Tentaciones conservadoras 09-10-2017

El populismo, no debe olvidarse, se practica en todos los espectros de la política. Tanto en las “derechas” como en las “izquierdas” la fórmula es la misma: reducir el lenguaje a propuestas simplonas, dirigidas a lo que una mayoría poco comprometida con los derechos humanos quiere oír y, por otra parte, pactar con intereses fácticos la distribución del poder y de espacios de decisión estratégicos. El populismo, concepto ambiguo, se asume aquí en el sentido del uso de la demagogia como principal instrumento del discurso político, en contraposición de lo que se entiende en otras latitudes, es decir, se asume que una postura “populista (populism, en inglés) es sinónimo de compromiso con la igualdad y la justicia social.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos de América tiene que ver con eso, pero lo peligroso es siempre, en este y otros casos, que una vez al mando están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias sus disparates y balandronadas.

Lo que debe advertirse es que el pensamiento conservador no tiene ideología política, que ha tenido la habilidad y el pragmatismo político para tener acérrimos representantes en todos los partidos políticos, desde los cuales actúan con plena intolerancia, haciendo gala de sus más profundas convicciones racistas, clasistas y en general, discriminatorias.

Lo que la ciudadanía debe ser capaz de hacer es generar importantes costos políticos a esas posiciones; y evitar a toda costa, que el conservadurismo continúe su peligroso avance; en ello nos jugamos nada menos que nuestras libertades.

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