Miedo 30-10-2017

El miedo, como condición generalizada en una sociedad, debería ser considerado como uno de los principales indicadores clave sobre el grado de desarrollo democrático e institucional. Si la ciudadanía vive azorada, esto no puede ser resultado, sino de la inacción de los poderes públicos y de la amenaza permanente de la delincuencia. La cuestión puede expresarse de mejor manera si se piensa en dos autores clásicos. El primero de ellos, Thomas Hobbes, aseguraba que el primer deber del Estado se encuentra en evitar que la violencia se apodere de la sociedad y, en esa medida, evitar la muerte prematura y violenta de los ciudadanos

Por su parte, John Locke proponía que el primer derecho civil que debe garantizarse por todo Estado moderno es el de la propiedad privada, es decir, es la garantía sobre la propiedad e integridad del patrimonio, lo que le permite a las sociedades florecer en lo económico y en lo social.

El miedo es la gran constante del país: la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, 2016, estima que en el 42 por ciento de los hogares se vive con preocupación por temor de que la comida se acabara por falta de recursos económicos.

El miedo debería convertirse en una de las variables centrales de las mediciones o estudios del bienestar y la seguridad pública; pues en ese sentimiento se sintetiza el complejo escenario de inseguridad, violencia y literalmente terror que se vive en amplias franjas del territorio nacional.

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