Constitución: instituciones y democracia 04-02-2019

De acuerdo con un autor como Lasalle, la Constitución de un Estado nacional es la síntesis del conjunto de pactos jurídico-políticos de una sociedad; es decir, se trata de un documento no sólo fundante de un pacto político y social, sino además la materialización de un conjunto de valores, principios y mandatos que la sociedad políticamente organizada se da a sí misma.

Desde esta perspectiva -hay que decirlo- la idea de una Constitución moral resulta excesiva, en tanto que nuestra carta magna constituye desde ya un mandato no sólo jurídico-político, sino también ético, en el sentido de que se trata de la síntesis y concreción de un ethos desde el cual se aspira a construir un país de justicia, dignidad y derechos humanos para todos.

Rememorar y conmemorar a la Constitución debe ser un potente motivo de convocatoria a la cohesión social; a compartir nuevamente proyectos y visión de un México justo e incluyente; de un país en el que la garantía de protección de la dignidad de las personas sea una realidad permanente y cotidiana; y de una nación que se encamina hacia una prosperidad generalizada y con transparentes criterios de justicia distributiva.

Nuestra Constitución es el principal referente de unidad e identidad nacional de que disponemos; y de su cumplimiento depende sin duda alguna, que la justicia llegue a todos, todos los días y en todos los lugares.

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