No hay desarrollo sin derechos humanos 03-04-2017

El reciente informe del presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) confirma los temores expresados por muchos: vivimos en un país en el que hay un incumplimiento generalizado de nuestros derechos, pues, de acuerdo con su visión, pero también la contenida en otros diagnósticos, todos los días se incumple con los principios de universalidad, integralidad, transversalidad y progresividad mandatados en el artículo 1º de la Constitución.  

Las fosas que aparecen por todos lados y las que seguramente nos faltan, con sumo horror, por descubrir; la pobreza extrema y el hambre que aqueja, sobre todo, a los más vulnerables; la terrible corrupción que sangra y desgarra al sistema institucional; la simulación política y el cinismo de los más poderosos; todo conjura en contra de la posibilidad de un país incluyente y con oportunidades para acceder al bienestar.

No hay espacio para más vacilaciones; para seguir asumiendo que la política es el arte de lo posible. Al contrario, una visión ética del desarrollo debe exigir que la política se convierta en el arte de concretar los consensos requeridos para alcanzar lo necesario, e incluso más allá, para acceder a una lógica de prosperidad permanente.

Eso es, ni más ni menos, lo que nuestro país se merece.

 

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