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Reconstruyamos México

por Guillermo Andrés Aguirre Aguilar

CintilloEspecialFebrero

La corrupción y su tolerancia se observan en gran parte del cuerpo social, pero, sin duda, se acrecientan en aquellos medios y materias que tienen que ver con la seguridad pública, la procuración y administración de justicia, y, por supuesto, el ámbito relativo a la ejecución penal


Tan inaceptable es que desde el interior de las cárceles se organicen y operen delitos, como lo es el régimen de autogobiernos y cogobiernos de los centros penitenciarios, que, de acuerdo con el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2012, del que dio cuenta el año pasado el Dr. Raúl Plascencia Villanueva, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, ha ido en aumento respecto de 2011, lo que representa una muestra de la debilidad institucional y de gobierno por parte de las autoridades responsables, en un entorno, como lo hemos mencionado, de fomento y tolerancia a la corrupción en este tipo de espacios.

El repudio, la estigmatización y el desprecio social hacia todo lo que tiene que ver con las personas que cometen delitos y están en prisión se incrementa ante el embate cotidiano de la delincuencia y la ineficacia para combatir y prevenir los delitos, lo que provoca que las prisiones estén alejadas del ojo público y de la fiscalización y monitoreo de las autoridades administrativas encargadas de la fiscalización de los recursos y el ejercicio del gasto, dejando amplios espacios para la corrupción e impunidad, generadoras de una enquistada subcultura burocrática y penitenciaria de extorsión, violencia y desatención, que se traducen en condiciones de riesgo y maltrato para gran parte de la población penitenciaria y que implican violaciones a los derechos humanos de los internos y personas que los visitan.

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El Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria de la CNDH resulta ser una especie de fotografía de lo que sucede en las prisiones al momento de las visitas. Deseo que en 2014 el panorama de los centros penitenciarios cambie de manera significativa, por eso hago votos para que no sólo en las prisiones, sino en todos los ámbitos de la vida nacional se trabaje en una renovada y verdadera cultura de combate a la corrupción y a la tolerancia de autoridades y sociedad ante ella, por medio de una verdadera cruzada para combatir también sus efectos más inmediatos y perniciosos: el abuso y la impunidad. Por eso y por el bien de todos:

¡Alto a la corrupción!

Los abusos y actos de corrupción realizados en las dependencias y entidades públicas de nuestro país, en los organismos descentralizados y en empresas paraestatales, han significado el enriquecimiento de innumerables servidores y ex servidores públicos, quienes han amasado enormes fortunas en su paso por la administración o el servicio público, permitiendo a un buen número de ellos constituir empresas o asociarse con ellas.

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Asimismo, hay empresarios que nunca han sido servidores públicos y se han visto “seducidos” por servidores públicos en sus relaciones comerciales, o bien francamente se les ha “presionado” para la asignación de tal o cuál contrato u obra, a cambio de dinero o porcentajes sobre el monto de los mismos, etcétera; de igual forma, está aquel “sector mixto” entre empresarios y ex servidores públicos, o bien, personas o familiares cercanos a éstos, muy vivos también, que a través del tráfico de influencias han podido desarrollar verdaderos “emporios” virtuales de gran éxito lucrativo.

Todos somos corresponsables

Esa permisividad, esa tolerancia hacia la corrupción y el abuso; esa ley del más fuerte o el más influyente, el más “vivo”, ha llevado a la acuñación de frases y refranes populares como “el que no transa no avanza”; “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”; “la mordida y los mordelones”, y muchas expresiones más que son parte de la cultura popular y una referencia social muy particular entre los mexicanos, y que tienen sin duda orígenes remotos, pero no por ello justificables o aceptables.

Hoy día hemos caído en un enorme embudo, y nuestro país, algún día con sus grandes “riquezas” e “inagotables” recursos, ha venido sufriendo mermas importantes, y lo que fue la “gran gallina de los huevos de oro”, se encuentra en los umbrales de una amarga agonía. Si no actuamos todos de inmediato, habremos de ser testigos de su terrible extinción, junto a la nuestra y la de nuestras familias, seguramente a manos de la delincuencia y el resquebrajamiento mayor del tejido social derivado de las condiciones de miseria y pobreza de millones de personas en nuestro país, sin permitirnos acceder al México que de verdad nos merecemos todos, y romper con las enormes desigualdades que nos caracterizan como nación.

Con los índices de corrupción prevaleciente, la falta de conciencia y compromiso social, así como visión de Estado por parte de la mayoría de los funcionarios públicos de este país, ninguna política pública será eficaz. Tienen que generarse verdaderos y eficientes controles y supervisión de la gestión pública y la transparencia que inhiban y combatan estás abusivas e indebidas prácticas.

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Esto tiene que ser materia del lanzamiento de un nuevo y agresivo programa que encabece (y en el que necesariamente participe) el Jefe del Ejecutivo, con los gobernadores de los estados y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, así como los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, denominado “Alto a la Corrupción, Reedifiquemos México”, donde no sólo se incluyan las fuerzas políticas, sino las fuerzas empresariales y los organismos de la sociedad civil organizada, pero, sobre todo, los ciudadanos de este país y las personas que en él habitan, pasando por las escuelas y medios de comunicación. Tenemos que ser capaces de construir una nueva cultura cívica de México y la ética de todos.

Una verdadera cruzada nacional para combatir la corrupción y su tolerancia, que incuba abusos e impunidad. No debemos olvidar que la impunidad vulnera los derechos de las víctimas y potencializa y extiende el peligro para todos los demás, como ya se ha mencionado. La impunidad invita y alienta la repetición de los delitos y de prácticas indebidas, por eso es preciso y urgente combatirla con la mayor energía.

Esta cruzada nacional tiene que provocar de manera práctica que los principios de legalidad y seguridad jurídica sean los que rijan en todo momento los parámetros de actuación de los servidores públicos, así como el rumbo de todas las instituciones; pero también del respeto y observancia de la ley por cada uno de los integrantes de la sociedad.

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Que nadie y por ningún motivo se exceptúe del cabal acatamiento de las normas y de las reglas, empezando por las más básicas, como un reglamento de tránsito o buen gobierno. Que todos y a todos nos exijamos y nos exijan el cumplimiento cabal de nuestras obligaciones, empezando por la familia y la escuela. Ahí encontraremos el verdadero cambio; ahí el inicio de la lucha contra la desigualdad y el privilegio; ahí el inicio de la verdadera revolución del siglo XXI que el México de hoy demanda para lograr una verdadera justicia e igualdad entre todos los mexicanos para que, como lo dijo el Caudillo José María Morelos, y se evoca frecuentemente, las diferencias entre nosotros las hagan sólo “el vicio o la virtud”.

Que nadie se exalte ni se sienta incómodo

Reconozcamos la corrupción y su tolerancia como una mancha en nuestro rostro; como el oncólogo encuentra enferma a una persona, y tratemos sus efectos, como son el abuso y la impunidad, con la inmediatez y urgencia que se debe atender el cáncer para que no se propague más. Combatamos esta grave afección con el aplomo y la fortaleza requerida, pero también con la humildad necesaria para enfrentar el tratamiento, para que una vez sanada esta seria enfermedad social, con la sensatez y el optimismo de su cura, celebremos todos el inicio de una nueva etapa: la del México que merecemos.•

AAguirre

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