Archivo de la categoría: 2018

El presupuesto y la universidad pública 17-12-2019

La propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), 2019 es de poco más de 5.8 billones de pesos, y en su diseño se incorporaron las principales acciones que el presidente López Obrador había anunciado desde la campaña electoral como prioritarias: duplicar los montos de las pensiones para personas adultas mayores,y universalizarlas; el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, la construcción del Tren Maya, universalizar el acceso a servicios gratuitos de salud así como otorgar medicamentos gratuitos a toda la población, entre los más destacados

El monto del PEF, 2019 es ligeramente superior al de 2018, aunque menor en términos reales debido a los efectos de la inflación. Desde esta perspectiva, y dado que no habrá más impuestos ni ingresos extraordinarios para el Estado, lo lógico es que habría recortes en distintas áreas, algunos de los cuales son preocupantes.

Se ha dicho reiteradamente que el PEF es el principal instrumento de política económica y social, pero no debe olvidarse que también es reflejo de las prioridades y compromisos reales del Ejecutivo. Desde esta óptica debe sostenerse que la transformación auténtica del país pasa, necesariamente, por el fortalecimiento de la UNAM y de todo el sistema de universidades públicas, lo cual no se encuentra en la propuesta que el Ejecutivo Federal envió como propuesta de PEF.

La justicia social y en general, la construcción de un nuevo Estado Social de derecho exige la generación de un nuevo pacto social, que como ha planteado el Ejecutivo, se sustente en el acceso universal a la educación y la salud, pero esto requiere de una lógica presupuestal congruente.

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El Presidente y sus signos 10-12-2018

Hablar desde la Presidencia de la República constituye uno de los actos que implican mayor poder, pero también mayor responsabilidad. La jefatura del Estado, depositada en el Poder Ejecutivo, exige de un constante proceso de comunicación de las decisiones que se toman, pero también permite mantener el contacto con la ciudadanía para plantear temas de agenda de interés público y hasta para convocar a la nación a construir proyectos que son de relevancia en todo el territorio nacional

Frente a ello, no deja de sorprender el radical cambio de estrategia de comunicación del presidente López Obrador, respecto de lo que se hizo en los mandatos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; en efecto, en contraste con la estrategia centrada en spots de televisión, radio e internet, en el inicio de esta administración se ha optado por privilegiar los mensajes directos del Presidente a través de sus cuentas de redes sociales.

La comunicación directa de un hombre de poder con su electorado siempre tiene un doble filón: por una parte, permite la generación de un imaginario positivo de una nueva forma de gobernar, hablando de frente y diciendo siempre lo que se hace o se piensa hacer, pero por el otro, cuando esta comunicación no se rige por la templanza, puede rápidamente derivar en demagogia, la peor de las degeneraciones de la democracia, como lo pensaban los griegos antiguos.

Eso es lo que el presidente López Obrador debe estar construyendo en estas primeras semanas: cómo temperar discurso, cómo lograr, con sabiduría y exactitud, la mejor elección de cada una de sus palabras y, sobre todo, cómo mantener durante los siguientes seis años, la inédita comunicación que ha logrado establecer con amplias franjas de la población.

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El estado del Estado 03/12/2018

El gobierno del presidente López Obrador comienza, para fines prácticos, el día de hoy. A lo largo de este lunes, todo su equipo de funcionarios estará reunido en lo que será, quizá, la primera reunión formal del gabinete, comenzarán a fluir las instrucciones oficiales y cada uno de los responsables de las secretarías y organismos del Estado conocerán, ya en la operación, a sus equipos.

Las y los nuevos titulares de las secretarías y dependencias, tendrán que iniciar un intenso proceso de diálogo con las organizaciones sindicales, a fin de garantizar que los derechos de sus agremiados se cumplan, y para dar certidumbre a quienes tienen derecho a mantener sus espacios laborales.

La consolidación democrática de nuestro país requiere también la democratización de todas las estructuras de la administración pública, flexibilizar los procesos de toma de decisiones, y garantizar que en el ejercicio del gobierno, la participación ciudadana sea un elemento central.

Por ello, si algo debe cambiar el nuevo gobierno, respecto de las administraciones previas, es considerar siempre la diversidad y la pluralidad política y en general, de visiones que existe en el país.

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Participación y democracia

Nuestra democracia enfrenta una severa crisis de partidos políticos; después del 1º de julio de este año, los que eran antaño los institutos políticos mayoritarios se han desdibujado, no sólo en lo que respecta a su nivel de representación en el Congreso y en la mayoría de los espacios de elección popular, sino ante todo, en su capacidad de generar confianza y representación de las aspiraciones y demandas de la ciudadanía. Frente a ese escenario, las consultas impulsadas por el Presidente electo abren una serie de preguntas que permiten imaginar el futuro posible y deseable en torno a lo que nuestra democracia debe ser

La primera de ellas es cuál es la mejor ruta para pasar de una democracia procedimental, eficaz como la que hemos construido, a otra forma más intensa y profunda, que se sustente en la participación, pero ante todo, en la organización ciudadana y su involucramiento en los asuntos públicos.

