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Hablar por nuestros muertos 05/11/2018

El Día de Muertos, ceremonia y celebración, como diría Octavio Paz, también es conmemoración de la vida a favor de una vida en dignidad, una apertura de sentido y posibilidad de todo lo que nos hace mejores, en tanto que seres solidarios y respetuosos de la otredad que somos, todos en soledad y en la vida en común, que es vida social, política y económica.

Y es que la muerte campea no sólo por la violencia homicida —parricida, feminicida, infanticida, fratricida— que nos rodea, sino también la violencia de un mercado voraz que ha antepuesto la obtención de ganancia por sobre todas las cosas, con el complaciente —quizá cómplice— abandono del Estado respecto de los pobres y los vulnerables.

El Inegi nos dice que en el año 2017 fallecieron más de 107 mil personas por diabetes mellitus; más de 130 mil por enfermedades del sistema circulatorio y de manera sorprendente, en 2016 y 2017 las enfermedades del hígado —entre las cuales son mayoritarias las enfermedades hepáticas por alcoholismo—, son ya la cuarta causa de mortalidad en el país.

Los vencidos no lo son únicamente por la violencia del hampa, lo son también los millones que viven en medio de la malnutrición; quienes viven con una salud mental precaria, y por eso abusan del alcohol, el tabaco y otras sustancias, lo son también las niñas y niños a quienes se les niega el derecho a no ser pobres y lo son todas las personas que, por distintas causas son discriminadas y privadas de sus derechos.

Hablar por nuestro muertos es importante, porque de manera implícita es hablar por nosotros que estamos vivos, pero también por los que han de venir porque si el pasado nos marca, en el sentido ya dicho, el futuro no tardará en alcanzarnos, y con él, el ético y justificado reclamo de las nuevas generaciones, por no haber tenido el coraje de pugnar y velar por la memoria, que a final de cuentas, es la memoria de todos.

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Hablar por nuestros muertos

Walter Benjamin tenía una imagen de la historia como un montón de ruinas cuya altura en la modernidad alcanzaba los cielos, como una enorme pila de cráneos y de los cadáveres de los vencidos, una historia que escriben los poderosos, así como los constructores de crematorios y fosas comunes. Para muchos, la visión benjaminiana de la historia suena apocalíptica, pero en nuestro contexto pareciera, además de una crítica del poder, una descripción factual del grotesco espectáculo que atestiguamos en los últimos 10 años: fosas clandestinas, asesinatos por doquier, cuerpos disueltos en ácido, desaparecidos en todo el territorio nacional: un cúmulo de dolor inenarrable y la angustiosa realidad de miles que enfrentan duelos sin cuerpos ante los cuales llorar y despedirse.

Siguiendo con Benjamin, ante la empatía con los victimarios que ha sido construida desde el poder, hay que anteponer la memoria y el recuerdo de los vencidos; y si bien, como lo señaló en algún momento Horkheimer, los muertos han sido, efectivamente, muertos y los vencidos, vencidos, a tal grado que no hay reparación posible, Benjamin reivindicaba, con razón, el esfuerzo porque no sean completamente olvidados y que su recuerdo se mantenga vivo.

Hablar por nuestro muertos es importante, porque de manera implícita es hablar por nosotros que estamos vivos, pero también por los que han de venir porque si el pasado nos marca, en el sentido ya dicho, el futuro no tardará en alcanzarnos, y con él, el ético y justificado reclamo de las nuevas generaciones, por no haber tenido el coraje de pugnar y velar por la memoria, que a final de cuentas, es la memoria de todos.

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El arranque se complica

En nuestro país hay muchas agendas que son urgentes, y con el paso del tiempo, ante la inacción e ineficacia de los gobiernos, en todos sus órdenes y niveles, se complejizan y adquieren dimensiones mayores 

Así, a las cuestiones estructurales como la violencia, la desigualdad, la pobreza y las tendencias de mortalidad evitable, se suman problemáticas que no admiten dilación. En ese sentido, el paso del huracán Willa es uno de los ejemplos que permiten prever un difícil arranque de gobierno para la administración 2018-2024. En Nayarit, varias localidades de Tuxpan quedaron, literalmente, bajo el agua y en Sinaloa las pérdidas económicas fueron igualmente mayúsculas, amén de que Jalisco y Michoacán no están exentos de afectaciones en sus territorios por las torrenciales lluvias que trajo este huracán.

Las estimaciones preliminares en Sinaloa y Nayarit son de, al menos, 200 mil viviendas dañadas; y a ellas se añaden 20 mil familias que aún requieren de apoyos para sus viviendas en la Ciudad de México, y alrededor de 300 mil más en Oaxaca y Chiapas debido a los sismos de 2017. Son cifras mayúsculas y su atención requiere de cuantiosos recursos.

No está de más insistir en un asunto fundamental: el nuevo gobierno debe determinar, y muy rápido, el catálogo de asuntos urgentes en proceso; la lista de prioridades de arranque de la administración, pero, sobre todo, tiene la responsabilidad de informar a la ciudadanía cuál es la nueva visión y el marco de referencia de la nueva lógica de su toma de decisiones. Sobre eso, a un mes de iniciar, todavía tenemos muy poco.

