Agresores sexuales. Imagen generada con Ai
El fenómeno de las agresiones sexuales en espacios públicos es un problema crítico en México, que afecta a mujeres, niñas y niños de manera desproporcionada. Para abordar este problema desde una perspectiva sociológica y psicológica, es necesario comprender los factores psicopatológicos que subyacen en los agresores sexuales. Además, los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelan una tendencia creciente en los delitos contra la libertad y la seguridad sexual entre 2015 y 2024.
Un Artículo de: México social / Redacción
Los agresores sexuales presentan una heterogeneidad en sus características, lo que hace difícil establecer un perfil único. Algunos estudios sugieren que una parte de estos individuos sufre trastornos mentales o psicológicos, como rasgos de trastorno antisocial, impulsividad elevada, o ausencia de empatía, factores que contribuyen a su comportamiento violento (ResearchGate, 2024; e-Eguzkilore, 2017). Sin embargo, otros agresores no necesariamente presentan patologías severas, sino que su conducta se alinea más con patrones de dominación y control sobre sus víctimas, derivados de creencias culturales patriarcales que naturalizan la violencia de género (Ceballos-Espinoza, 2019).
Un enfoque relevante en la criminología sugiere que los agresores suelen haber sido víctimas de abuso o maltrato durante su infancia, reproduciendo estos patrones en la vida adulta como un intento de dominar sus propias experiencias traumáticas (Beech & Ward, 2004). Además, la motivación de la agresión puede incluir elementos sexuales y no sexuales, como la necesidad de infligir miedo o reafirmar su poder (Bibliopsiquis, 2024).
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Entre 2015 y 2024, los delitos contra la libertad y la seguridad sexual han mostrado una tendencia al alza. Los reportes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que solo en 2023 se registraron más de 50,000 delitos de este tipo, siendo el acoso y los abusos sexuales en espacios públicos los más denunciados. Sin embargo, la cifra negra sigue siendo alta, ya que muchos casos no se denuncian por miedo a represalias o desconfianza en las autoridades (SESNSP, 2024; INEGI, 2024).
Para reducir el riesgo de agresiones sexuales en la vía pública, es crucial implementar medidas de seguridad tanto individuales como colectivas. Entre las recomendaciones más efectivas se encuentra:
a) evitar zonas poco iluminadas o con baja afluencia de personas durante la noche; b) planificar rutas seguras; c) compartir la ubicación en tiempo real con familiares o amigos. d) además, el uso de aplicaciones móviles de emergencia, como 911 CDMX o No Más, puede facilitar una respuesta rápida ante una situación de peligro.
También es recomendable mantenerse alerta, evitar el uso de audífonos a alto volumen y confiar en la intuición: si un entorno genera incomodidad, lo mejor es cambiar de dirección o buscar ayuda en un establecimiento concurrido.
Desde una perspectiva de seguridad urbana, es fundamental que las autoridades refuercen la presencia policial en zonas de alto riesgo y mejoren la infraestructura pública con mayor iluminación y cámaras de videovigilancia. El urbanismo con perspectiva de género ha demostrado ser una estrategia eficaz para reducir la violencia sexual en las ciudades, al promover espacios más seguros y accesibles para todas las personas. Asimismo, la denuncia inmediata de cualquier incidente contribuye a la identificación de agresores y a la construcción de datos precisos sobre la incidencia delictiva, facilitando el diseño de políticas públicas más efectivas.
El análisis psicopatológico de los agresores sexuales en México revela también la influencia de factores estructurales y culturales. La cultura machista y las desigualdades de género contribuyen a la normalización de la violencia sexual, especialmente en entornos urbanos. Las agresiones sexuales en espacios públicos no solo causan daño directo a las víctimas, sino que erosionan la confianza en la convivencia urbana y afectan la libertad de movimiento de las mujeres (ResearchGate, 2024).
Abordar la psicopatología de los agresores sexuales en México requiere una intervención integral que incluya no solo la evaluación psicológica, sino también políticas públicas orientadas a la prevención, reeducación y cambio cultural. La comprensión de los factores individuales y sociales que contribuyen a estas conductas permitirá desarrollar estrategias más efectivas para reducir la incidencia de estos delitos.
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