Para interpretar la narrativa del Presidente 18-02-2019

El discurso y la narrativa que está construyendo Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República es inédita. Frente a sus predecesores, hay dos diferencias radicales. La primera se encuentra en el método empleado para comunicar: en lugar de dar entrevistas exclusivas a medios de comunicación, ha optado por sus conferencias matutinas y por el uso intensivo de canales de comunicación directa, como son las redes sociales, particularmente Facebook y Twitter

Este estilo de comunicar ha transformado lo que podría considerarse como la “dinámica tradicional mediática”, en la que se buscaba la “exclusiva”, y antes bien, de frente a los periodistas y reporteros, el Presidente abre agendas, improvisa y posiciona lo que a él y a su equipo les interesa que sea el centro de la discusión pública.

En eso radica la novedad de la estructura lingüística y narrativa del Presidente: en que a diferencia de sus antecesores, quienes pueden ser categorizados como políticos cuya acción era con arreglos afines, Andrés Manuel López Obrador asume un mandato histórico y moral desde el cual pretende transformar no sólo la vida institucional, sino ética y moral de nuestra sociedad.

Desde esta perspectiva, el Presidente tiene un reto mayor: evitar que su narrativa se convierta en un discurso identitario y excluyente y, en un sentido inverso, aprovechar la enorme popularidad que hoy tiene para promover y liderar un amplio proceso de reforma institucional dirigido a reducir el déficit de estatalidad que hoy caracteriza al Estado mexicano.

Se trata, hay que decirlo, de aprovechar su enorme liderazgo popular, para transformar a México en el Estado de bienestar que está implícito en el contenido de nuestra Carta Magna.

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