Lejos de la inclusión 21-08-2017

La estructura, modalidades y dinámicas de los hogares tienen una relación compleja y de mutua determinación con respecto a la estructura, modalidades y tipos de relaciones sociales, en lo general. Por un lado, la estructura del mercado obliga a los hogares a tomar decisiones y a establecer arreglos sobre cómo participar, por ejemplo, en el mercado laboral, pero también es la propia dinámica de los hogares la que da sustento a un modo de funcionamiento económico; y esto no siempre con criterios de equidad o justicia distributiva.

En México, nos dice el Inegi a través de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIIREH, 2016), hay 33 millones de viviendas en las que habitan los hogares del país, con la característica de que, en 32 millones de ellas habita un hogar por vivienda; y en 991 mil habitan dos hogares o más.

Ese solo dato nos habla de la compleja dinámica de relaciones al interior de los hogares, pues lo común es que, en las viviendas en las que habitan más hogares, son aquellas en que se presenta, en primer lugar, un mayor hacinamiento y, con éste, una serie de dinámicas de mayor violencia, insuficiencia de servicios y reducción de la calidad de vida.

Lo anterior se vincula con el hecho de que, en la inmensa mayoría de casos, son las mujeres quienes absorben la mayor parte de los quehaceres domésticos no remunerados: 31.8 millones de mujeres declaran que sólo las mujeres realizan esas actividades en sus hogares; 2.4 millones declaran que sólo ellas se dedican al cuidado de sus enfermos; y 21.7 millones hacen solas las compras o trámites para el hogar.

No hay que ir muy lejos en el análisis para llegar a la conclusión evidente: estamos todavía muy lejos de ser una sociedad igualitaria e incluyente; y debe entenderse que ésta sólo se logrará cuando cumplamos, por igual, los derechos de mujeres y hombres.

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