Archivo de la categoría: 2017

El empleo en su contexto 23-10-2017

De acuerdo con los datos oficiales, en el sexenio se ha logrado la creación de tres millones de empleos, esto implica un promedio anual de alrededor de 560 mil al año. También ha crecido la cifra de 28.34 millones de familiares afiliados al IMSS en enero de 2016, a 31.59 millones en agosto de 2017.  Sin duda, es un logro que en un contexto de bajo crecimiento económico se haya logrado la creación de empleos, sin embargo, debe reconocerse que estamos muy lejos de un escenario deseable. Por ejemplo, frente a la cifra de los 560 mil empleos creados por año, contrasta el dato del 1.2 millones de puestos de trabajo que se requieren debido al crecimiento de la Población Económicamente Activa

Por otro lado, de acuerdo con el Inegi, el promedio de horas trabajadas por semana en el país es de 42.4, y el promedio de ingresos por hora trabajada es de 36.3 pesos. Es decir, el promedio de ingresos por persona ocupada en el país es de aproximadamente seis mil 156 pesos al mes.

Frente a este contexto, debemos ser capaces de plantearnos metas de alto calado. ¿Por qué no, por ejemplo, reducir la pobreza a 20 por ciento de la población nacional en los próximos seis años? El país tiene que aspirar en el mediano plazo, de manera acelerada: reducción de la inflación a menos del 3 por ciento anual; crear 100 mil o más empleos mensuales, alcanzar la cobertura universal de la seguridad social, reducir al menos en 30 por ciento las tasas de mortalidad por causas evitables, y en 50 por ciento por accidentes, suicidios y homicidios; reducir la desigualdad a menos .350 en el coeficiente de Gini, así como incrementar la inversión productiva a los niveles señalados y cumplir con el 1 por ciento del Producto Interno Bruto en ciencia y tecnología.

Alcanzar éstas y otras metas exigen, sin embargo, un renovado diálogo público nacional por la inclusión y la igualdad social. Tenemos el reto de impulsarlo y, sobre todo, de llevarlo a buen puerto.

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En el mundo de la violencia 16-10-2017

Los homicidios y, en particular, la tasa de mortalidad por homicidio, es considerado como el principal indicador del nivel de violencia presente en una sociedad. Esto es así porque, de manera general, cuando en una sociedad crece el número de homicidios, crecen simultáneamente otras formas de violencia: agresiones, asaltos, robo, secuestro y, en casos como el de nuestro país, la extorsión, el robo de combustibles y otras figuras delictivas como el tráfico de indocumentados o la trata de personas.

Hay, sin embargo, otros datos que no deben dejarse de lado, pues dan cuenta, de manera indirecta, de los niveles de agresividad y de la intención manifiesta de hacer daño a los demás a través de la utilización de armas, con la finalidad de atacar a una o varias personas.

La propia Secretaría de Salud ha documentado el incremento en los casos de atención médica debido a la “intoxicación aguda por alcohol”; en efecto, las cifras pasaron de 41 mil 904 casos en 2014 a un total de 42 mil 958 en el año 2015 y 44 mil 101 en el año 2016.

La cruenta masacre de Las Vegas ocurrida la semana pasada conmocionó al mundo; sin embargo, la también cruenta sangría cotidiana que atestiguamos es un tema que debe movilizar muchos más recursos y capacidades, sobre todo en entidades y municipios, porque es ahí en donde se encuentra la gran fractura institucional y la pérdida de las capacidades del Estado para garantizar lo mínimo: seguridad y paz para la población.

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Tentaciones conservadoras 09-10-2017

El populismo, no debe olvidarse, se practica en todos los espectros de la política. Tanto en las “derechas” como en las “izquierdas” la fórmula es la misma: reducir el lenguaje a propuestas simplonas, dirigidas a lo que una mayoría poco comprometida con los derechos humanos quiere oír y, por otra parte, pactar con intereses fácticos la distribución del poder y de espacios de decisión estratégicos. El populismo, concepto ambiguo, se asume aquí en el sentido del uso de la demagogia como principal instrumento del discurso político, en contraposición de lo que se entiende en otras latitudes, es decir, se asume que una postura “populista (populism, en inglés) es sinónimo de compromiso con la igualdad y la justicia social.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos de América tiene que ver con eso, pero lo peligroso es siempre, en este y otros casos, que una vez al mando están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias sus disparates y balandronadas.

Lo que debe advertirse es que el pensamiento conservador no tiene ideología política, que ha tenido la habilidad y el pragmatismo político para tener acérrimos representantes en todos los partidos políticos, desde los cuales actúan con plena intolerancia, haciendo gala de sus más profundas convicciones racistas, clasistas y en general, discriminatorias.

Lo que la ciudadanía debe ser capaz de hacer es generar importantes costos políticos a esas posiciones; y evitar a toda costa, que el conservadurismo continúe su peligroso avance; en ello nos jugamos nada menos que nuestras libertades.