El mandato constitucional contenido en el artículo 3º establece que el estado debe impartir una educación de calidad, que promueva a la democracia como: “Un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Hacia allá estamos obligados a avanzar: hacia una nueva etapa de nuestra democracia; que nos permita que se los cuenten de manera eficaz; que los partidos políticos sean genuinos representantes de la pluralidad política y que nos lleve a convertirnos en el país de justicia y dignidad que nos merecemos ser.

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Participación y democracia 26/11/2018

Nuestra democracia enfrenta una severa crisis de partidos políticos; después del 1º de julio de este año, los que eran antaño los institutos políticos mayoritarios se han desdibujado, no sólo en lo que respecta a su nivel de representación en el Congreso y en la mayoría de los espacios de elección popular, sino ante todo, en su capacidad de generar confianza y representación de las aspiraciones y demandas de la ciudadanía. Frente a ese escenario, las consultas impulsadas por el Presidente electo abren una serie de preguntas que permiten imaginar el futuro posible y deseable en torno a lo que nuestra democracia debe ser

La primera de ellas es cuál es la mejor ruta para pasar de una democracia procedimental, eficaz como la que hemos construido, a otra forma más intensa y profunda, que se sustente en la participación, pero ante todo, en la organización ciudadana y su involucramiento en los asuntos públicos.

El mandato constitucional contenido en el artículo 3º establece que el estado debe impartir una educación de calidad, que promueva a la democracia como: “Un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Hacia allá estamos obligados a avanzar: hacia una nueva etapa de nuestra democracia; que nos permita que se los cuenten de manera eficaz; que los partidos políticos sean genuinos representantes de la pluralidad política y que nos lleve a convertirnos en el país de justicia y dignidad que nos merecemos ser.

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El presidente electo y su código 19/11/2018

Hay que reconocer que López Obrador ha desarrollado un proceso de transición inédito en nuestra joven democracia; en los últimos seis meses, en los que ha transcurrido la tercera alternancia en la Presidencia, Andrés Manuel ha construido una forma inédita de ejercer el poder, la cual es completamente ajena a lo que habíamos visto en la historia reciente del país.

En ese sentido, lo que debe asumirse es que el Presidente electo posee una narrativa propia; dispone de un código político que, como todo sistema de signos, debe ser descifrado y comprendido, en su lógica interna y, por supuesto, en lo que significa para el conjunto del Estado mexicano.

Es decir, la credibilidad del discurso de López Obrador enfrenta un severo límite cuando es utilizado o enarbolado por personajes de trayectoria cuestionable y que han abusado de una narrativa desde la cual se asume que la honestidad y legitimidad se adquieren por ósmosis o prácticas discursivas miméticas.

De ahí que si un reto tiene el presidente electo es, con el paso de los meses, hacer explícitos sus supuestos; generar un nuevo diálogo abierto y franco de cara a la ciudadanía y, sobre todo, traducir el discurso de campaña de un movimiento social en una propuesta de gobierno viable y con la capacidad de convocar a todos a un proyecto de país de inclusión, justicia y dignidad para todos.

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Inspectores, ¿sí, no, cuándo y dónde? 12/1/2018

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha planteado que, durante los primeros meses de su administración, se modificará la forma en cómo se llevan a cabo las inspecciones de parte de las autoridades federales. El propósito es eliminar la corrupción que se da cuando algunos funcionarios que verifican el cumplimiento de leyes, normas y reglamentos, extorsionan a los negocios.   

La idea es loable, pero su implementación debe tener matices. La propuesta que ha hecho el presidente electo es que las inspecciones se llevarán a cabo con base en sorteos, pues se confiará en que la ciudadanía cumplirá con sus responsabilidades.

Así, hay otros ámbitos en los que lejos de eliminar la figura de la inspección, ésta debería fortalecerse, como en el caso del trabajo infantil y, particularmente, en el caso de las niñas y niños jornaleros agrícolas, como en casos emblemáticos como San Quintín y Cabo San Lucas, pues de acuerdo con los datos del Inegi, más del 90% de las niñas y niños que trabajan lo hacen en condiciones inapropiadas y prohibidas para su edad.

Así, reconociendo la relevancia de la medida anunciada por el presidente electo, lo que es urgente es determinar en cuáles trámites y áreas es posible transitar hacia un esquema de “sorteo” y en cuáles otros, fortalecer las capacidades de inspección y regulación del Estado, siempre en aras de proteger integralmente los derechos humanos.

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Hablar por nuestros muertos 05/11/2018

El Día de Muertos, ceremonia y celebración, como diría Octavio Paz, también es conmemoración de la vida a favor de una vida en dignidad, una apertura de sentido y posibilidad de todo lo que nos hace mejores, en tanto que seres solidarios y respetuosos de la otredad que somos, todos en soledad y en la vida en común, que es vida social, política y económica.

