Mujeres, equidad y desarrollo 27-11-2017

¿Cuánto le cuesta a México, desde las aristas civilizatorias, hasta las cuestiones económicas, la desigualdad que persiste entre mujeres y hombres? ¿Cuánto nos cuesta mantener esta violencia estructural, y cuánto más vamos a tardar en romper con los ciclos reproductores del machismo, el sexismo y la discriminación en razón del género?  No conozco ningún estudio reciente respecto del costo económico, que sería el más fácil de cuantificar, derivado de la violencia y desigualdad entre mujeres y hombres. Aún así, es posible afirmar que nuestro país pierde anualmente varios puntos porcentuales del PIB debido a esta situación de inequidad 

Dimensionar lo demás es aún más complejo; ¿cómo comprender y explicar la persistencia del machismo? Don Samuel Ramos, el gran filósofo mexicano, hablaba de una cuestión profunda: al “pelado”, sostenía, tan vacuo espiritualmente hablando, no le queda más opción que asumir los dos peores valores del mexicano: la violencia y el machismo.

Necesitamos avanzar decididamente hacia la construcción de presupuestos con perspectiva de género y perspectiva de derechos de las niñas, niños y adolescentes. Y en esa misma lógica, en la construcción de planes estatales y municipales de desarrollo construidos con perspectiva de derechos humanos, pero con la capacidad de realmente ordenar la acción pública en lo estatal y lo municipal.

Reconciliar al país exige construir relaciones de igualdad, tanto entre hombres y mujeres, como entre las distintas generaciones. Urge en esa lógica, diseñar una estrategia renovada de largo plazo, sustentada en una ética del rostro, es decir, una ética de la otredad que nos permita ver en cada persona un fin en sí mismo y jamás, como lo escribió alguna vez Kant, como un medio para alcanzar algo más allá de la persona misma.

Eliminar la violencia, dicen algunos, es imposible, pero aun en ese escenario, sí es posible construir una sociedad para la paz y la igualdad sustantiva; Islandia, Finlandia, Suecia y Noruega están avanzando en esa ruta, así que no es válido, simplemente, decir que nosotros no podemos, porque tenemos que poder, de otro modo estaremos condenados a ser un país siempre injusto y siempre mutilado en sus capacidades para la paz y la convivencia solidaria y respetuosa de la otredad.

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