Para reconstruir al país 21-05-2018

El próximo Presidente de la República tendrá como principal reto implementar un proceso para reconstruir socialmente al país. Es una tarea de la mayor complejidad, porque implica mucho más que sólo reducir la pobreza e incluso la desigualdad, problemáticas ya de por sí difíciles de resolver.

Quien gane el día primero de julio va a ser el presidente de una nación plural y diversa, que hoy puede caracterizarse por el malestar generalizado, producto de la ausencia del Estado de derecho, de la prevalencia generalizada de la violencia, por el infinito dolor de las víctimas y por las heridas históricas provocadas por la discriminación, el racismo, el clasismo y la división social provocada por la hiperconcentración de la riqueza en unas cuantas manos.

Hay en todo esto un hecho también complejo: Entre el día de la elección y la toma de posesión hay cinco meses de distancia; lo cual va a exigir al actual gobierno una entrega lo más realista posible, a fin de que quien resulte elegido tenga la posibilidad de construir un diagnóstico apropiado sobre las urgencias nacionales, y para tomar las previsiones necesarias para la articulación de su propuesta e incluso, equipo de trabajo.

Asumiendo lo anterior, hay, sin embargo, dos prioridades ineludibles: La primera y más compleja, recobrar la paz y avanzar hacia un proceso de reconciliación nacional; y en segundo término, construir la institucionalidad necesaria para darle viabilidad a una nueva lógica integral de desarrollo.

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