La justicia y las víctimas 09/07/2018

La posibilidad de una muerte digna le ha sido negada a cientos de miles de personas en las últimas dos décadas en nuestro país y hay también cientos de miles de familiares de los fallecidos, que han tenido que enfrentar lo que los expertos llaman el “duelo sin cuerpo”, es decir, tienen que llorar sus ausencias sin poder despedirse de los restos mortales de sus hijos, esposas, esposos, nietos, madres y padres de quienes no se sabe en dónde están

Uno de los derechos inherentes al ser humano, aun cuando no se encuentra escrito como tal en ningún ordenamiento jurídico, es el de la muerte con dignidad. Y eso implica, no sólo tener la atención requerida en la enfermedad, la protección y seguridad necesaria para evitar la muerte violenta, sino también el derecho de los deudos a guardar el duelo y para la persona fallecida la guarda final digna de sus restos. 

No podemos seguir siendo un país donde campea la muerte violenta, donde al pisar no sabemos si estamos encima de una fosa clandestina y donde al caminar por las calles no sabemos en qué momento podemos ser víctimas de la delincuencia, de la común o de la organizada.

A México le urge una nueva era de paz, cimentada en el bienestar y la garantía universal de los derechos humanos. En ese sentido, el reto del nuevo gobierno es mayúsculo, y sólo podrá enfrentarlo a cabalidad en la medida en que pueda construir un nuevo proceso de diálogo, entendimiento y cordialidad.

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