Contra el pragmatismo 29-05-2017

El pragmatismo es una teoría, pero a la vez es una doctrina política en la cual se asume que la mejor manera de juzgar la pertinencia, e incluso la verdad de ciertas decisiones morales, es centrarse en sus efectos prácticos. William James llegó a plantear en ese sentido que “lo verdadero es lo ventajoso”.      Pareciera, en un primer momento, que esta posición permite superar la crítica kantiana a la idea relativa de que “el fin justifica los medios”. Recuérdese que en eso consiste el imperativo categórico: siempre tratar a las personas como fines en sí mismos y jamás como medios. 

Para el pragmatismo este imperativo no siempre resulta útil para una sociedad pues, en ocasiones, es sólo a través de ciertos medios que lo “ventajoso” o “práctico” para una sociedad puede alcanzarse. Así las cosas, hay determinadas situaciones en que el Estado o las instituciones públicas, por ejemplo, deben asumir decisiones que, analizadas de manera aisladas podrían resultar condenables, pero cuyos efectos futuros o posibles, hacen que esa determinación se vuelva aceptable.

La corrupción, la impunidad, la desigualdad, la pobreza y los rezagos sociales, la violencia, las agresiones contra la prensa y la sociedad civil, entre otros males cotidianos, son resultado en buena medida del asentamiento de un pragmatismo cínico en prácticamente todas las esferas del poder; por lo que, en democracia, urge rechazarlos y construir alternativas verdaderamente comprometidas con los derechos humanos.

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