Y es que la muerte campea no sólo por la violencia homicida —parricida, feminicida, infanticida, fratricida— que nos rodea, sino también la violencia de un mercado voraz que ha antepuesto la obtención de ganancia por sobre todas las cosas, con el complaciente —quizá cómplice— abandono del Estado respecto de los pobres y los vulnerables.

El Inegi nos dice que en el año 2017 fallecieron más de 107 mil personas por diabetes mellitus; más de 130 mil por enfermedades del sistema circulatorio y de manera sorprendente, en 2016 y 2017 las enfermedades del hígado —entre las cuales son mayoritarias las enfermedades hepáticas por alcoholismo—, son ya la cuarta causa de mortalidad en el país.

Los vencidos no lo son únicamente por la violencia del hampa, lo son también los millones que viven en medio de la malnutrición; quienes viven con una salud mental precaria, y por eso abusan del alcohol, el tabaco y otras sustancias, lo son también las niñas y niños a quienes se les niega el derecho a no ser pobres y lo son todas las personas que, por distintas causas son discriminadas y privadas de sus derechos.

Hablar por nuestro muertos es importante, porque de manera implícita es hablar por nosotros que estamos vivos, pero también por los que han de venir porque si el pasado nos marca, en el sentido ya dicho, el futuro no tardará en alcanzarnos, y con él, el ético y justificado reclamo de las nuevas generaciones, por no haber tenido el coraje de pugnar y velar por la memoria, que a final de cuentas, es la memoria de todos.

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Hablar por nuestros muertos

Walter Benjamin tenía una imagen de la historia como un montón de ruinas cuya altura en la modernidad alcanzaba los cielos, como una enorme pila de cráneos y de los cadáveres de los vencidos, una historia que escriben los poderosos, así como los constructores de crematorios y fosas comunes. Para muchos, la visión benjaminiana de la historia suena apocalíptica, pero en nuestro contexto pareciera, además de una crítica del poder, una descripción factual del grotesco espectáculo que atestiguamos en los últimos 10 años: fosas clandestinas, asesinatos por doquier, cuerpos disueltos en ácido, desaparecidos en todo el territorio nacional: un cúmulo de dolor inenarrable y la angustiosa realidad de miles que enfrentan duelos sin cuerpos ante los cuales llorar y despedirse.

Siguiendo con Benjamin, ante la empatía con los victimarios que ha sido construida desde el poder, hay que anteponer la memoria y el recuerdo de los vencidos; y si bien, como lo señaló en algún momento Horkheimer, los muertos han sido, efectivamente, muertos y los vencidos, vencidos, a tal grado que no hay reparación posible, Benjamin reivindicaba, con razón, el esfuerzo porque no sean completamente olvidados y que su recuerdo se mantenga vivo.

Hablar por nuestro muertos es importante, porque de manera implícita es hablar por nosotros que estamos vivos, pero también por los que han de venir porque si el pasado nos marca, en el sentido ya dicho, el futuro no tardará en alcanzarnos, y con él, el ético y justificado reclamo de las nuevas generaciones, por no haber tenido el coraje de pugnar y velar por la memoria, que a final de cuentas, es la memoria de todos.

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El arranque se complica

En nuestro país hay muchas agendas que son urgentes, y con el paso del tiempo, ante la inacción e ineficacia de los gobiernos, en todos sus órdenes y niveles, se complejizan y adquieren dimensiones mayores 

Así, a las cuestiones estructurales como la violencia, la desigualdad, la pobreza y las tendencias de mortalidad evitable, se suman problemáticas que no admiten dilación. En ese sentido, el paso del huracán Willa es uno de los ejemplos que permiten prever un difícil arranque de gobierno para la administración 2018-2024. En Nayarit, varias localidades de Tuxpan quedaron, literalmente, bajo el agua y en Sinaloa las pérdidas económicas fueron igualmente mayúsculas, amén de que Jalisco y Michoacán no están exentos de afectaciones en sus territorios por las torrenciales lluvias que trajo este huracán.

Las estimaciones preliminares en Sinaloa y Nayarit son de, al menos, 200 mil viviendas dañadas; y a ellas se añaden 20 mil familias que aún requieren de apoyos para sus viviendas en la Ciudad de México, y alrededor de 300 mil más en Oaxaca y Chiapas debido a los sismos de 2017. Son cifras mayúsculas y su atención requiere de cuantiosos recursos.

No está de más insistir en un asunto fundamental: el nuevo gobierno debe determinar, y muy rápido, el catálogo de asuntos urgentes en proceso; la lista de prioridades de arranque de la administración, pero, sobre todo, tiene la responsabilidad de informar a la ciudadanía cuál es la nueva visión y el marco de referencia de la nueva lógica de su toma de decisiones. Sobre eso, a un mes de iniciar, todavía tenemos muy poco.

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