Estado, violencia y trata de personas 31-07-2017

En sus orígenes, la construcción del Estado moderno tuvo como uno de sus propósitos esenciales procesar el conflicto político y social, y traducirlo en decisiones consensadas que permitan vivir de manera civilizada. En las sociedades del siglo XXI, deberíamos exigir que el Estado permita además la plena garantía de los derechos Humanos. Pero estamos muy lejos de ello.

Ayer se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas, un fenómeno que victimiza a millones de personas, sometiéndolas a las peores condiciones de explotación y literalmente de martirio, en las acepciones segunda y tercera que les da el Diccionario de la Lengua Española (DLE): a) dolor o sufrimiento, físico o moral, de gran intensidad; y, b) trabajo largo y muy penoso.

Cuando crece la violencia criminal, al amparo del Estado, desde el cual se permite y prohija la corrupción y la impunidad, se expande la presencia de formas y prácticas delincuenciales de todo tipo: secuestro, extorsión, trata de personas, desaparición forzada, delitos contra la prensa.

Todos ellos son crímenes que provocan la fractura de comunidades enteras; dañan el tejido social; vulneran y corrompen a las instituciones; generan espirales de violencia que provocan dolor, destrucción y muerte; y en el agregado, ponen en tensión la legitimidad del Estado. A eso nos enfrentamos y es preciso, ya, generar nuevas y más eficaces respuestas.

  Descargar audio (8,2 MiB, 5 hits)