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Para recomenzar 02-10-2017

La destrucción generada por los terremotos de los días 7 y 19 de septiembre pusieron de manifiesto, una vez más, los enormes rezagos sociales que persisten en el sur-sureste del país, pero sobre todo, lo que José Woldenberg señalaría alguna vez, como nuestra más grande “falla geológica”: la desigualdad. Desde esta perspectiva, a partir de ahora la solidaridad de los millones de personas que se volcaron para aliviar las necesidades de quienes resultaron afectados, debe convertirse en el único rasero aceptable de actuación para todas las autoridades.

Hay tres medidas que deben tomarse si realmente se quiere aprovechar la tragedia para recomenzar; y es que estos sismos deberían llevarnos, no a reconstruir lo que se destruyó, sino a un reinicio en la forma en cómo concebimos al país.

Es muy probable que el impacto de estos sismos, sumado a los efectos de la inflación en 2017, van a generar importantes retrocesos en los indicadores de pobreza, por lo que no puede asumirse que es simplemente “levantando casas” como vamos a resolver nuestros problemas estructurales.

Si las crisis son oportunidades para recomenzar —y ésta es una muy profunda— no debemos dejarla pasar, en el ánimo de comenzar a ser el país que merecemos tener.

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Reconstrucción, energía social y democracia 25-09-2017

Octavio Paz escribió hace 32 años, respecto del sismo de 1985: “Ahora, los temblores del 19 y el 20 de septiembre nos han redescubierto un pueblo que parecía oculto por los fracasos de los últimos años y por la erosión moral de nuestras élites. Un pueblo paciente, pobre, solidario, tenaz, realmente democrático y sabio. La sabiduría popular no es libresca ni moderna, sino antigua y tradicional. Es una mezcla de estoicismo, silenciosa energía, humor, resignación, realismo, valor, fe religiosa y sentido común”.

Se trata de una reflexión de enorme vigencia, frente a la cual, deberíamos mirarnos con azoro, pero también con capacidad crítica respecto de lo que hemos hecho y todo lo que hemos dejado de hacer en estas tres décadas.

Debemos exigir mayor inversión productiva del Estado para reactivar la economía; mayor inversión para educación, ciencia y tecnología, iniciar la construcción de un sistema universal de salud y seguridad social, así como el rediseño de la economía para garantizar a todos la oportunidad de un trabajo digno.

El mayor reto y la mayor lección de la ya fatídica fecha del 19 de septiembre se encuentra precisamente en esto: sólo mediante la participación popular y una democracia realmente funcional, tendremos la oportunidad de recomenzar, de dotar de ética a la política y de hacer de la solidaridad el principal cemento de la cohesión social que todavía debemos construir.

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Desarrollar al sureste 18-09-2017

Las cosas no pueden continuar como están: una vez más el sureste mexicano vive el drama provocado, sí, por los destructores efectos del temblor del 7 de septiembre, pero más aún por la pobreza y desigualdad que caracteriza a los estados del sur-sureste mexicano.     De acuerdo con los resultadosde la medición multidimensionalde la pobreza presentados el mes pasado por el Coneval, tanto en Chiapas como en Oaxaca se incrementó el porcentaje depersonas en situación de pobreza, mientras que en Guerrero la disminución es tan pequeña, que resulta estadísticamente no significativa.

En Tabasco y Veracruz el porcentaje de personas en pobreza también se incrementó; y sólo en Yucatán y Quintana Roo se tuvieron avances importantes en lo que a la reducción de la pobreza se refiere.

Debe decirse, además, que la reforma de esas leyes es necesaria, pero no suficiente para lograr construir un estado de bienestar incluyente y que nos dé motivos a todos para sentirnos orgullosos de nuestro país, no sólo por nuestras raíces, y tradición y herencia histórica, sino sobre todo, porque formamos parte de un proyecto de justicia social, inclusión y bienestar para todos. De orgullo nacional por formar parte de una idea de presente vigoroso y un futuro promisorio.

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Sobre la pobreza y el carácter fetichista del ingreso 11-09-2017

Hay una estrategia en operación desde la que se busca acreditar que la pobreza en México descendió de manera relevante, y que se trata de un logro de las políticas económicas y sociales. Los datos, nos dicen, son incontrovertibles: hay un incremento en el ingreso de los más pobres, y una ampliación importante en la afiliación y acceso a servicios. Aún más, hay intelectuales destacados quienes sostienen, que si nos midiésemos con estándares internacionales, la pobreza en México sería todavía menor a la que el Coneval estimó para el año 2016; asumiendo que los umbrales con los cuales se mide corresponden a una idea amplia de dignidad humana.

Tal aseveración es maligna, en el sentido que le asigna Baudrillard a la noción del mal, la cual consiste: “En el desvío de las cosas respecto de su existencia ‘objetiva’, consiste en su inversión, en su retorno”.

Lo que debe develarse es, precisamente, el carácter fetichista que se le ha dado al ingreso como el principal factor de “liberación” económica, y antes bien, mostrar su carácter maldito cuando es fuente de actividades de explotación y despojo, como ocurre en el caso de los niños jornaleros o trabajadores en minas y ladrilleras.

