Sin diálogo no es democracia 23-04-2018

Este artículo fue escrito antes de que se llevase a cabo el debate entre los candidatos y la candidata a la Presidencia de la República. La advertencia es oportuna porque el supuesto para escribirlo es que, a pesar de la modificación en el formato, respecto de elecciones presidenciales previas, es difícil pensar que habrá un diálogo serio respecto de las urgencias nacionales.

Lo anterior se debe, sobre todo, a que los debates presidenciales han sido asumidos desde que se incorporaron a la lógica electoral mexicana, como meros eventos de campaña, antes que como un espacio para la deliberación respecto de las prioridades que tenemos como país: Cuál es la visión económica, cuál es la visión social, cuál es la visión que se tiene respecto de la agenda medioambiental y climática, cuál es su postura respecto de la salud

En las democracias representativas contemporáneas, quien gana no puede asumirse como depositario de la totalidad de la voluntad ciudadana. Hoy tenemos el llamado “voto útil” o el “voto de castigo”, los cuales implican que la ciudadanía no necesariamente está de acuerdo con los planteamientos de quien gana, sino que vota por esa opción para evitar a otras que considera más dañinas o menos deseables.

De ahí que quien resulte ganador de la elección tiene que reconocer que es su responsabilidad romper con la lógica de la cerrazón que ha imperado hasta ahora. Por el contrario, la consolidación democrática necesita de apertura, de capacidad de escuchar a los otros y, sobre todo, de construir gobiernos incluyentes de la diferencia. A final de cuentas, al ganar la Presidencia, lo que se gana es el privilegio de servirle a la Nación.

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