Sobre la pobreza y el carácter fetichista del ingreso 11-09-2017

Hay una estrategia en operación desde la que se busca acreditar que la pobreza en México descendió de manera relevante, y que se trata de un logro de las políticas económicas y sociales. Los datos, nos dicen, son incontrovertibles: hay un incremento en el ingreso de los más pobres, y una ampliación importante en la afiliación y acceso a servicios. Aún más, hay intelectuales destacados quienes sostienen, que si nos midiésemos con estándares internacionales, la pobreza en México sería todavía menor a la que el Coneval estimó para el año 2016; asumiendo que los umbrales con los cuales se mide corresponden a una idea amplia de dignidad humana.

Tal aseveración es maligna, en el sentido que le asigna Baudrillard a la noción del mal, la cual consiste: “En el desvío de las cosas respecto de su existencia ‘objetiva’, consiste en su inversión, en su retorno”.

Lo que debe develarse es, precisamente, el carácter fetichista que se le ha dado al ingreso como el principal factor de “liberación” económica, y antes bien, mostrar su carácter maldito cuando es fuente de actividades de explotación y despojo, como ocurre en el caso de los niños jornaleros o trabajadores en minas y ladrilleras.

Ésa es una de las grandes paradojas y fracturas del modelo de desarrollo: hay actividades, aún remuneradoras, que lejos de permitir la movilidad social, condenan a quienes las desarrollan a permanecer en el estrato social en que nacieron y en el que trágicamente, habrán de morir.

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