de una presidencia autoritaria y vertical.
  2. México no dispone de un servicio profesional de carrera lo suficientemente sólido y eficiente para posibilitar la construcción de políticas públicas, programas y acciones con la urgencia y capacidad operativa que requiere el país.

Desde esa lógica, uno de los mayores retos al momento de diseñar un gobierno es tener claridad de las distintas esferas de responsabilidad. También de los instrumentos de que se dispone para cumplir y hacer cumplir el mandato de la Constitución y del orden jurídico nacional.

La mayor responsabilidad: los derechos humanos

Para el actual gobierno la mayor responsabilidad se encuentra en hacer realidad el mandato del Artículo 1º constitucional. Para ello debe cumplir de manera universal, integral y progresiva los derechos humanos.

Ningún gobierno puede ser exitoso sin una administración que le permita desplegar apropiadamente sus estrategias y lograr todos los objetivos que se tracen.

Por ello, más que de “mover al elefante mañoso” de lo que se trata es de comprender la compleja geometría y lógica del poder y capacidades de gobierno implícitas en el entramado de la administración.


Mario Luis Fuentes es investigador del PUED-UNAM. Síguelo en: @MarioLFuentes1


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