Ésa es una de las grandes paradojas y fracturas del modelo de desarrollo: hay actividades, aún remuneradoras, que lejos de permitir la movilidad social, condenan a quienes las desarrollan a permanecer en el estrato social en que nacieron y en el que trágicamente, habrán de morir.

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Lo inaceptable de la medición de la pobreza 04-09-2017

En su conferencia sobre la pobreza, dictada en la década de los 40 del siglo pasado, Martin Heidegger le atribuye al poeta Hölderlin, un poema en el que dice: “Entre nosotros sólo reina lo espiritual; hemos llegado a ser pobres, para poder llegar a ser ricos”

A partir de esta idea, Heidegger propone que ser pobre significa no carecer de lo no necesario; es decir, a la dimensión material de la pobreza, Heidegger le añade la idea de que la pobreza es, sobre todo, espiritual: no se engaña, sabe que a quien vive el hambre lo daña y constriñe la contingencia de la carencia, pero sabe que es una tragedia, parafraseándole, que aquellos que sobrevivan a la hambruna lo hagan sólo para seguir comiendo.

Desde esta perspectiva, los resultados de la medición multidimensional de la pobreza que recientemente conocimos, son inaceptables por partida doble. La primera de ellas, es la relativa a la magnitud del número de personas que se encuentran en condiciones de pobreza.

De manera preocupante, nos estamos convirtiendo en un país de derrotas y derrotados. En un país con millones de víctimas de crímenes perpetrados por unos cuantos, que de manera terrorífica amenazan con dejar de ser minorías clandestinas y acotadas.

Debemos volver a una búsqueda de la excelencia: a los ideales de construcción de un país incluyente, decididamente comprometido con los derechos humanos y capaz de colocarse en posiciones irrenunciables de dignidad y de justicia social de alcances universales y, particularmente, para quienes nunca han tenido acceso a ella.

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Pobreza: el debate pendiente 18-08-2017

Construir instituciones no es un asunto sencillo. Si se piensa el tema desde la propuesta de Douglas North, éstas son entendidas literalmente como “las reglas del juego”, es decir, las instituciones son las reguladoras, canalizadoras y hasta facilitadoras de los procesos sociales. Desde esta óptica, el sistema institucional mexicano enfrenta el reto de consolidar a las instituciones que nos pueden permitir generar políticas públicas sustentadas en un diálogo público democrático, generadoras de consensos, y apegadas a los más estrictos criterios de racionalidad y eficacia.

Las instituciones, además, no actúan de manera aislada; y de hecho, los sistemas institucionales debieran funcionar de manera articulada, ordenada y generando sinergias a fin de garantizar el cumplimiento del orden constitucional y jurídico que les da existencia legal y, de hecho, que permite su materialidad.

El consenso necesario que debemos ser capaces de construir, debe poner en el centro del debate al trabajo digno, en un escenario de pleno empleo y de Estado de bienestar y para lograrlo, es urgente primero
elevar los umbrales que están definidos en el orden jurídico.

Ése es el primer paso: reformar la Ley General de Desarrollo Social para establecer cuáles son los mínimos de dignidad, y no los mínimos de cobertura considerados hasta ahora. Necesitamos transitar hacia una concepción de la pobreza comprendida en el sentido más amplio posible de acceso al bienestar, superando la idea prevalente hasta hoy, basada en la noción de supervivencia.

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Lejos de la inclusión 21-08-2017

La estructura, modalidades y dinámicas de los hogares tienen una relación compleja y de mutua determinación con respecto a la estructura, modalidades y tipos de relaciones sociales, en lo general. Por un lado, la estructura del mercado obliga a los hogares a tomar decisiones y a establecer arreglos sobre cómo participar, por ejemplo, en el mercado laboral, pero también es la propia dinámica de los hogares la que da sustento a un modo de funcionamiento económico; y esto no siempre con criterios de equidad o justicia distributiva.

En México, nos dice el Inegi a través de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIIREH, 2016), hay 33 millones de viviendas en las que habitan los hogares del país, con la característica de que, en 32 millones de ellas habita un hogar por vivienda; y en 991 mil habitan dos hogares o más.

Ese solo dato nos habla de la compleja dinámica de relaciones al interior de los hogares, pues lo común es que, en las viviendas en las que habitan más hogares, son aquellas en que se presenta, en primer lugar, un mayor hacinamiento y, con éste, una serie de dinámicas de mayor violencia, insuficiencia de servicios y reducción de la calidad de vida.

Lo anterior se vincula con el hecho de que, en la inmensa mayoría de casos, son las mujeres quienes absorben la mayor parte de los quehaceres domésticos no remunerados: 31.8 millones de mujeres declaran que sólo las mujeres realizan esas actividades en sus hogares; 2.4 millones declaran que sólo ellas se dedican al cuidado de sus enfermos; y 21.7 millones hacen solas las compras o trámites para el hogar.

No hay que ir muy lejos en el análisis para llegar a la conclusión evidente: estamos todavía muy lejos de ser una sociedad igualitaria e incluyente; y debe entenderse que ésta sólo se logrará cuando cumplamos, por igual, los derechos de mujeres y hombres.

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