La añoranza de un trabajo digno

La importancia de trabajar, lo sabían autores como Hegel, Rousseau y Marx, se encuentra en la posibilidad de tener recursos suficientes para la subsistencia, pero, sobre todo, en la posibilidad de dedicarse a una actividad gratificante emocional y espiritualmente; es decir, la relevancia del trabajo humano es que puede y debe ser liberador de las personas.

Lo que hoy tenemos es la antítesis de tal condición: en nuestras sociedades hay trabajo esclavo, en el peor de los escenarios; y también trabajo explotado, jornadas extenuantes y deshumanizadoras, porque se trata de empleos esclavizantes, no sólo por los niveles salariales y la precariedad en la posición laboral, sino por su carácter mecánico, monótono, enajenante.

Requerimos una economía sustentada en la ética y, con ello, volver a crear empleos, no sólo de calidad por ingresos y prestaciones, sino realmente liberadores y humanizadores.

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