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Migración: definiendo al Estado que viene

El Estado mexicano se enfrenta hoy ante la caravana migrante, a una definición trascendental que habrá de determinar en buena medida el futuro de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 
En efecto, la decisión que tome la administración del presidente Peña se tomará, como se ha dicho públicamente, en acuerdo con el equipo de transición, por lo que en los días por venir veremos cuáles son los principios y valores con los que, efectivamente, habrá de actuar la próxima administración.

Si algo llevó a la sociedad mexicana a votar masivamente por López Obrador fue el hartazgo ante la corrupción, pero también la conciencia de que vivimos en un país en el cual se incumplen de manera generalizada los derechos humanos y, particularmente, los derechos de las niñas y los niños, así como también los derechos de las mujeres.

En sentido estricto, si nuestro país se apega a los principios y mandatos de la Convención de los Derechos del Niño y la Niña, ni por asomo estaría planteándose en el ámbito gubernamental la posibilidad de reprimir, deportar así sin más, o detener en cárceles o estaciones migratorias a quienes hoy forman parte de la caravana migrante.

López Obrador está hoy ante la oportunidad de mostrarle a sus detractores que sí tiene un compromiso indeclinable con los derechos humanos, que ante un evento polarizante como el que enfrentamos puede convocar, efectivamente, a la unidad nacional y que nunca más México le dará la espalda a Latinoamérica.

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Migración: definiendo al Estado que viene 22/10/2018

El Estado mexicano se enfrenta hoy ante la caravana migrante, a una definición trascendental que habrá de determinar en buena medida el futuro de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 
En efecto, la decisión que tome la administración del presidente Peña se tomará, como se ha dicho públicamente, en acuerdo con el equipo de transición, por lo que en los días por venir veremos cuáles son los principios y valores con los que, efectivamente, habrá de actuar la próxima administración.

En sentido estricto, si nuestro país se apega a los principios y mandatos de la Convención de los Derechos del Niño y la Niña, ni por asomo estaría planteándose en el ámbito gubernamental la posibilidad de reprimir, deportar así sin más, o detener en cárceles o estaciones migratorias a quienes hoy forman parte de la caravana migrante.

López Obrador está hoy ante la oportunidad de mostrarle a sus detractores que sí tiene un compromiso indeclinable con los derechos humanos, que ante un evento polarizante como el que enfrentamos puede convocar, efectivamente, a la unidad nacional y que nunca más México le dará la espalda a Latinoamérica.

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Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza 15/10/2018

Una persona es pobre porque carece de lo necesario para vivir en condiciones dignas. Y por supuesto, eso implica una importante carencia de recursos y satisfactores materiales: ingreso, vivienda, educación, salud, alimentación y el conjunto de servicios públicos básicos que hoy deberían y podrían estar disponibles para toda la población.

A pesar de lo anterior, la pobreza tiene raíces y un origen mucho más complejo que la sola “dimensión carencial”; en realidad, su génesis se encuentra en el mundo de lo simbólico, de los imaginarios y de las percepciones en torno a lo que es o debe ser lo humano.

Necesitamos un quiebre de la desigualdad, que nos lleve a un quiebre de la pobreza; pero eso exige la intervención de un Estado del que hoy carecemos: de uno que esté sustentado en legitimidad ética y política, y que esté auténticamente decidido, en cumplimiento de su mandato constitucional, a garantizar los derechos humanos de forma universal e integral, a pesar de los ricos y poderosos.

La pobreza por supuesto es derrotable; los 54 millones de personas en esa condición son injustificables, en México y prácticamente en cualquier parte. Entender que la pobreza es, además de la carencia material, sentir angustia al carecer de lo no necesario, podría comenzar a darnos una salida en dignidad y con auténtica libertad hacia una mejor forma de ser humanos; de romper con las lógicas perversas del poder y de la acumulación grosera. De eso se trata.

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Para erradicar la pobreza 15/10/2018

Una persona es pobre porque carece de lo necesario para vivir en condiciones dignas. Y por supuesto, eso implica una importante carencia de recursos y satisfactores materiales: ingreso, vivienda, educación, salud, alimentación y el conjunto de servicios públicos básicos que hoy deberían y podrían estar disponibles para toda la población.

A pesar de lo anterior, la pobreza tiene raíces y un origen mucho más complejo que la sola “dimensión carencial”; en realidad, su génesis se encuentra en el mundo de lo simbólico, de los imaginarios y de las percepciones en torno a lo que es o debe ser lo humano.

Sí, también se encuentra la falta de voluntad de muchos; la fragilidad de su salud mental y su caída en adicciones; también se encuentra el injustificable mundo del hampa y la delincuencia; sí, pero estos fenómenos que en las visiones funcionalistas del mundo son considerados como “anómicos”, en realidad son constitutivos del propio modelo de desarrollo.

