Andando sobre cadáveres 10-09-2018

Nuestros mayores temores han cambiado de tesitura, tono y contenido. En México hoy hay algo más allá del temor frente a los sepulcros, y lo es por partida doble: en primer lugar, porque hoy morir con violencia puede significar mucho más que morir de una “lesión dolosa”, porque hoy se puede, literalmente morir por tortura sádica; y en segundo lugar, porque se acabó para miles la paz de los sepulcros, y es que cada paso que se da sobre muchos caminos, calles o terrenos, puede significar que se está caminando sobre cuerpos o restos humanos.

Los seres humanos somos, lo decía Miguel de Unamuno, “seres guardamuertos”. Se construyeron primero tumbas antes que palacios o templos de adoración a reyes y aparentes dioses. Y eso es precisamente lo que nos diferencia de los animales: que nosotros honramos la memoria y buscamos una morada digna para los que nos dejan.

Debemos asumir que aún estamos a tiempo de hacer algo; de rechazar los niveles de maldad y de sadismo que hoy nos acechan por todas partes; y auténticamente tratar de generar nuevos enfoques, nuevas miradas desde lo público, que nos abran a la posibilidad de entender cómo fue que llegamos a esta barbarie.

¿Cuántas fosas más habrá que encontrar para que esto cambie? ¿Cuántas soledades más habrán de construirse? Estas son preguntas que no caben en una sociedad democrática y de derechos humanos, porque si nos acostumbramos a plantearlas, vamos a seguir andando sobre cadáveres. Y eso es simplemente monstruoso.

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