Lo inaceptable de la medición de la pobreza 04-09-2017

En su conferencia sobre la pobreza, dictada en la década de los 40 del siglo pasado, Martin Heidegger le atribuye al poeta Hölderlin, un poema en el que dice: “Entre nosotros sólo reina lo espiritual; hemos llegado a ser pobres, para poder llegar a ser ricos”

A partir de esta idea, Heidegger propone que ser pobre significa no carecer de lo no necesario; es decir, a la dimensión material de la pobreza, Heidegger le añade la idea de que la pobreza es, sobre todo, espiritual: no se engaña, sabe que a quien vive el hambre lo daña y constriñe la contingencia de la carencia, pero sabe que es una tragedia, parafraseándole, que aquellos que sobrevivan a la hambruna lo hagan sólo para seguir comiendo.

Desde esta perspectiva, los resultados de la medición multidimensional de la pobreza que recientemente conocimos, son inaceptables por partida doble. La primera de ellas, es la relativa a la magnitud del número de personas que se encuentran en condiciones de pobreza.

De manera preocupante, nos estamos convirtiendo en un país de derrotas y derrotados. En un país con millones de víctimas de crímenes perpetrados por unos cuantos, que de manera terrorífica amenazan con dejar de ser minorías clandestinas y acotadas.

Debemos volver a una búsqueda de la excelencia: a los ideales de construcción de un país incluyente, decididamente comprometido con los derechos humanos y capaz de colocarse en posiciones irrenunciables de dignidad y de justicia social de alcances universales y, particularmente, para quienes nunca han tenido acceso a ella.

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