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Teresa de Jesús o la ruptura del discurso de la herejía

Teresa de Jesús o la ruptura del discurso de la herejía

La obra de Teresa de Ávila es disruptiva y subversiva. Se convierte en una constructora de teología, en un mundo dominado por hombres, donde las mujeres tenían prohibido hablar de asuntos públicos, de leer y menos aún, de escribir, pretendiendo tener alguna autoridad e influencia sobre el pensamiento cristiano en general.


Sigue al autor en Twitter: @saul_arellano

Teresa de Jesús está en la lista de personas santas de la Iglesia católica. Puede considerarse, como elemento de contexto, que históricamente fue contemporánea de Giordano Bruno, otro clérigo que enfrentó a la inquisición católica, y que, a diferencia de Teresa de Ávila, fue quemado vivo en la hoguera acusado de herejía y de atentar en contra de los dogmas de esta fe. Se trata de una época de rupturas y de construcción de un nuevo orden del discurso en Occidente, en el que, a decir del filósofo Habermas, se está cimentando un nuevo discurso filosófico: el de la modernidad, en el que entran en choque abierto modernidad y tradición.

En el caso de Teresa de Ávila, lo que se encuentra es una ruptura con el orden discursivo dominante en su época, en al menos dos dimensiones: 1) la teológica y 2) la histórico-institucional. En el primer caso, la ruptura se encuentra en la construcción de un lenguaje que busca literalmente “encarnar al espíritu”, y la segunda, en la vocación contestataria respecto de la autoridad, como argumento de legalidad del saber.

Resulta interesante observar que al inicio de su texto más difundido, El Libro de la Vida, refiere quiénes son su madre y su padre. De este último destaca sobre todo la virtud teologal más relevante en varios textos bíblicos: la caridad y la vocación de ayuda a los pobres y menesterosos, temática que desde el Deuteronomio hasta los evangelios es reconocida en la exégesis bíblica como ancla fundamental de la visión cristiana del mundo, pues la caridad es considerada como “la reina de las virtudes”

La construcción de un nuevo lenguaje tendiente al misticismo, expresado en la búsqueda de la conjunción entre el verbo y la carne se encuentra plasmado en el numeral 1 del capítulo 10. Uno de los pasajes más sublimes del Libro de la Vida, y que de hecho da pie para convertirse en uno de los temas centrales en la representación del proceso inquisitorial que se le pretendió imponer a Teresa de Ávila, en la película que lleva por título, precisamente, el de Teresa.

Lo que dice el libro, de manera literal, es lo siguiente: “Tenía yo algunas veces, como he dicho, aunque con mucha brevedad pasaba, comienzo de lo que ahora diré: acaecíame en esta representación que hacía de ponerme cabe Cristo, que he dicho, y aun algunas veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en El. Esto no era manera de visión; creo lo llaman mística teología”.[1]

          En el filme Teresa (2015), la frase “Yo toda engolfada en Él” genera el escándalo en el inquisidor, quien condena la violación teologal implícita en esta frase, pues atenta en contra de la corriente que defiende la estricta presencia espiritual de Cristo, como encarnación de dios, en el mundo. Peor más aún, el filme todo se construye sobre la narrativa de la autoridad masculina sobre la mujer, mediante la reiteración constante, precisamente de los llamados “padres de la Iglesia”, como fuente de conocimiento irrefutable, y como fundamento filosófico inamovible de la pretendida superioridad del hombre sobre la mujer.

          Hay en el Libro de la vida una narrativa, que si bien es fruto de una larga tradición teologal, también poderosos elementos fruto del Renacimiento y el impulso y renovación que éste provoca en la visión católica del mundo; uno de ellos, quizá entre los más notables, es el relativo a la noción del cuerpo como el terreno de la lucha en que el Demonio busca la perdición del alma. Desde esta perspectiva, la visión mística del mundo, es al mismo tiempo una nueva forma de construir una propuesta salvífica y una estrategia de elusión del pecado, pues en la sublimación del verbo, lo que se encuentra es también la sublimación de las virtudes cristianas.

          La propia obra de Teresa de Ávila es en sí misma disruptiva y subversiva. Se convierte en una constructora de teología, en un mundo dominado predominantemente por hombres y donde las mujeres tenían prohibido hablar públicamente de asuntos públicos; y sobre todo, de leer y menos aún, de escribir pretendiendo tener alguna autoridad e influencia sobre el pensamiento cristiano en general. De esta forma, aunque deficientemente logrado en el filme Teresa, este es uno de los núcleos más relevantes: destacar la defensa que hace Teresa de Ávila respecto de la dignidad e igualdad ontológica entre mujeres y hombres. En el Libro de la Vida, Teresa de Ávila de una “estocada de ironía” que podría sintetizar su visión de una iglesia regida absurdamente, de manera exclusiva por hombres: “¡Bendito seáis vos, Señor, que tan inhábil y sin provecho me hicisteis! Mas aláboos muy mucho, porque despertáis a tantos que nos despierten. Había de ser muy continua nuestra oración por estos que nos dan luz. ¿Qué seríamos sin ellos entre tan grandes tempestades como ahora tiene la Iglesia? Si algunos ha habido ruines, más resplandecerán los buenos. Plega al Señor los tenga de su mano y los ayude para que nos ayuden, amén”.  

Es importante subrayar que los distintos intentos de desacreditar la obra de Teresa de Ávila ante el llamado “Santo Oficio”, revelan la magnitud de la disputa teológica y discursiva que se desarrollaba en la época, y que alcanzará al otro místico, San Juan de la Cruz, quien igualmente sería acusado de prácticas heterodoxas del catolicismo.

          En Teresa de Ávila se encuentran poderosos elementos de ruptura moderna -en el sentido filosófico del término-, a la par que una visión propia de su tiempo, plegada a la tradición y a la autoridad. Con todo, su obra es un monumento a la capacidad disruptiva del lenguaje, cuando éste es creado y recreado y llevado a los más elevados umbrales de la mística, porque en ella, si bien se expresa una epifanía, también en ella se cifra una unión carnal y espiritual, de plena libertad, que es a su vez, fundante de otras libertades.

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[1] Teresa de Jesús, El libro de la vida, p. 52. Texto disponible en versión electrónica en: http://www.santateresadejesus.com/wp-content/uploads/Libro-de-la-Vida.pdf

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