Comprender lo que pasa

Todo gobierno tiene el derecho, y también la responsabilidad, de defender su visión del país y, por lo tanto, de las políticas y programas que ejecuta para materializar los grandes  objetivos de desarrollo que se plantea al inicio de su gestión. Desde esa perspectiva no es en sí mismo condenable que una administración publicite intente hacer visible todo aquello que asume que contribuye al desarrollo estructural del país.

Lo que resulta en realidad cuestionable es que cualquier gobierno rechace la crítica, que asuma que otras perspectivas de la realidad constituyen ejercicios de mala fe y ataques, necesariamente, interesados y, peor aún, que ante visiones distintas a las que asume, la respuesta sea la descalificación y el triunfalismo por no logrado.

¿Cómo asumir que la pobreza se reduce, cuando la inflación crece, el ingreso está estancado, la calidad de los servicios empeora, y la infraestructura social, aunque crece en algunas zonas, en otras se encuentra deteriorada? Todo ello además de que no se ha querido asumir el debate en torno a cuáles son los mínimos de bienestar aceptables, bajo los estándares del artículo 1º de la Constitución.

Pensar la complejidad, ofrecer respuestas complejas, y sobre todas las cosas, rechazar explicaciones lineales, le darán al gobierno la posibilidad de conducir apropiadamente un tenso proceso electoral. Pero esto implica ir más allá de la superación momentánea de la coyuntura; y con humildad y serenidad, comprender de verdad lo que pasa; no hacerlo nos hará pagar severas consecuencias y posponer, otra vez, la construcción del país justo e incluyente que merecemos ser.

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