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Polarización, esperanza y desencanto

El fin de semana pasado, Gabriel Zaid fue ‘trending topic’ en Twitter. De él se pueden considerar muchas cosas, menos que no sea uno de los más relevantes intelectuales de México en los últimos 50 años 


El Voto de AMLO cropped

La razón de su fama indeseada —no da entrevistas ni en radio ni en televisión, pues asumió desde hace décadas ser conocido, si acaso, a través de sus libros— fue su artículo titulado AMLO poeta, en el que califica al candidato López Obrador como un poeta del insulto.

Los insultos en la red en contra de Zaid no se hicieron esperar; desde los más ignorantes que preguntaban: “¿quién es Gabriel Zaid?”, hasta quienes lo acusaron de haber rebajado su estatura intelectual a “argumentos de mercado”.

Este caso es una de las mejores muestras de la polarización que se ha generado en esta campaña, y obligan a que, quien gane la Presidencia el próximo 1º de julio, asuma seriamente la compleja tarea de reconciliar al país; pero eso no puede hacerse desde dicotomías entre los fifís y los pirrurris, o entre la gente bien y la chairiza.

Pensar así constituye renunciar a una vocación auténticamente democrática, pues en un pensamiento excluyente no hay espacio para el diálogo, la tolerancia y el respeto genuino a los Otros (con mayúscula).

En este contexto, es pertinente destacar el caso de la Selección Mexicana de Futbol: es impresionante observar la capacidad cohesionadora de un logro atribuido al país… Y es que son tan pocas las cosas que hoy nos unen, que hay una auténtica avidez respecto de cosas que nos convoquen a la acción común.

Debe recordarse que en el año 2000 se dio la primera alternancia en la Presidencia de la República en nuestro país; las expectativas generadas fueron enormes y el desencanto inversamente proporcional frente al fracaso del gobierno de Fox.

En el 2012 se generaron nuevamente muy altas expectativas, y hoy estamos ante el desencanto por la violencia generalizada y por los resultados que se obtuvieron en lo económico y lo social.

En esta elección, las propuestas planteadas por los candidatos, nuevamente, han prometido cosas irrealizables y, parte del problema es que a lo largo de estos meses, ninguno de los candidatos ha planteado diagnósticos precisos en torno a los problemas estructurales que, o resolvemos, o nos mantendrán como un país situado permanentemente en la medianía.

Hasta ahora, ninguna de las candidaturas ha tenido como virtud la convocatoria a un nuevo diálogo nacional para construir no sólo una nueva y legítima narrativa en torno a nuestras prioridades, así como para integrar la pluralidad de visiones que nos caracterizan, y que deben formar parte del nuevo programa de gobierno, gane quien gane.

¿Cómo se pueden generar consensos, luego de que en la campaña los candidatos se han acusado de corrupción, de ineptitud, de ignorancia y hasta de vínculos con indeseados delincuentes?, ¿cómo enviar así un mensaje de cordialidad creíble y de reconciliación posible?

México puede volver a crecer con equidad; desde un nuevo estilo de desarrollo, revertir los efectos del cambio climático y proteger la biodiversidad; erradicar el trabajo infantil, y construir una nueva política de desarrollo centrada en el trabajo digno; podemos recuperar la paz… Empero, lograrlo necesita diálogo, tolerancia, verdad; sin eso será imposible cambiar: las expectativas se vendrán rápidamente abajo y el desencanto será mayor.

Vienen días intensos y el INE y el TEPJF tendrán que poner las bases de todo lo aquí dicho, garantizando la mayor transparencia, equidad y justicia, nuestro presente y futuro democrático depende en buena medida de que estas instancias se consoliden como pilares de la nueva democracia que estamos obligados a construir entre todos.

Twitter: @MarioLFuentes1

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