Cuando lo importante es anticlimático 08/10/2018

La discusión pública nacional se ha instalado, en las últimas semanas, en una extraña espiral de espejismos que nos distraen de lo relevante, de lo que es urgente transformar en nuestro país, porque de ello depende literalmente la vida de cientos de miles de personas.    Así, mientras los espacios de los diarios, revistas y portales digitales se llenan con debates en torno a escándalos y bodas, todos los días fallecen en el país alrededor de 780 personas por diabetes, hipertensión y enfermedades alcohólicas del hígado; se trata de 32 casos por hora

Escribirlo de esa manera no es “tremendismo”, antes bien, es azoro ante lo tremendo de las cifras; todas vinculadas a una de las cuestiones centrales del proceso económico en general: el consumo.

Vivimos en una sociedad que vive en los extremos: por un lado, un pequeñísimo segmento de la población consume con un absurdo sentido de desperdicio, y por otro, vastas franjas de la población sufren para adquirir apenas lo necesario por sobrevivir.

La administración del presidente Peña inició reconociendo que la gran deuda de México es el hambre; sin embargo, la llamada “cruzada contra el hambre” no logró sus objetivos. Pero eso no implica que la prioridad marcada deba abandonarse, lo que debe cambiar es la visión, estrategia y programas. Y eso no se construye en unas cuantas semanas.

Urge, pues un diálogo nacional que permita construir una nueva estrategia contra el hambre; una que vaya desde la producción de los alimentos, y llegue incluso hasta cuestiones de salud mental vinculados a los trastornos alimenticios. No hacerlo constituye una renuncia ética; un despropósito que, por supuesto, no será portada en las revistas del corazón.

  Descargar audio (4,4 MiB, 3 hits)