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Trump, espejo sacrificial de los demócratas

Trump, espejo sacrificial de los demócratas

Para entender el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, debemos partir del hecho de que no está jugando con las reglas de la política, sino con las de la marca. No hay precedentes de este fenómeno; se trata de un modelo nuevo para la política y muy reciente para los negocios


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En 2001 comenzó en Italia el ascenso de Silvio Berlusconi. Dado que los políticos estaban muy desprestigiados, había que hacer una plataforma que no pareciera “política” y utilizó a su equipo de futbol, el Milán. Los comités de apoyo se construían desde la industria del entretenimiento y no desde los comités de los partidos. Berlusconi luchaba por el poder, pero “no era un político”, lo cual lo distinguía radicalmente de los demás candidatos.

Los negocios, hasta los años noventa, simplemente rociaban y rociaban de publicidad a los clientes, pero estas “cucarachas” se hicieron cada vez más resistentes al DDT. Se tuvo entonces que inventar un marketing más ambicioso. Así fue como Phil Knight, presidente ejecutivo de Nike afirmó “No somos una empresa de zapatos, promovemos la idea de trascendencia a través del deporte”. Starbucks ya no era una cafetería, sino una comunidad y Disney una familia.

En los años ochenta Trump era un magnate más de la industria de la construcción. Pero todo cambió con su programa The Apprentice. Se percató de que podía entrar en el mundo de las súpermarcas. No se trataba ya de construir un edificio o de comprarlo, sino de construir el nombre Trump, venderlo y alquilarlo en diferentes formas: agua Trump, Universidad Trump, edificios Trump. “Ninguno de estos negocios es de la Organización Trump, pero recibe millones de dólares de estos desarrolladores por el privilegio de poner el nombre de Trump” (Naomi Klein, Democracy Now!, 18/09/2017).

¿Por qué el no político Trump fue tan atractivo para millones de votantes? En parte, porque la candidata demócrata a la presidencia ofrecía más de lo mismo, un tipo de política que millones de personas desprecian y que ha fomentado la desigualdad. El modelo que comenzó Richard Nixon, consolidado con Ronald Reagan en los ochenta, ha sido retomado una y otra vez por las administraciones de Bush, Clinton, Bush y Obama, prácticamente sin ninguna variación.

Es interesante preguntarnos cómo el proyecto económico de los republicanos se volvió en EL proyecto económico de Estados Unidos. Morris Berman ofrece la respuesta:

El mismo año en que Nixon derogó a Bretton Woods, 1971, Fred Dutton, un influyente demócrata de Washington, publicó Changing Sources of Power, un manifiesto. Decía que ya era hora de que el Partido Demócrata se olvidara de la clase obrera. Esta no era, según Dutton, su base electoral. Era más conveniente cortejar a los trabajadores de cuello blanco, a quienes cuentan con educación universitaria. Invitaba a sus compañeros de partido a olvidarse de las cuestiones económicas (…). Esta fue la ideología (…) de los New Democrats, que repudiaban su base tradicional y el New Deal de Roosevelt, que había proporcionado una red de seguridad para esa base (Morris Berman, “Finally, the Class War Is Out in the Open; or Why Trump Won the Election”, Blog de Morris Berman, 30/04/2017).

Trump y sus partidarios comprendieron que Hillary Clinton iba a cortejar a la gente elegante, no a la gente que el neoliberalismo había hecho sufrir. El resultado: 53% de las mujeres blancas votaron por Trump.

¿Sin el New Deal, qué ideología adoptaron los demócratas? La de lo políticamente correcto. Con Obama esta ideología se volvió “virulenta victimocracia”, “intolerante aún a la oposición verbal” (Eric Gans, “Obama and Fukuyama”, Anthropoetics, 26/12/2016). Trump, por el contrario:

Fue el primer candidato político definido por […] su inmunidad a la victimocracia […] El universo del pensamiento victimario es aquel en el que se evitan, en la medida de lo posible, evaluaciones comparativas de cualquier tipo […]. Es mejor no contar los puntos cuando se juega un deporte. Por el contrario, los reality shows ofrecen a sus espectadores el descarado placer vicario de participar en repetidas ceremonias de exclusión en las que el ganador final es […] la última persona en pie. El Sobreviviente es quien logra expulsar sucesivamente a los demás de la tribu. El “efecto sacrificio” fue radicalmente sensato en The Apprentice, donde un solo individuo era responsable del fatal You’re fired! (Eric Gans, “The Real Donald Trump”, Anthropoetics, 28/05/2016,)

Y todo esto ocurría mientras los demócratas estaban preocupados por el lenguaje y por:

[…] la clase de cosas que no sólo no podían hacer nada para mejorar la condición de la clase obrera, sino que en realidad eran ofensivas para esa clase. Dios no permita que se digan chicas en vez de mujeres o negros en lugar de afroamericanos, o que cuenten una broma étnica. Los proyectos de izquierda consistían ahora en reescribir las obras de grandes autores como Mark Twain, para que sus textos del siglo XIX no ofendieran a los oídos contemporáneos[…] Mientras la clase obrera y la clase media se encontraban enfrentadas a problemas reales -la escasez de trabajo, de viviendas, dinero…- la élite liberal chic estaba preocupada por quién tiene el derecho legal de usar baños transgéneros (Morris Berman, “Finally, the Class War Is Out”).

Hillary Clinton atacaba a Trump en los debates por ser políticamente incorrecto, cuando fue precisamente eso lo que millones veían como su virtud. La demócrata llamó a los seguidores de Trump “canasta de deplorables”, y esto confirmaba justamente la idea de que los demócratas estaban muy lejos de ellos.

Recientemente Mark Lila ha publicado un texto sobre la política en Estados Unidos, en donde cita a un influyente republicano: “mientras nuestros enemigos sigan hablando de identidad y nosotros de nacionalismo económico, seguiremos ganando elecciones”. Pero cabe preguntarnos hasta cuándo la base de los republicanos se percatará de que tampoco el proyecto de Trump ofrece una visión diferente de las cosa que más importa, es decir, la economía.

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