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Mujeres: inequidad y adversidad laboral

por Roberto Vélez Grajales

En México, el nivel de la participación laboral femenina y la brecha en relación con la de los hombres sugieren la existencia de un mercado de trabajo restringido y estratificado por género, en el que los espacios de incorporación no se han ampliado suficientemente. Un reflejo de lo anterior es la importancia que representa el trabajo no remunerado doméstico y de cuidados: 24% del PIB, del cual tres cuartas partes son generadas por mujeresI. Como resultado, y en términos de movilidad social, las mexicanas se enfrentan a un entorno adversoII. Para resolver este problema se requiere diseñar mecanismos que permitan que las mujeres puedan realizar elecciones de vida bajo condiciones igualitarias en relación con los hombres; y para lograrlo, la inversión en ellas y el rol que se les asigne desde la edad temprana, así como las reglas de inserción y la retribución en el mercado laboral, tienen que equilibrarse.

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Resulta interesante analizar la dinámica de la participación laboral femenina desde un punto de vista histórico. En la historia moderna de la humanidad, la Revolución Industrial es un primer punto de quiebre observado. En un estudio sobre niveles de vida de las mujeres durante finales del sigo XVIII y principios del XIX, Nicholas y Oxley contrastan empíricamente las implicaciones en términos de bienestar de dos planteamientos opuestos en cuanto al rol de la mujer en los hogares y en el mercado laboralII.

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Por un lado, y siguiendo a autores como Marx y Engels o John Stuart Mill, argumentan que la industrialización podría traer consigo beneficios de emancipación y participación femenina. En oposición, y con base en otra corriente de opinión, explican que el desequilibrio existente en términos de obligaciones no remuneradas al interior del hogar evitaría una competencia igualitaria entre hombres y mujeres que reforzaría la condición de opresión de estas últimas.

Sus resultados empíricos sugieren una dinámica más cercana al segundo planteamiento. En particular, al comparar los resultados de niveles de vida entre población femenina irlandesa e inglesa, Nicholas y Oxley observan mejores resultados para la primera. En ese sentido, argumentan que en Irlanda el modo tradicional de producción persiste y que éste, al requerir de la participación de todos los miembros de la familia, no excluye a las mujeres. En cambio, en Inglaterra la industrialización provoca que el proceso de producción se transforme y emigre al mercado laboral, en el cual las oportunidades de trabajo remunerado para las mujeres resultan limitadas y, en consecuencia, la asignación de recursos al interior de los hogares se sesga a favor de los hombres.

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La Segunda Guerra Mundial emerge como otro punto de quiebre histórico más reciente. Acemoglu y sus colegas explican que el incremento en la participación laboral femenina observado alrededor de ese periodo se debió a la necesidad de sustituir a los hombres que fueron a la guerraIV. Esta situación tuvo un efecto permanente en la participación laboral femenina. La explicación probada empíricamente sobre el mismo en el caso norteamericano se encuentra, entre otros, en el trabajo de Fernández y sus coautores, los cuales plantean que las preferencias de los individuos se modifican al ser transmitidas de las madres a sus hijos varones, y de ellos a sus parejas mujeres: tener una madre que participa en el mercado laboral incrementa de manera muy importante la probabilidad de tener una esposa que también participe en dicho mercadoV. Un resultado similar se observa para el caso mexicano en un estudio con base en datos actualesVI.

 Los mecanismos de inserción laboral y la retribución misma también inhiben la participación femenina. Por ejemplo, si se observan las diferencias de ingreso laboral promedio por nivel educativo entre hombres y mujeres, los primeros presentan una ventaja, siendo la menor cuando la comparación se realiza para el ingreso laboral promedio en la población que trabaja menos de 40 horas a la semana y cuenta con posgrado: 13,000 pesos contra 11,000 pesos para hombres y mujeres, respectivamenteVII.

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Aunado a lo anterior, y como se mencionó al inicio de esta columna, el trabajo no remunerado en servicio doméstico y de cuidados tiene un valor económico importante generado principalmente por mujeres. La falta de un mercado remunerado sólido en estos rubros, y las diferencias salariales por género observadas en el mercado laboral se constituyen en un desincentivo permanente a invertir de manera igualitaria en niños y niñas. En ese sentido, el desarrollo y formalización de este tipo de mercados, así como la instrumentación de mecanismos institucionales que equilibren el acceso y los salarios en términos de género, resultan clave para lograr una igualdad efectiva. Si esto se logra, las opciones de ascenso social para las mujeres se incrementarán, su condición socioeconómica resultará menos vulnerable y, por ende, la economía mexicana se verá beneficiada.

NOTAS Y REFERENCIAS:

I. http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/cn/tnrh/

II. Vélez, R., Campos, R. & Huerta, J. (2013). Informe de Movilidad Social en México 2013. Imagina tu futuro. México: CEEY

III. S. Nicholas y D. Oxley (1993), «The Living Standards of Women during the Industrial Revolution, 1795-1820», The Economic History Review, vol. 46, núm. 4, pp. 723-749.

IV. D. Acemoglu, et al.(2004), “Women, War and Wages: the Effect of Female Labor Supply and the Wage Structure at Midcentury”, Journal of Political Economy, vol. 112, núm. 3, pp. 497–551.

V. R. Fernández, et al., “Mothers and Sons: Preference Formation and Female Labor Force Dynamics”, Quarterly Journal of Economics, vol. 119, núm. 4, 2004, pp. 1249–1299.

VI. R. M. Campos-Vázquez y R. Vélez-Grajales (2014), “Female Labour Supply and Intergenerational Preference Formation: Evidence for Mexico”, Oxford Development Studies, vol. 42, núm 4.

VII. Calculado con base en datos del segundo trimestre de 2015 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

Roberto Vélez
Director de Movilidad Social y Bienestar Socioeconómico del CEEY. Economista con estudios doctorales en Historia Moderna por la Universidad de Oxford. Sus áreas de investigación se concentran en movilidad social, desarrollo humano e historia antropométrica. Twitter: @robertovelezg

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