Un despropósito llamado Trump 07-03-16

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Se asume que en democracia todos los discursos tienen el mismo nivel de legitimidad, por ello las libertades de creencia, pensamiento y expresión están garantizadas en el sentido más amplio posible. Hay, sin embargo, una excepción y se encuentra precisamente en el discurso que niega esta posibilidad.

Después del horror que significó el régimen nazi, en Alemania se prohibió por ley la existencia de los partidos fascistas. Y es que, por definición, esta ideología resulta excluyente de todas las demás. Se trata de un discurso que le da la espalda a la posibilidad de la diferencia, en el que los fines justifican cualquier medio y en el cual la lógica de la violencia se impone como método de disuasión a quienes estén en desacuerdo.

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