Necesitamos un quiebre de la desigualdad, que nos lleve a un quiebre de la pobreza; pero eso exige la intervención de un Estado del que hoy carecemos: de uno que esté sustentado en legitimidad ética y política, y que esté auténticamente decidido, en cumplimiento de su mandato constitucional, a garantizar los derechos humanos de forma universal e integral, a pesar de los ricos y poderosos.

La pobreza por supuesto es derrotable; los 54 millones de personas en esa condición son injustificables, en México y prácticamente en cualquier parte. Entender que la pobreza es, además de la carencia material, sentir angustia al carecer de lo no necesario, podría comenzar a darnos una salida en dignidad y con auténtica libertad hacia una mejor forma de ser humanos; de romper con las lógicas perversas del poder y de la acumulación grosera. De eso se trata.

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Cuando lo importante es anticlimático 08/10/2018

La discusión pública nacional se ha instalado, en las últimas semanas, en una extraña espiral de espejismos que nos distraen de lo relevante, de lo que es urgente transformar en nuestro país, porque de ello depende literalmente la vida de cientos de miles de personas.    Así, mientras los espacios de los diarios, revistas y portales digitales se llenan con debates en torno a escándalos y bodas, todos los días fallecen en el país alrededor de 780 personas por diabetes, hipertensión y enfermedades alcohólicas del hígado; se trata de 32 casos por hora

Escribirlo de esa manera no es “tremendismo”, antes bien, es azoro ante lo tremendo de las cifras; todas vinculadas a una de las cuestiones centrales del proceso económico en general: el consumo.

Vivimos en una sociedad que vive en los extremos: por un lado, un pequeñísimo segmento de la población consume con un absurdo sentido de desperdicio, y por otro, vastas franjas de la población sufren para adquirir apenas lo necesario por sobrevivir.

La administración del presidente Peña inició reconociendo que la gran deuda de México es el hambre; sin embargo, la llamada “cruzada contra el hambre” no logró sus objetivos. Pero eso no implica que la prioridad marcada deba abandonarse, lo que debe cambiar es la visión, estrategia y programas. Y eso no se construye en unas cuantas semanas.

Urge, pues un diálogo nacional que permita construir una nueva estrategia contra el hambre; una que vaya desde la producción de los alimentos, y llegue incluso hasta cuestiones de salud mental vinculados a los trastornos alimenticios. No hacerlo constituye una renuncia ética; un despropósito que, por supuesto, no será portada en las revistas del corazón.

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Los jóvenes, a 50 años del 68 01/10/2018

México tiene, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares, 31.3 millones de personas jóvenes entre 15 y 29 años de edad; además de 17.3 millones que tienen entre 30 y 39 años. En el primer grupo de edad señalado, 15.59 millones son hombres y 15.72 millones son mujeres; en el segundo, el de 30 a 39 años, 8.14 millones son hombres y 9.15 millones son mujeres.       

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 44.3% de quienes en el 2016 tenían entre 12 y 29 años de edad vivían en condiciones de pobreza, es decir, 16.6 millones. Del total de quienes se ubicaban en ese segmento etario, el 12.6% era vulnerable por rezago educativo; el 19% por carencia de acceso a la salud; el 64% por carencia de seguridad social; 20% lo era por carencia de servicios básicos en la vivienda y el 20.6% por carencia de alimentación.

La propuesta del presidente electo de construir un programa específico para incorporar al empleo y la capacitación a millones de jóvenes, de resultar efectivo, constituiría el primer paso para una nueva etapa de inclusión, sin embargo, ésa es sólo una de las vertientes de la política pública que deben impulsarse; están otras agendas igualmente prioritarias y hasta urgentes: el embarazo adolescente y el matrimonio precoz, el incremento en la prevalencia de adicciones, el incremento de la muerte violenta, y suma y sigue.

Cinco décadas después del movimiento del 68 estamos obligados a regresar a su germen: la vocación libertaria en aras de una sociedad de libertad y bienestar para todos.

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Reconstruir al mundo urbano 24-09-2018

La población nacional vive, mayoritariamente, en centros urbanos y la transición demográfica del campo a la ciudad continúa, mientras que la concentración de la población pasa de forma cada vez más rápida, de las ciudades pequeñas y medias, a las grandes zonas metropolitanas 

De acuerdo con el Conapo, en el 2015 había 74 zonas metropolitanas en el país, en las que vivían 75.1 millones de personas, esto representó un incremento de 56.8% de la población nacional viviendo en zonas metropolitanas en el 2010, a 62.8% en el 2015.

A lo anterior se suma la urgencia de dotar a las ciudades de mayores capacidades de resiliencia ante el cambio climático y los fenómenos naturales como los sismos, lo cual implica, no sólo reconstruir lo que se ha destruido, sino ante todo construir para evitar que esas tragedias vuelvan a repetirse.

Cómo priorizar, por dónde comenzar, en dónde y cuánto invertir, son cuestiones clave que el equipo de transición del presidente electo debe estar pensando, sobre todo, de cara a la discusión del PEF, 2019, porque es ahí en donde se define el presupuesto de entidades y municipios, y en donde se define el presente y futuro de nuestras ciudades.

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